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Acceso libre y gratuito
Escritora · Prof. Esp. en Alfabetización · Literatura de autoría para todas las edades.
Al término de la capacitación sobre Literatura y Memoria en el Ciie ofrecida por ETR junto al CENDIE, su Coordinadora Alejandra propició el momento de autor zonal para presentar la Bibliomediateca Digital. Socialicé acerca del sentido de este proyecto, recorrido y las múltiples posibilidades pedagógicas que ofrece: libros ilustrados, novelas, cuentos, fábulas, poesías, mangas, canciones originales, videos, Podcasts, propuestas creativas y recursos organizados para facilitar su utilización en diversos ámbitos educativos.
Agradezco especialmente a Vanesa, directora del CIIE Morón, por acompañar con entusiasmo esta iniciativa, haciendo posible su presentación y promoviendo también la difusión permanente de la Bibliomediateca mediante cartelería con código QR dentro de la institución, para que cada vez más docentes y formadores puedan acceder a este recurso.
Mi agradecimiento también a Alejandra, coordinadora del CENDIE, por el interés, la escucha y posibilidad de socializar la Bibliomediateca Digital junto a Bibliotecarias Institucionales Educativas, Profesores Facilitadores y Profesores Referentes de todos los niveles.
Creo profundamente que la lectura compartida abre puertas, construye vínculos y amplía horizontes. Que este recurso digital siga creciendo y encontrando nuevos lectores, sin limitaciones.
Sueño con que esta Bibliomediateca Digital sea mucho más que un espacio donde se alojan libros. Que sea un lugar de encuentro, descubrimiento e inspiración.
Un sitio donde cada lectura pueda despertar una emoción, conversación, sonrisa, pregunta o el deseo de crear. Porque cuando una historia encuentra a su lector, algo nuevo comienza a escribirse también en su interior. Ese es, profundamente, el sentido que anima este proyecto y el camino que deseo seguir recorriendo.
Historias que abrazan 🤍
Bibliomediateca digital VivianaVelez
Hace algunas semanas escribía sobre señales, intuiciones y pequeños acontecimientos que parecían anunciar un cambio.
Desde esta semana ese cambio comenzó a tomar forma.
La cuadrilla de la UGC 1 del Municipio de Morón inició las tareas de pintura y puesta en valor del frente del CIIE Morón, haciendo realidad una idea nacida del deseo de embellecer y visibilizar un espacio que diariamente recibe a docentes, equipos de conducción, bibliotecarias, capacitadores y miembros de la comunidad educativa.
No se trata solamente de pintura y mano de obra.
Se trata de cuidar los lugares que habitamos, de reconocer el valor de los espacios públicos dedicados a la educación y de abrir las puertas a quienes tienen la misión de educar en su sentido más amplio.
Mi agradecimiento al equipo de la UGC 1 el compromiso, la dedicación y el cuidado con que llevan adelante esta tarea.
Embellecer también es una forma de dar la bienvenida.
Palabras • Pasión • Acciones
Mientras avanzaban los trabajos de pintura ocurrió algo que llamó mi atención. Quienes integran la cuadrilla comenzaron a registrar los comentarios espontáneos de las personas que pasaban por la vereda.
Familias, adolescentes, niños, niñas y docentes se detenían a observar, preguntar o expresar su alegría por los cambios.
Entonces comprendí que la transformación no estaba ocurriendo solamente sobre las paredes. También sucedía en las miradas.
El CIIE forma parte del recorrido cotidiano de muchas comunidades educativas. Por allí transitan diariamente estudiantes, familias y docentes de instituciones cercanas.
Cada comentario confirmaba algo sencillo y profundo: los espacios educativos importan. Cuando son cuidados, embellecidos y puestos en valor, las personas lo perciben.
Y cuando las personas lo perciben, también comienzan a apropiarse de ellos.
#PresagiosUrbanos
#PalabrasPasiónAcciones
#TransformarEspacios
#ComunidadEducativa
#VivianaVelezEscritora
Antes de salir para entregar una nota vinculada a una solicitud de pintores para el CIIE, hice una llamada. Del otro lado estaba una amiga con quien compartí la importancia de aquel pedido.
La conversación fue sobre espacios habitados por personas, soportes donde circulan ideas, encuentros, proyectos y sueños en relación a la memoria, cultura y educación.
Necesitaba que alguien más pudiera percibir la sensibilidad y significancia de lo que estaba solicitando. Ella escuchó con atención, comprendió el sentido profundo de la propuesta y me alentó a continuar.
Con esa conversación aún presente, tomé la nota entre mis manos y emprendí el recorrido.
A mitad del camino; un canto insistente. Levanté la vista y vi un ave rapaz detenida en lo alto de un eucalipto. Permanecía inmóvil, observando desde arriba el movimiento apurado de las personas que jamás se detenían a mirar.
Seguí caminando.
Más adelante encontré una paloma de apariencia distinta, picoteando tiras de pan húmedas sobre la vereda. Su plumaje parecía armado con retazos desordenados, como si el viento hubiera olvidado terminarla. Esos trozos de pan difíciles de trozar, insistía. Había en ella una dignidad silenciosa, una manera obstinada de continuar aún en los días grises. La observé unos segundos y pensé que algunas criaturas sobreviven incluso cuando el mundo apenas las registra.
Continué el recorrido.
Antes de doblar la esquina vi un tacho vacío de pintura abandonado junto a un paredón. Me llamó la atención de inmediato. Lo miré con la extraña sensación de que debía llevármelo. Pero seguí de largo pensando:
—A la vuelta lo busco. Pero regresé por otra calle y el balde quedó atrás. Sin embargo, la imagen permaneció conmigo. Quizás porque días antes había llegado una donación de pintura. Un gesto solidario que había despertado algo más grande que la simple idea de renovar paredes.
Empezó a crecer entonces un deseo silencioso: ver esos espacios transformados, cuidados, luminosos; imaginar manos trabajando juntas para devolver color y calidez a un lugar de encuentro educativo y humano.
Comenzó entonces el tiempo de la espera. Y durante esa espera ocurrió algo inesperado.
La persona que debía dar la respuesta ya no estaría al frente de la decisión. Por un momento, el pedido pareció quedar suspendido en ese territorio incierto donde habitan los proyectos antes de encontrar destino.
Sin embargo, las semanas siguieron su curso.
Hasta que un día sonó el teléfono.
Del otro lado estaba quien había asumido aquella responsabilidad. Su llamado no tenía dudas ni postergaciones. Traía una confirmación: la cuadrilla de pintores había sido otorgada.
La respuesta no llegó de quien esperaba, pero llegó.
Y comprendí que aquella mañana había estado hablando en símbolos.
El ave en lo alto anunciaba atención.
La paloma representaba persistencia.
Y el tacho vacío no necesitaba ser llevado: aparecía justo el día en que el deseo comenzaba a encontrar forma concreta.
La pintura ya existía.
La solicitud también.
Y ahora llegaba la respuesta.
A veces los sueños pequeños no hacen ruido cuando empiezan a cumplirse. Apenas dejan señales discretas sobre el camino: un canto inesperado, unas alas mojadas, un objeto olvidado en la vereda y una conversación que ayuda a que una idea sea escuchada.
Detalles mínimos que parecen casuales hasta que algo sucede y todo encuentra sentido.
De aquella mañana entendí: que hay espacios vacíos esperando ser habitados, por una comunidad y nuevos sentidos.
Y que algunos deseos, antes de cumplirse, primero aprenden a anunciarse en silencio.
Viviana Vélez © todos los derechos reservados
#diadelperiodista
#comunicacionconsentido
#comunicacioneducativa
#Periodismo
#libertaddeprensa
En el marco de la jornada de reflexión por el movimiento Ni Una Menos, tuve la enorme emoción de recibir una producción realizada por estudiantes de la Escuela Primaria N° 12, quienes trabajaron a partir de mi novela ¿Un sueño? Una lección de vida.
La propuesta, impulsada por docentes y equipo directivo, permitió generar espacios de diálogo sobre los vínculos, el respeto, la libertad, la escucha y el reconocimiento del otro como persona con derechos, deseos y proyectos propios.
La literatura posee una capacidad singular: nos invita a mirar situaciones desde diferentes perspectivas, a comprender emociones, a cuestionar conductas y a imaginar formas más humanas de relacionarnos. Cuando una historia llega al aula, deja de pertenecer únicamente a quien la escribió. Se convierte en una experiencia colectiva que cada lector resignifica desde su propia mirada.
Ver a niños y niñas reflexionar sobre la importancia de construir relaciones sanas, libres de violencia y basadas en el cuidado mutuo, reafirma la convicción de que educar en valores es una tarea cotidiana que deja huellas profundas.
Mi agradecimiento a Cristina, directora de la institución, por habilitar y acompañar estos espacios de encuentro y reflexión, a Laura docente del grupo y a cada docente que sostiene día a día la construcción de una escuela comprometida con la formación integral de sus estudiantes.
También agradezco a los chicos y chicas que participaron de esta propuesta, porque sus voces, preguntas y producciones nos recuerdan que siempre es posible construir una sociedad más respetuosa, empática y justa.
Como autora, recibo esta experiencia como un regalo invaluable. Como educadora, una confirmación de que las palabras pueden convertirse en puentes. Y como ciudadana, una esperanza que se renueva en cada aula, donde el diálogo encuentra un lugar para crecer.
Docentes junto a estudiantes del 1er y 2do ciclo visitarán el CIIE para descubrir, imaginar y compartir la literatura desde una propuesta que une narración, arte y emoción. 📚
🗓 27/5 Turno Tarde
🗓 28/5 Turno Mañana
Una oportunidad para habitar la palabra y dejarse sorprender por las historias.
#LeerEnComunidad
#ExperienciaDeAutor
#LiteraturaInfantil
#MorónLee
#VivianaVélezescritora
Me gusta pensar estos encuentros como espacios donde la literatura deja de ser solo lectura y se la vivencia.
También se realizará la Presentación del libro "Vuelo Mensaje" sobre el relato de experiencias vividas con una mariposa e ilustraciones realizadas por estudiantes del 1er y 2do. Ciclo.
Gracias🩷 Directora y Bibliotecaria por la invitación y por seguir habilitando espacios de juego, imaginación y encuentro con la palabra.
#LeerEnComunidad
#ExperienciaDeAutor
#LiteraturaInfantil
#MorónLee
#VivianaVélezescritora
A veces el contexto no acompaña. A veces parece que todo falta.
Y ahí aparecen las tres opciones: conformarse, resignarse… o moverse.
Cuando hay una visión, no alcanza con imaginar. Hay que accionar. Llamar. Golpear puertas. Pedir ayuda. Tender redes. Sostener el paso aunque el suelo sea incierto.
Y esperar… pero no de cualquier manera: con paciencia activa, con firmeza interna, con resistencia que no se rinde.
Porque aunque se escuche “es imposible”, “no es el momento”, “no hay condiciones”, hay algo que trasciende los límites visibles: lo extraordinario, lo inesperado, lo que irrumpe como milagro en medio de lo cotidiano.
Los tiempos no son iguales para todos. Hay quienes saben esperar sin abandonar la dirección de sus sueños.
Nada es imposible para Dios. Y esa certeza no solo consuela: impulsa, ordena, sostiene.
Lo que para algunos es utopía, para otros es obra en proceso. Una construcción que no se detiene aunque avance lento.
Porque todo ayuda a bien para quienes creen, confían y caminan con la convicción de que lo imposible, a veces, solo está esperando ser intentado una vez más.
Viviana C. Vélez © todos los derechos reservados
La bolsa llegó casi en silencio.
Palabras, pasión, acciones.
En el Río Paraná, a la altura de Puerto General Alvear, una jornada de pesca en condiciones de crecida dejó al descubierto una problemática persistente: la contaminación en espacios naturales.
La presencia de residuos, la aparición de fauna afectada y el hallazgo de un objeto inusual evidencian el impacto del descuido ambiental, mientras que una acción concreta de limpieza y el testimonio de una vecina alertan sobre los riesgos para el ecosistema y los animales domésticos.
Bajaba crecido, espeso, con ese tono marrón que no deja ver el fondo pero lo dice todo. Arrastraba ramas, historias, restos. Como si alguien hubiera sacudido la memoria del agua. Llegamos sin saber que ese día no íbamos a pescar peces.
Primero fueron los cangrejos.
Dos. Aferrados, tensos, como si defendieran algo invisible.
Elvi los devolvió al agua con un gesto que no era solo cuidado… era respeto.
Después, el candado.
Pesado. Cerrado. Oxidado. Salió desde el fondo como si el río hubiera decidido entregarlo.
No protegía nada.
Solo conservaba la memoria de haber sido usado para impedir. Y entendimos, sin decirlo, que hay cosas que se hunden… pero no desaparecen. Pero el verdadero impacto no estaba en el agua.
Estaba en la orilla.
Bolsitas de nylon como banderas rendidas. Latas aplastadas. Restos sin historia ni vergüenza.
Un paisaje donde alguien pasó y eligió no cuidar. Entonces ocurrió lo más importante del día.
Elvi dejó la caña. Y empezó a recolectar:
Uno por uno. Sin ruido. Sin testigos.
Como quien repara algo que no rompió.
Como quién entiende que el mundo no mejora con discursos, sino con manos.
En medio de esa tarea, apareció una mujer.
Buscaba a su cachorra.
Catalina.
Pequeña, mestiza, de pelaje brilloso, con un pretal azul Francia que destacaba como un trazo de cielo en movimiento. Media torpe, curiosa, profundamente cariñosa.
Su humana mamá lo dijo con claridad: debía estar atenta a todo lo que Catalina pudiera encontrar, porque lo que otros dejan puede ser peligro.
—Catalina… —llamó.
Y la cachorra, entre la curiosidad y el amor, eligió volver. Ahí, sin querer, se reveló una verdad incómoda: cuando el ambiente se descuida, la libertad se vuelve riesgo.
Detenerse y observar lo sucedido.
Nube, Sombra y el río que susurra
Un cuento sobre la memoria del agua y el cuidado de la naturaleza. Porque a veces el río no solo arrastra. También devuelve, muestra y enseña.
Podes leer el libro aquí, clickeá el enlace
Nube, Sombra y el rio que susurra Viviana Vélez ©
Un gesto que trasciende el tiempo.
Edgar, trajo colección de diccionarios, historia del arte, recortes periodísticos cuidadosamente trabajados en su juventud. Cada página llevaba marcas: subrayados, notas, preguntas, ideas. No eran libros intactos. Eran libros vividos. Y allí aparece una diferencia fundamental en las prácticas de lectura.
Leer no es acumular: es dialogar con los textos
El hábito lector no se construye desde la acumulación, sino desde el vínculo.
Leer es entrar en conversación con el texto:
Es, en definitiva, pensar con otros. Cuando un lector subraya, anota o dibuja, no interviene el libro: lo continúa, con lo propio.
Este tipo de prácticas fortalece la comprensión lectora en la formación docente, permitiendo que la lectura sea una experiencia activa y significativa.
Formar lectores críticos en la formación docente
En tiempos donde la información circula de manera vertiginosa, la comprensión lectora se vuelve una herramienta central. No alcanza con leer: es necesario interpretar, posicionarse y construir una mirada propia.
Los materiales que Edgar decidió proyectar son, en ese sentido, profundamente pedagógicos. No sólo por su contenido, sino por lo que muestran: que el conocimiento se construye en proceso, las ideas se elaboran, corrigen y amplían.
Cada recorte periodístico trabajado, como cada anotación al margen, es una invitación a formar lectores que no repitan… sino que piensen.
Libros que no se guardan: se comparten.
Libros de historia del arte y diccionarios utilizados para promover el hábito lector y la comprensión lectora
El valor del gesto: del objeto al conocimiento compartido
Edgar recibió una oferta para vender sus libros, pero eligió otro destino. Decidió que no fueran mercancía, sino puentes. Que no quedaran guardados, sino en uso pedagógico.
Que no cerraran una historia, sino que abrieran muchas.
En sus palabras y emoción, hay una certeza que interpela a toda la comunidad educativa: lo valioso no se guarda para siempre, se ponen en movimiento para que trascienda en el tiempo.
Una biblioteca viva: espacio dinámico de aprendizaje
Este gesto nos invita a repensar la biblioteca como un espacio activo dentro de la formación docente.
No como un lugar estático, donde los libros se alinean en silencio y el tiempo deposita polvo sobre ellos como si fueran recuerdos detenidos. Sino como una biblioteca viva, donde los libros: circulan, se leen, se intervienen, se comentan y se transforman.
Una biblioteca habitada, donde cada lector deja una huella y construye conocimiento.
Libros que no se apilan: se viven
Un libro cerrado durante años puede conservarse. Pero un libro leído… se multiplica.
Cuando pasa de mano en mano, despierta preguntas, invita a escribir, se convierte en experiencia, deja de ser objeto para transformarse en acontecimiento pedagógico.
Eso es lo que hoy Edgar vuelve a enseñarnos.
Para seguir pensando sobre el hábito lector
Tal vez el verdadero legado no esté en los libros en sí, sino en lo que hacemos con ellos.
En cómo los abrimos, habitamos y cómo los compartimos. Porque, al final, una biblioteca cobra sentido cuando alguien entra… y decide que esa historia también puede ser suya.
En su mirada serena, en su sonrisa agradecida y en sus manos que buscaron las mías, entendí que no era solo una entrega, sino un acto de confianza: la certeza de que su legado seguirá vivo, caminando en otros docentes y multiplicando propósitos en las generaciones venideras.
© Viviana Vélez – 2026
Todos los derechos reservados
En este 1 de mayo, el Día del Trabajador nos invita a mirar más allá de las tareas diarias para reconocer el valor del trabajo, la dignidad que lo sostiene y las historias invisibles que lo hacen posible.
Cada oficio, vocación y esfuerzo cotidiano forman parte de una construcción colectiva que no solo impulsa la vida social, sino que también resguarda derechos conquistados y abre caminos hacia un futuro más justo.
Porque detrás de cada tarea hay una historia, y en cada historia habita una lucha, un sueño y una esperanza.
Reconocer el valor del trabajo es también defender la dignidad de quiénes lo hacen posible.
Hablamos de trabajo, también implica dignidad. Y no como una idea lejana, sino como una experiencia concreta, cotidiana, que define cómo se vive y se reconoce cada tarea.
Trabajar con dignidad no es un ideal abstracto ni una frase bonita para discursos: es una condición real.
Implica que el trabajo no humilla, no precariza, no invisibiliza. Que no reduce a la persona a una función, sino que reconoce su humanidad entera.
Significa poder desarrollar una tarea en condiciones justas: con un ingreso acorde, respeto, derechos garantizados y con un entorno donde la voz no sea silenciada.
Es saber que el esfuerzo tiene sentido, que no se abusa de la necesidad y que el tiempo de vida no se diluye sin reconocimiento.
Pero también hay una dimensión más profunda, casi silenciosa: la dignidad aparece cuando alguien puede decir “esto que hago vale”, cuando el trabajo no sólo sostiene la vida material, sino también la identidad, el propósito y la pertenencia.
No hay dignidad cuando hay miedo constante, cuando el desgaste es norma o cuando el reconocimiento es excepción.
Sí la hay cuando existe la posibilidad de crecer, de ser escuchado, habitar el trabajo sin perderse a uno mismo.
Y hay una verdad que incomoda, pero ordena: la dignidad laboral no depende solo de la voluntad individual.
Es una construcción colectiva, histórica, que se defiende y se actualiza todos los días.
Porque trabajar con dignidad no debería ser un privilegio.
Debería ser el punto de partida.
Pasión para hacer, compromiso para sostener y dignidad para no olvidar que todo trabajo merece valor.
Viviana Vélez © todos los derechos reservados
Crónica institucional sobre un hallazgo bibliográfico y una jornada de encuentros en el CIIE de Morón, espacio de formación docente, intercambio y construcción colectiva de saberes.
Hay días en que el trabajo cotidiano se vuelve escena.
Y sin previo aviso, lo habitual adquiere un espesor distinto, como si algo o alguien decidiera dejar una señal.
En el marco de tareas de reorganización y selección de materiales de la Biblioteca, junto a la directora del CIIE, nos encontramos revisando libros destinados al reciclado. Entre ellos, emergió un ejemplar que detuvo el ritmo de la jornada: La razón de mi vida - Eva Perón, edición de 1951, con una dedicatoria manuscrita que aún conservaba la calidez de su destinataria.
El hallazgo no fue solo bibliográfico. Fue simbólico.
Un libro que alguna vez fue leído, regalado, atesorado… volvía a ser visto.
Al retirarme del establecimiento, la escena continuó desplegándose con una serie de encuentros inesperados. Un antiguo compañero del grupo de jóvenes de la iglesia, a quien no veía desde hacía más de dos décadas, me reconoció y me nombró. Detuve mi marcha y reconocí en su rostro nombre y apellido: allí intercambiamos dialogo sobre nuestras familias, nuestros hijos y logros reconociendo la importancia del sostén y guia de Dios, el hacedor de caminos.
Minutos después, otro cruce: una ex compañera de la tecnicatura en comunicación, Ayelén, jefa de prensa, quien se encontraba acompañando a Martín Sabbatella en el marco de una nota periodística. El saludo fue inmediato y, casi sin pensarlo, surgió la invitación a conocer el CIIE y a su directora.
La respuesta fue generosa y cálida.
El recorrido se transformó en intercambio, en escucha, mirada compartida sobre el valor de los espacios dedicados a la formación docente, la producción de conocimiento y la construcción colectiva de saberes, los proyectos en curso y a largo plazo. En ese marco, el libro hallado volvió a cobrar protagonismo: fue mostrado, comentado, fotografiado. Una pieza de 75 años, cargada de historia, conectando pasado y presente en un mismo gesto.
La jornada cerró con agradecimientos y la certeza de haber transitado algo más que una sucesión de hechos.
A veces, sin anunciarse, el tiempo decide ordenarse de otro modo. El pasado regresa en forma de libro y de nombre pronunciado; el presente se afirma en cada gesto que abre puertas y construye encuentro; y el futuro, silencioso pero firme, comienza a insinuarse en cada vínculo que se reactiva y en cada historia que vuelve a ponerse en circulación.
Porque cuando la memoria encuentra lugar, la palabra se vuelve puente. Y es allí, en ese punto exacto donde todo se enlaza y el trabajo cotidiano deja de ser rutina para convertirse en sentido.
CIIE Morón como espacio de formación docente y encuentro, continúa abriendo sus puertas a la construcción colectiva de saberes y al diálogo que fortalece las prácticas educativas.
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| Viviana Vélez escritora - SADE |
Hay cosas que no pasan de un día para el otro. Se van tejiendo en silencio, entre cuadernos, aulas, palabras dichas y otras que esperan su momento.
Hace tiempo que escribo. En distintos formatos, en distintos espacios, con distintas voces. Pero siempre con la misma certeza: la palabra es un lugar donde habitar.
Hoy quiero compartir una alegría que me acompaña: ser socia activa de la Sociedad Argentina de Escritores. Y en este paso hay algo que me emociona especialmente: ser parte de un espacio que ha sido recorrido por escritores y escritoras de renombre, cuyas obras formaron parte de mis lecturas, formación y de algún modo, también de mi manera de mirar y decir el mundo.
Pensar que esas voces, que alguna vez leí con admiración, también habitaron este mismo ámbito, le da a este momento un sentido más profundo. Es una continuidad, un hilo que une lectura, aprendizaje y creación.
Una forma de seguir caminando, abrir nuevas puertas, encontrarme con otros y otras que también creen en el valor de lo que se escribe y se comparte.
Mi recorrido siempre estuvo ligado a la educación, literatura infantil y comunicación; a esos espacios donde la palabra no solo dice, sino que construye, acompaña y deja huella. Por eso este paso tiene sentido y significado. Porque no es solo un nombre en una lista, es parte de una historia que sigue creciendo.
Y sigo escribiendo, creando, aprendiendo. Con la convicción de que cada palabra, cuando encuentra su lugar, también encuentra a quien la necesita.
Cuando la literatura deja de ser solo palabra y se transforma en objeto, en juego y en experiencia, algo nuevo sucede.
Este espacio nace del encuentro: entre historias que buscan expandirse y manos que saben darles forma, con mirada pedagógica, sensibilidad estética y compromiso.
Crear en red es abrir caminos donde el aula se enriquece, la imaginación se materializa y cada recurso se vuelve una invitación a aprender, explorar y sentir. ✨
Gracias @rinconcreativo IG por sumarse a seguir creando recursos didácticos.
Siempre hay lugar para seguir creando ✨✨✨
Hay momentos que no hacen ruido, pero marcan un comienzo.
Hoy recibí la Declaración de Interés Educativo de mis obras literarias, en un encuentro en el Consejo Escolar de Morón junto a su presidenta, Mabel Mesa, y el secretario Agustín Pérez Lingiardi.
Fui recibida con cordialidad y afecto, en un clima que puso en valor no solo el reconocimiento, sino también el camino recorrido.
Agradecí el valor del compromiso cumplido y, en ese mismo gesto, compartí un ejemplar de mi reciente fanzine “Palabras que llegan a tu corazón”, donde reúno fragmentos literarios que forman parte de mi universo como escritora.
La conversación fue breve, pero significativa. Surgieron palabras sobre mi regreso al CIIE, un espacio que elijo y que hoy vuelve a abrazar mi tarea. Escuchar la valoración hacia mi trabajo allí fue, también, una forma de confirmación de decisiones.
Me fui con una alegría serena. Con la sensación de que algo se ordena, de que los caminos encuentran su cauce.
Y con la pasión intacta para continuar construyendo proyectos donde la literatura de autoría, infancia y comunicación se entrelazan como forma de habitar la educación. Leer crea nuevos escenarios que habilitan la palabra y escucha de todas las voces.
Este momento no es solo un reconocimiento: es el inicio de una nueva etapa.
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Viviana Vélez recibiendo la Declaración de Interés Educativo
Lanzamiento 2026
Fanzine Palabras que llegan a tu corazón.
Proyecto creado para acompañar y abrazar con lecturas de autoría.
Primera entrega para lectores de la Biblioteca del Hospital oncológico Marie Curie
Gracias a Estefanía🤗 por compartirme su motivación y ser parte del Gran trabajo y compromiso.
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Viviana Vélez © todos los derechos reservados