martes, septiembre 1

Qué falta aquí, en este patio?

 

Hay espacios que habitamos todos los días y que, de pronto, una mirada distinta convierte en pregunta.

El patio del CIIE es amplio. Lo recorremos, lo atravesamos, nos encontramos allí. Y un día apareció una inquietud sencilla, pero insistente:

¿Qué falta aquí que nos identifique?

¿Qué podría estar presente en este espacio y recordarnos no solamente que somos argentinos, sino también que pertenecemos a una institución profundamente ligada al acto de educar?

Entonces pensé en un mástil.

En la Dirección están las banderas Nacional y Bonaerense, preparadas para ser portadas en actos y ceremonias. Pero comprendí que no es lo mismo portar una bandera que enarbolarla.

Portarla es llevarla, representarla en movimiento, acompañarla con el cuerpo y con una función ceremonial.

Enarbolarla, en cambio, es elevarla y darle un lugar. Es afirmar una presencia. Es señalar un territorio compartido. Es hablar de pertenencia, identidad, memoria y soberanía.

Un mástil en el patio del CIIE no sería solamente un soporte para la Bandera Nacional. Sería también una forma de decir:

Aquí hay educación pública, comunidad, memoria, ciudadanía y futuro.

Entonces llegaron otras preguntas.

¿Qué significa una bandera ondeando en un espacio dedicado a la formación de quienes enseñan?

¿Qué representa para quienes llegan a capacitarse, a encontrarse, a revisar sus prácticas, a construir saber junto a otros?

¿Qué dice de una institución que acompaña las trayectorias de docentes, directivos, inspectores y formadores?

Y apareció una certeza:

un mástil no ocupa simplemente un lugar en un patio. Lo significa.

Marca un punto de encuentro. Da identidad. Hace visible desde afuera algo que muchas veces sucede puertas adentro: que allí se piensa, se aprende, se acompaña y se sostiene la tarea de educar.

Y entonces surgió otra pregunta, quizá la más sencilla de todas:

¿Y por qué no solicitarlo?

Muchas veces advertimos aquello que falta, lo comentamos y seguimos caminando. Otras veces una pregunta insiste lo suficiente como para transformarse en acción.

Así nació la decisión de realizar la solicitud.

Y la respuesta comenzó a llegar.

Hoy la iniciativa dio un nuevo paso. Coordinadoras vinculadas a la gestión de la Concejala Lorena Acevedo recorrieron el patio del CIIE para evaluar posibles sectores destinados a la futura instalación del mástil.

Durante la visita se consideraron la ubicación, las dimensiones de la base, la estructura y la altura necesarias, en diálogo con consejeros escolares.

Finalmente, quedó señalado el espacio considerado más propicio.

Ese gesto aparentemente sencillo: detenerse, observar, medir posibilidades y señalar un lugar, claro que tiene una fuerza especial.

Porque aquello que comenzó como una pregunta ya tiene un territorio posible.

Todavía queda camino por recorrer. Pero la idea dejó de estar solamente en el pensamiento: fue escuchada, gestionada, observada en el lugar y comenzó a tomar forma.

Quizás dentro de un tiempo podamos volver a mirar ese mismo patio y encontrar allí la Bandera Argentina elevada, dando presencia a aquello que el CIIE representa.

Porque también educar es esto: mirar lo cotidiano, reconocer lo que puede enriquecerse y animarse a transformar una pregunta en acción.


Patio_Ciie Moron


El tambor de las risas perdidas

Hay un momento especialmente valioso en la vida de una obra: aquel en que deja de pertenecer solamente a quien la escribió y comienza a ser habitada por sus lectores.

En el CEC 801, durante los encuentros en la Biblioteca Liliana Bodoc, niños y niñas se acercaron a El tambor de las risas perdidas, una de las obras que integra Historias que abrazan©️.

La lectura continuó más allá de las páginas. Los personajes, las escenas y aquello que la historia despertó comenzaron a aparecer en dibujos, colores y producciones propias.

Cada creación ofrece una mirada singular. En algunas aparecen elementos centrales del relato; en otras, nuevos paisajes, detalles, personajes y formas nacidas de la imaginación de cada lector. Y allí sucede algo profundamente valioso: la literatura se vuelve experiencia.

Leer también es interpretar, imaginar, conversar, recrear y dejar que una historia encuentre nuevas formas de existir. Cuando una niña o un niño dibuja aquello que un texto le hizo sentir o imaginar, la obra se expande y continúa su recorrido.

Las imágenes compartidas desde el CEC 801 permiten asomarnos a ese proceso: una historia circula, encuentra lectores y regresa transformada por sus manos.

Quizás allí resida una de las formas más bellas de la literatura: un libro propone un mundo y cada lector, al entrar en él, abre una posibilidad nueva.

Mi agradecimiento al equipo de conducción y a la bibliotecaria Lorena por propiciar, sostener y acompañar estos espacios de encuentro, donde la biblioteca se convierte en un territorio vivo de lectura, sensibilidad, creación y participación.

Historias que abrazan©️ continúa así su recorrido, encontrando nuevas voces, nuevas miradas y nuevas maneras de ser leída.

CEC801_MORON_VIVIANA VELEZ










2 Septiembre

El tambor de las risas perdidas sigue creciendo en manos de sus lectores. 

En el CEC 801, luego de compartir la lectura, la bibliotecaria Lorena propuso al grupo de niños y niñas de 8 y 9 años decorar un gran tambor y escribir, para guardar en su interior, alguna anécdota de risas.

La propuesta despertó entusiasmo y algo más: les encantó descubrir que la historia transcurre en un lugar cercano y reconocible, la Plaza Patagones de Morón Sur.

Y allí la literatura hizo lo suyo: una historia pasó de la página al territorio, del relato al recuerdo, de la lectura a la creación.

Porque cuando un libro nombra lugares que forman parte de la vida cotidiana, también puede abrir otra manera de mirarlos, habitarlos y recordarlos. 🤍

Hermosos tambores con mensajes👏👏👏👏👏🤗🥰 Gracias por compartir éstas vivencias.

CEC 801_ tambores _ Viviana Vélez




lunes, agosto 31

Lecturas accesibles


Ediciones accesibles_ Viviana Vélez

Cuando una historia encuentra nuevas formas de llegar

Hay decisiones pequeñas que, al comenzar, parecen técnicas. Después revelan algo mucho más profundo.

Preparar una obra para una lectura accesible fue, en este caso, abrir una nueva pregunta: ¿de cuántas maneras puede una historia llegar a sus lectores?

A partir de esa inquietud nació una nueva línea dentro de la Bibliomediateca Digital: Ediciones Accesibles.

El primer cuento incorporado es Los hilos de Maraña, una obra inédita que ahora puede encontrarse en dos formatos complementarios: una versión digital accesible para tecnologías de asistencia y un archivo BRF preparado para su lectura mediante línea Braille digital.

Este recorrido implicó algo más que convertir un archivo.

Supuso disponer tiempo para explorar herramientas, conocer otros modos de lectura, realizar pruebas, revisar formatos, aprender a utilizar programas específicos y pensar cómo ofrecer esos materiales de manera pública y sencilla.

Y allí apareció una idea que considero cada vez más necesaria: la accesibilidad también se construye en el tiempo que estamos dispuestos a dedicar para encontrar cómo hacerla posible.

La intención necesita volverse instrumento, procedimiento y experiencia concreta. En este proceso, la literatura volvió a mostrar su capacidad de ensanchar sus propios bordes.

Una misma historia puede ser leída visualmente, escuchada mediante un audiocuento, recorrida con un lector de pantalla o encontrada, punto a punto, a través de una línea Braille digital.

La obra sigue siendo la misma, con múltiples multiplican puertas de entrada.

Esta experiencia también amplía una perspectiva que continúo pensando y construyendo: la de una literatura capaz de disponerse antes del encuentro, anticipando diferentes modos posibles de acceso y participación.

Preparar un texto accesible, aprender a generar un archivo BRF, alojarlo en un espacio público y preguntarse quién podrá leerlo después constituye también una forma de preparar ese encuentro.

Porque hacer lugar no es solamente ofrecer una historia. Hacer lugar también es disponer tiempo para descubrir cómo ese lugar puede ser habitado por otros.

Con Los hilos de Maraña comienza, entonces, un nuevo recorrido dentro de la Bibliomediateca Digital, que seguirá creciendo, explorando formatos y construyendo otras formas posibles de leer.

Porque cuando la literatura abre sus puertas, siempre puede aparecer un lector que todavía estaba esperando entrar.

Viviana Vélez- Bibliomediateca Digital

sábado, agosto 29

Arbolandia

Arbolandia _ Viviana Vélez









Hay paisajes que contemplamos y hay otros que, casi sin advertirlo, comienzan a contarnos algo.

Arbolandia nació así: de la observación de un entorno natural en Diamante, provincia de Entre Ríos, donde los árboles, el agua y un horizonte abierto despertaron una pregunta que poco a poco comenzó a transformarse en literatura.

¿Qué sucedería si unas semillas llevadas por el viento crecieran lejos de su origen y, convertidas en árboles, decidieran buscar un lugar donde su existencia pudiera cobrar sentido?

De esa pregunta comenzó a crecer la historia.

Semillas que atraviesan distancias. Árboles que descubren que existir puede significar mucho más que permanecer en un sitio: dar sombra, ofrecer abrigo, florecer, albergar otras vidas, cuidar y construir comunidad.

En su recorrido encuentran agua, naturaleza y nuevos habitantes. Y también aquello que estaban buscando desde el comienzo: un lugar donde echar raíces con sentido.

Allí nacerá Arbolandia.

Naturaleza, vínculos y cuidado

La naturaleza adquiere en este cuento una voz propia. El viento impulsa, las semillas llevan consigo la posibilidad de lo nuevo, las raíces hablan de pertenencia y el agua hace posible otra forma de vida.

Pero Arbolandia también propone mirar nuestro vínculo con los espacios que habitamos.

¿Qué ofrecemos al lugar del que formamos parte?

¿Qué significa echar raíces?

¿De cuántas maneras podemos brindar abrigo?

¿Puede una comunidad florecer cuando cada uno encuentra una forma de cuidar al otro y a su entorno?

Preguntas que pueden continuar mucho después de cerrar el libro y abrir conversaciones entre niños, familias, docentes, bibliotecarios y comunidades lectoras.

De un paisaje real a un territorio literario

Las ilustraciones de la obra recuperan la sensibilidad de los árboles y espacios naturales que inspiraron el relato, transformados mediante una construcción artística en la que la imaginación amplía aquello que primero fue observado.

Y el libro guarda una pequeña revelación para el final.

Después de recorrer el universo ilustrado de Arbolandia, el lector puede encontrarse con Arbolandia real: el paisaje de Diamante que encendió la historia.

Porque algunas ficciones empiezan precisamente así: alguien mira un lugar conocido y se atreve a preguntarle qué historia guarda.

📖 Arbolandia ya puede leerse y se  incorpora a Historias que abrazan© 

Disponible para lectura en la Bibliomediateca Digital, con acceso libre y gratuito.

Una nueva historia para leer, conversar, imaginar y volver a mirar la naturaleza quizá con otros ojos.

Gracias, Diamante, por el paisaje que encendió esta historia.

Viviana Vélez Historias que abrazan©

Para leer , en el enlace haz clic ➡️🔗ARBOLANDIA ©Viviana Vélez



jueves, agosto 27

La nobleza también educa

 

La nobleza_ educa_ Viviana Vélez

Hay personas que engrandecen la función que ocupan por la nobleza con que la ejercen.

En los espacios educativos, donde confluyen responsabilidades, trayectorias y territorios diversos, el modo de recibir, escuchar y acompañar también construye institución. Presentarse con respeto, cuidar las formas y los tonos, preservar aquello que cada persona comparte, reconocer su recorrido y ofrecer una palabra atenta son gestos que parecen pequeños, pero sostienen algo enorme: la dignidad del otro.

Quienes llegan desde distintas regiones traen consigo experiencias, desafíos, comunidades, escuelas y realidades que merecen ser escuchadas. Reconocerlas es también reconocer el compromiso de quienes trabajan cada día por una educación de calidad, situada y comunitaria.

La escuela la hacemos entre todos: docentes y estudiantes, equipos directivos, inspectores, familias y comunidades, cada cual desde su rol y su responsabilidad. Pero hay algo que atraviesa cada función y puede transformarla profundamente: la nobleza.

Porque la nobleza también educa.

Se expresa en la escucha que hace lugar, en la palabra que cuida, en el agradecimiento sincero, en el respeto que reconoce al otro como alguien valioso.

Y en los espacios donde se ejerce autoridad, esta dimensión adquiere todavía mayor relevancia: la nobleza no debilita la autoridad; la legitima. Ser firme y respetuoso, asumir responsabilidades y conservar sensibilidad, sostener criterios y cuidar las formas son expresiones de una autoridad que se vuelve más humana y, precisamente por ello, más verdadera.

Tal vez una de las mayores fortalezas de la educación sea justamente esa: personas que, además de cumplir una función, eligen ejercerla con humanidad.

                                                    Viviana Vélez © 

jueves, agosto 20

Ramihistorias

 ¿Te animás a ramear historias?

seguir las pistas de una rama para descubrir lecturas, personajes y nuevos recorridos.

Llegan las Ramihistorias a la Bibliomediateca Digital: pequeñas ramitas intervenidas que guardan pistas, sonidos y caminos hacia distintas obras literarias.

Elegí una ramita, observá sus detalles, escuchá su podcast y descubrí qué historia te invita a encontrar. 🎧📚

Porque a veces una lectura también puede comenzar en ramitas caídas.

Entrá a la Bibliomediateca Digital y viví la experiencia Ramihistorias.

Clic en imagen y accedes a las Ramihistorias 


Ramihistorias _ Viviana Vélez



#Ramihistorias #BibliomediatecaDigital #HistoriasQueAbrazan #MediacionLectora #LiteraturaInfantil

jueves, agosto 13

Un gesto que cambia espacios

Hacer lugar habitable

A veces una institución puede leerse en escenas pequeñas. Un objeto olvidado en un baño encuentra manos que lo resguardan. Una silla que falta obliga a reorganizar el espacio.

Distintos roles conversan, acuerdan, ceden, acercan soluciones. Alguien llega con frío y encuentra una taza caliente y algo para compartir. Un saludo atraviesa una ventanilla. Una puerta se abre.

La distancia se vuelve encuentro.

Nada de esto parece extraordinario y sin embargo, allí también sucede la vida institucional. Los objetos adquieren otro espesor cuando forman parte de una trama humana. Un anillo puede hablar del cuidado de aquello que pertenece a otro. Una silla puede representar mucho más que un lugar donde sentarse: puede señalar quién encuentra espacio, quién lo habilita y cómo se organiza lo común. Una taza caliente puede convertirse en una forma sencilla de decir: tu presencia fue advertida. Una puerta abierta puede modificar por completo la calidad de un encuentro.

También los roles encuentran sentido en esa trama.  Docentes, equipos técnicos, inspectores, responsables de gestión, auxiliares. Cada función posee incumbencias propias, aunque ninguna institución se construye únicamente desde los límites de una tarea. Entre unas responsabilidades y otras existe un territorio compartido donde circulan palabras, necesidades, decisiones y gestos.

Quizás allí comienza otra dimensión de la comunicación institucional. Una comunicación que supera el intercambio de información y se vuelve reconocimiento.

Porque compartir un edificio, una jornada o una responsabilidad alcanza para coincidir en un espacio. Entablar lazos requiere algo más: mirar, escuchar, agradecer, ofrecer, mediar, cuidar, abrir. Son acciones pequeñas. También son formas de gestión.

En tiempos donde las instituciones sostienen múltiples demandas, tal vez convenga volver a observar esas escenas mínimas. Allí suele hacerse visible la cultura que construimos entre todos. Entonces queda una pregunta:

¿Qué hacemos con el lugar que ocupamos cuando estamos con otros?

Quizás una parte importante de nuestra tarea consista precisamente en eso: ejercer el propio rol mientras ayudamos a que alrededor también haya lugar para habitar momentos.

Hacer lugar habitable_ Viviana Velez



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