lunes, agosto 10

El recorrido ajeno

 

Recorrido_ ajeno_ Viviana _Velez










A veces una escena sencilla puede abrir una pregunta profunda.

Una persona sube a un colectivo convencida de que la llevará hacia su destino. Avanza hasta llegar a una gran rotonda. Desde allí, algo en el paisaje le hace advertir que el recorrido tomó otra dirección e inmediatamente consulta a otra pasajera.

La respuesta confirma la sospecha: deberá bajar, orientarse y encontrar la manera de regresar. Afuera, el entorno se vuelve incierto.

Y allí aparece una posibilidad muy humana: comenzar a preocuparse por cada paso siguiente, anticipar soluciones, calcular tiempos, imaginar dificultades. Un combo de stress 

Sin embargo, también existe otra respuesta.

Detenerse, observar y preguntarse cuánto de esa situación merece realmente nuestra atención. Porque en la vida cotidiana también subimos, a veces casi sin darnos cuenta, a recorridos que pertenecen a otros.

Una decisión ajena, un conflicto cercano o una preocupación compartida.

Una situación sobre la que apenas tenemos margen de acción y entonces la mente empieza a girar, busca respuestas y ensaya escenarios. Intenta ordenar lo que quizás corresponde a otro hacerlo.

Mientras tanto, algo valioso comienza a dispersarse: nuestro tiempo, atención y  energía.

Por eso discernir también es una forma de cuidado. Preguntarnos: ¿Esto me corresponde?  ¿Puedo aportar algo verdaderamente constructivo?  ¿Es aquí donde quiero poner mi energía?

Hay situaciones que merecen presencia, otras piden acompañamiento. Algunas requieren una decisión clara.

Y existen también recorridos que apenas necesitan ser reconocidos para volver a aquello que sí forma parte de nuestra responsabilidad.

Elegir dónde mirar, intervenir y dónde permanecer también construye serenidad.

La atención tiene dirección. La energía tiene límite y el tiempo tiene valor. Y cuando logramos reconocer qué merece cada uno de ellos, algo se ordena.

Tal vez por eso las rotondas resultan una imagen tan poderosa: ofrecen vueltas, salidas, cruces, posibilidades. Aunque también recuerdan algo esencial: siempre existe un punto desde el cual volver a elegir el camino y quizá una parte de la calma consista justamente en eso: 

Dar nuestra atención a aquello que podemos cuidar, transformar y habitar con sentido.


#Reflexiones 

#Tiempo 

#Atención 

#Cuidado 

#Discernimiento


domingo, agosto 9

Desde la puerta de entrada

 

Reflexion_ educación _ Viviana _Velez







Hace unos días entré a un espacio donde se desarrollaba un encuentro de trabajo. Me habían pedido registrar fotográficamente el cierre de la jornada.

Saludé.

Algunas personas respondieron. Otras continuaron conversando, mirando sus teléfonos o acomodando materiales.

Seguí con la tarea.

Había producciones, mapas e itinerarios que merecían también quedar registrados. Cuando llegó el momento de la fotografía grupal, costaba reunir al grupo.

—¿Sacamos la foto?

Me subí a una silla buscando una mejor perspectiva y, casi de inmediato, todos se acomodaron. Tomé varias imágenes.

—Listo. Gracias. Regresé a mi lugar de trabajo.

Más tarde, al finalizar la jornada, algunas personas se acercaron especialmente a saludarme y despedirse. Otras atravesaron la puerta y siguieron su camino.

La escena quedó resonando. ¿Quiénes  saludaron o dejaron de hacerlo? no.

Por lo que un saludo representa.

Quienes trabajamos en educación hablamos de vínculos, escucha, convivencia, participación, respeto, comunicación y construcción colectiva.

Entonces aparece una pregunta:

¿Dónde comienza verdaderamente una experiencia educativa? Quizás mucho antes de un contenido, una capacitación o una propuesta.

Comienza en el modo en que reconocemos al otro.

En un buen día, una mirada, en escuchar, agradecer, despedirse. Gestos mínimos que dicen algo enorme: "Te vi. Sé que estás acá. Tu presencia importa."

Y quizá allí también debamos mirarnos quienes tenemos responsabilidades dentro de la educación pública.

Porque administrar, gestionar, coordinar, formar o acompañar no consiste solamente en cumplir funciones. También implica construir modos de estar con otros.

Las instituciones educan incluso antes de enseñar, en la manera de recibir.

En cómo circula la palabra, en cuánto lugar damos al otro.

En la disposición para escuchar y  la cortesía cotidiana.

Tal vez por eso valga preguntarnos, de vez en cuando: ¿Qué estamos enseñando con nuestras propias maneras de habitar lo público?

Porque la educación también comienza allí.

Desde la puerta de entrada.


#EducaciónPública #Comunicación #GestiónEducativa #Vínculos #Convivencia #Respeto #TrabajoEnEquipo #InstitucionesEducativas



sábado, agosto 8

El gallo de Morón











Hay imágenes sencillas que dicen mucho de una comunidad. Una escultura.

Un gallo en pie. Erguido. Fiel a su canto.

Comprometido con el día que comienza.

Hay algo en él que me recuerda al moronense.

Apasionado por su identidad. Cercano a su memoria. Capaz de sostenerse aun en tiempos difíciles. Solidario, empático, sencillo. De esos que saben que la vida colectiva se construye con presencia, trabajo, compromiso y respeto.

Morón tiene una historia hecha de personas.

De quienes estuvieron antes,  caminaron sus calles,  levantaron instituciones, enseñaron, cuidaron, gestionaron, trabajaron, acompañaron, discutieron ideas y dejaron experiencia.

Esa historia merece memoria y también merece respeto.

Por eso, en tiempos donde tantas veces aparecen el individualismo, la competencia, la necesidad de ocupar el centro de la escena o de imponerse sobre el otro, quizás convenga recordar algo esencial: ninguna comunidad se construye desde el ego. Se construye reconociendo al otro.

Escuchándolo.

Respetándolo.

Valorando las trayectorias.

Honrando especialmente a quienes nos anteceden con años de experiencia, sabiduría y humanidad.

Porque detrás de cada nombre, cada función, cada institución, cada diferencia y cada decisión hay una persona.

Una persona con historia.

Con vínculos, derechos y dignidad.

Los ciudadanos no somos piezas de una disputa, ni números, pertenencias u objetos de competencia.

Somos sujetos de derecho.

Y esta idea debería atravesar especialmente toda decisión vinculada con lo público.

La política, cuando verdaderamente está al servicio de una comunidad, exige mirar más allá de uno mismo.

Implica escuchar también a quien piensa distinto. Cuidar los vínculos. Reconocer trayectorias y saberes.

Tender puentes.

Comprender que ninguna victoria individual puede valer más que la convivencia de una comunidad.

Las instituciones tampoco comienzan de cero cada vez que cambia una gestión, una conducción o una circunstancia.

Tienen memoria, personas que las sostuvieron, aprendizajes acumulados.

Tienen voces que merecen ser escuchadas.

Honrar esa memoria no significa, permanecer detenidos en el pasado.

Significa saber de dónde venimos para decidir con mayor responsabilidad hacia dónde queremos ir.

Quizás aquel gallo que encontré un día en Morón tenga algo para decirnos.

Cada mañana canta. No necesita competir con el amanecer ni  al sol para anunciar que comienza un nuevo día.

Simplemente ocupa su lugar y hace escuchar su voz.

Tal vez allí haya una pequeña enseñanza: alzar la voz sin silenciar otras voces, sostener la identidad sin perder la memoria, abrir caminos sin desplazar a nadie y comprender que una comunidad crece cuando cada persona puede ser reconocida en su dignidad.

Porque Morón se construye desde una trama colectiva que excede funciones, gestiones y circunstancias.

Morón somos quienes lo habitamos, lo construyeron y quienes todavía soñamos con hacerlo más humano.

Y honrar esa historia, cuidar a su gente y reconocer al otro también es una forma de construir futuro.

#Morón #Identidad #Memoria #Comunidad #VivianaVélez

viernes, agosto 7

Habilitar caminos

Comunicar también es estar disponibles para que el otro pueda comprender, decidir y continuar.

Hoy, poco antes de terminar la jornada de trabajo, una joven que cursa segundo año de un Profesorado necesitaba realizar la inscripción a una capacitación.

Había intentado seguir el procedimiento, pero las múltiples instancias de carga de datos, validaciones y enlaces resultaban confusas y poco prácticas. Mi compañera me comentó la situación. Había dos posibilidades: consultar a quien habitualmente resolvía esas cuestiones, aunque en ese momento no se encontraba, o pedirle a la joven que regresara en otro horario.

Entonces llegó una pregunta sencilla:

—¿La podés ayudar? Accedí.

Frente a la pantalla del celular fuimos recorriendo juntas cada instancia. Un enlace, una indicación, una confirmación. Paso a paso.

Finalmente logró completar la inscripción. Aprovechamos también para realizar una validación pendiente y pudo colaborar con la cooperadora.

Antes de irse me agradeció.

Y me quedé pensando en algo que muchas veces parece evidente, pero no siempre lo es: tener información disponible no significa necesariamente haber comunicado.

Un enlace puede existir y no resultar claro.

Una indicación puede estar escrita y, aun así, dejar a alguien sin saber cómo continuar.

Un procedimiento puede funcionar técnicamente y seguir siendo difícil de recorrer.

Comunicar también implica preguntarnos si ese camino puede ser transitado por quien está del otro lado.

A veces alcanza con una explicación. Otras, con señalar dónde continuar. En ocasiones hace falta permanecer unos minutos más, traducir una consigna, ordenar una secuencia o acompañar hasta que el recorrido se vuelva comprensible.

Eso también es comunicar: habilitar caminos.

Horas después, mientras regresaba a casa, ocurrió algo que terminó de darle sentido a aquella escena.

Primero descubrí un mural que llamó mi atención. Continué caminando y, unos metros más adelante, apareció una calandria.

Estaba tranquila. Se dejó admirar.

Luego retomé mi camino y, al llegar a la esquina, volvió a aparecer. Había recorrido cerca de sesenta metros y allí estaba otra vez, muy cerca, bebiendo agua mientras yo esperaba para cruzar la calle.

Me miraba. Revoloteaba alrededor. Permanecia tranquila sin apuro. Durante unos minutos compartimos el mismo tiempo.

Después dio dos vueltas en el aire, formando casi un pequeño remolino, y se fue.

Seguí caminando con la sensación de haber recibido un saludo.

Quizás porque aquella calandria apareció después de una jornada atravesada por preguntas sobre cómo llega un mensaje, cómo se encuentra una dirección, cuánto tiempo necesita alguien para comprender y qué significa verdaderamente acompañar.

Y entonces pensé que comunicar también se parece un poco a aquello.

Acercarse. Permanecer. Dar tiempo.

Estar lo suficientemente cerca para orientar y lo suficientemente lejos para permitir que el otro continúe por sí mismo.

La joven siguió su camino con su inscripción realizada.

La calandria siguió el suyo después de beber agua.

Yo continué hacia casa.

Tres recorridos distintos y una misma certeza: Hay comunicaciones que transmiten información.

Hay otras que habilitan caminos.

Y quizá sean estas últimas las que verdaderamente nos permiten encontrarnos.

Viviana Vélez © 




miércoles, julio 22

Explorá la Bibliomediateca Digital

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Acceso libre y gratuito




jueves, julio 2

Apertura Bibliomediateca digital Viviana Vélez

Con mucha alegría comparto que hoy presenté oficialmente la Bibliomediateca Digital de mi autoría 
Un espacio de acceso libre y gratuito pensado para acompañar la lectura,  alfabetización y la creatividad de infancias, familias, docentes, bibliotecarias y toda la comunidad.

Al término de la capacitación sobre Literatura y Memoria en el Ciie ofrecida por ETR junto al CENDIE, su Coordinadora Alejandra propició el momento de autor zonal para presentar la Bibliomediateca Digital. Socialicé acerca del sentido de este proyecto, recorrido y las múltiples posibilidades pedagógicas que ofrece: libros ilustrados, novelas, cuentos, fábulas, poesías, mangas, canciones originales, videos, Podcasts, propuestas creativas y recursos organizados para facilitar su utilización en diversos ámbitos educativos.

Agradezco especialmente a Vanesa, directora del CIIE Morón, por  acompañar con entusiasmo esta iniciativa, haciendo posible su presentación y promoviendo también la difusión permanente de la Bibliomediateca mediante cartelería con código QR dentro de la institución, para que cada vez más docentes y formadores puedan acceder a este recurso.

Mi agradecimiento también a Alejandra, coordinadora del CENDIE, por el interés, la escucha y  posibilidad de socializar la Bibliomediateca Digital junto a Bibliotecarias Institucionales Educativas, Profesores Facilitadores y Profesores Referentes de todos los niveles.

Creo profundamente que la lectura compartida abre puertas, construye vínculos y amplía horizontes. Que este recurso digital siga creciendo y encontrando nuevos lectores, sin limitaciones.

Sueño con que esta Bibliomediateca Digital sea mucho más que un espacio donde se alojan libros. Que sea un lugar de encuentro, descubrimiento e inspiración. 

Un sitio donde cada lectura pueda despertar una emoción, conversación, sonrisa, pregunta o el deseo de crear. Porque cuando una historia encuentra a su lector, algo nuevo comienza a escribirse también en su interior. Ese es, profundamente, el sentido que anima este proyecto y el camino que deseo seguir recorriendo.

Historias que abrazan  🤍


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