En el marco de la Jornada Leer en comunidad, compartí una hermosa experiencia literaria junto a las infancias, las familias y el equipo del Jardín de Infantes N°903 Sargento 1° Aviador Militar Segundo Gómez - El Palomar, Morón.
Durante ambos turnos, las historias fueron llegando de distintas maneras. Nos encontramos con Risitus, Escobacha, Historias enrolladas, Rosi en el mar de juegos y Francis y un nuevo vuelo, obras que forman parte de mi universo literario y que también pueden continuar descubriéndose en la Bibliomediateca Digital.
Pero esta vez los relatos no quedaron solamente en las páginas. Los niños y las niñas pudieron encontrarse con sus personajes, reconocer escenas, formular preguntas, anticipar, imaginar, jugar con las palabras y participar de propuestas que enlazaron literatura, expresión y canciones.
La participación de las familias amplió aún más la experiencia. La literatura circuló entre generaciones, sumando voces, miradas, recuerdos y afectos a una jornada en la que leer también significó encontrarse.
Hubo escucha, curiosidad, risas, intervenciones espontáneas y esa capacidad extraordinaria de las infancias para transformar una propuesta en una experiencia propia.
Porque leer también puede ser eso: entrar en una historia, habitarla por un rato y permitir que algo de ella siga acompañándonos después.
Quiero agradecer especialmente a Inés, directora, y Paola, vicedirectora, por invitarme y abrir las puertas del Jardín y acompañar la propuesta con tanta calidez.
También a las docentes Brenda, Naty, Gisela, Flor, Marian, Silvi, Inés, Pao, Cynthia, Caro, Cari, Giselle, Lore R y Lore P. A los auxiliares Facundo, Patri, Sheila y Patry, por la presencia, disposición y compromiso durante cada momento de la jornada.
Mi reconocimiento también a los auxiliares Facundo, Patri, Sheila y Patry, cuyo trabajo cotidiano sostiene tantos de los encuentros que hacen posible la vida del Jardín.
Y, por supuesto, a las infancias y familias, que se sumaron con entusiasmo y ayudaron a convertir la experiencia en una verdadera celebración comunitaria de la lectura.
Me llevo también la belleza de su patio: la arboleda, la huerta, los juegos, los antiguos caballitos donados de una calesita y una higuera nacida de un plantín proveniente de la casa de Domingo F. Sarmiento, que viajó desde San Juan hasta El Palomar.
Un espacio en el que memoria, naturaleza, juego y educación parecen conversar.
Tal vez por eso, mientras recorría el Jardín, pensé en algo sencillo y verdadero: cuando la niñez te aflora, volvés a mirar el mundo con asombro.
Hay jornadas en las que una lleva historias. Y regresa con muchas otras.


