miércoles, septiembre 2

Intensificar la enseñanza desde el vínculo y el contexto

Hoy tuve la oportunidad de acompañar a la directora del CIIE y a los Equipos Técnicos Regionales en un ateneo sobre intensificación de la enseñanza en el Nivel Secundario.

La jornada permitió conocer y poner en diálogo ocho experiencias desarrolladas desde distintos formatos y dispositivos. Participaron equipos de supervisión, inspectores, ETR y docentes de diferentes áreas: Ciencias Naturales, Ciencias Sociales, Matemática y Ciudadanía, tanto de gestión estatal como privada.

Mientras escuchaba las propuestas, una idea se fue reafirmando con fuerza: intensificar la enseñanza no necesariamente significa hacer más.

A veces, intensificar es volver a mirar.

Mirar nuevamente una trayectoria, un grupo, una dificultad, una posibilidad. Leer el contexto con mayor detenimiento y encontrar otras maneras de acercar el conocimiento.

Las experiencias compartidas mostraron especialmente el valor de la comunicación, el vínculo y la lectura situada del contexto como condiciones para que la enseñanza pueda encontrar nuevos caminos.

Intensificar puede significar intervenir mejor: con mayor precisión pedagógica, articulación, creatividad y presencia.

Entre las exposiciones, una expresión quedó especialmente resonando en mí: la soledad pedagógica.

Durante el intervalo, mientras se compartían infusiones y algunas delicias reposteras, me detuve a observar la escena. En un grupo de alrededor de cincuenta personas, la mayoría se encontraba conversando en pequeños grupos de tres, cuatro o cinco docentes. Solo unas pocas permanecían individualmente, concentradas en el celular o escribiendo.

Aquella imagen sencilla decía mucho.

Había necesidad de conversar, de intercambiar experiencias, de preguntar, de escuchar otras miradas. Y al finalizar la jornada, los numerosos interrogantes e inquietudes que surgieron terminaron de confirmarlo.

En medio de la vorágine educativa cotidiana, estos espacios resultan necesarios porque permiten detenerse, encontrarse y pensar con otros. Tal vez una de las formas de enfrentar la soledad pedagógica sea justamente esa: generar condiciones para que la práctica pueda ser conversada, revisada y sostenida colectivamente.

Desde mi propia experiencia, pude reconocer en algunas propuestas formas de trabajo que también he transitado desde otros lenguajes y dispositivos: la lectulúdica, los podcasts, las trivias, los periódicos y otros recursos que permiten volver sobre un contenido desde nuevas puertas de entrada.

Y allí apareció también un aprendizaje personal: muchas veces una práctica comienza antes de que conozcamos el término que luego permite nombrarla.

Participar de estos espacios amplía la mirada, posibilita comprender mejor los dispositivos que circulan en el sistema educativo y al mismo tiempo, reafirma convicciones construidas en la práctica.

Me llevo de esta jornada una certeza sencilla: intensificar la enseñanza no es apresurar el aprendizaje, sino multiplicar las posibilidades para que ese encuentro suceda Y también construir trabajo en equipo.

Ateneo_ CIIE_ relato_ Viviana Vélez



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