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lunes, diciembre 21

ROSITA EN PROBLEMAS


Atardecía en el mar de juegos; peces, cangrejos, focas, caballitos  y todo tipo de animales marinos disfrutaban de las últimas horas de una tarde cálida, tranquila y soleada.

Mientras tanto, en el fondo del mar…

Rosita, una pulpita  jugaba: hacia piruetas, volteretas y en especial girar a modo de un remolino, eso le encantaba, se divertía mucho.

Sucedió, de pronto que al pasar por entre rocas y  arrecifes de corales, uno de sus tentáculos quedó atascado en un coral.

--Uh! Pero ¿qué pasa? Mmm! Estoy  atrapada! Decía Rosita. Cuando escuchó:

--Buenas tardes! Rosita,  saludó al unísono la familia Delfín, Rosita saludó levantando dos tentáculos. Ellos  pasaban de camino a su casa y nadaban rápido y así se fueron. 

Allí siguió Rosita intentando sacar su tentáculo atascado en ese laberinto que formaba el coral, El tiempo transcurría, los rayos del sol cada vez eran menos.  De pronto  un suave movimiento del agua trajo  tres rayas blancas, al parecer   iban de paso.  Nadando despacio, concentradas y muy serias que,  no se dieron cuenta que había allí entre los corales, una pulpita en problemas.

__será posible que no pueda ¿salir de aquí? Y Rosita  volvía a insistir con fuertes movimientos para poder liberarse. --Fuerte para arriba, para abajo! Sacudiendo sus otros tentáculos  y  nada de nada. Seguía atrapada. 

--Vamos pequeñitas! Apuren la marcha!  Decía Mamá Caracola. Rosita asombrada las miraba pasar, por un instante pensó en… pero no iba a detenerlas y mejor trataré de solucionarlo solita.

Así pasaron lentamente las tres caracolas, ninguna notó que una pulpita en el arrecife de corales, estaba en problemas.

--Uy! Se está oscureciendo, tengo que Salir ¡de acá! se dijo Rosita bastante preocupada, mientras sacudía su cuerpo con ímpetu. 

-- Cangrejito, cangrejito, siempre de costado, viene y va

Cangrejito. Cantaba, avanzando sobre la arena Alejo el cangrejo.

--Cangrejito de coral! remató sonriendo Rosita; su amigo había llegado justo a tiempo.

--Rosi, es tarde para seguir jugando aquí, ¡vamos a casa! afirmó Alejo, el cangrejo. Eran amigos desde hacía mucho tiempo, compartían casi todos los momentos del día. 

Rosita, se tiñó de negro el agua, estaba tan triste. Entonces  le contó porqué aún estaba allí y rápidamente Alejo, con sus patas de pinzas cortó las algas que estaban enganchadas en aquel coral y retenían uno de los tentáculos de la pulpita.

-Libre! si! Por fin! muchas gracias! Alejo, cangrejito de coral, mi gran amigo. Exclamó con alegría Rosita.

Había llegado la noche y juntos Rosita, la pulpita  y Alejo, el cangrejo se fueron al muelle cercano, allí estaban sus casas. Sus familias estarían preparando la cena y en uno de esos hogares habría un invitado.

©Viviana Vélez todos los derechos reservados 


sábado, diciembre 19

MELINA LA BALLENA

 

Melina la ballena

Aguas marinas agita.

Con inmensa silueta,

muy Inquieta fondea.


 

Y con su gran cola

crea muchas olas.

Bailan las estrellas

sobre corales y arena.

 

Canta Melina

De noche y día

El mar tiene rarezas,

Cuidado con ellas.

 

Algunas flotan

Otras caen al fondo,

Melina avisa:

Contaminan todo.

 

Nuestro hogar,

Nuestro mar,

Melina canta

Porque triste está.

 

Ayuda a Melina

La ballena

Cuida la playa

Y el mar.

 

El agua es necesaria

Para la vida

Al igual que Melina

Todos la necesitan.

 

Melina la ballena

Se zambulle con fuerza

Infla su papada,

abre su boca gigantesca.

 

Entran toneladas de agua,

peces, rarezas y algas.

Rota y rota su cuerpo,

acelera el movimiento.

 

Luego cierra su boca,

la cetácea grandota.

A la superficie asciende

y en el mar resurge.

 

 

Exhala el aire

de sus espiráculos

¿Lo has visto?

es un gran espectáculo.

 

Melina te invita

A cuidar las ballenas

¿Sabías que son

una especie en extinción?

 Viviana Cristina Vélez © todos los derechos reservados

Realizada por 2do.grado "A" EP.Nº 1 Julio A. Roca- Morón, Pcia. Bs. As.



 

 

 

 

 

EL MAR DE LOS SUEÑOS

 Atardecer en el mar del sueño. Las nubes corrían sigilosas por el cielo, jugando a las escondidas con el viento.  Las olas bailaban impetuosas para las estrellas que comenzaban a brillar como pequeños diamantes en un  terciopelo teñido de bordó, rosa y turquesa. Poco a poco salía mirando expectante la Luna, aquella cuya  blancura radiante ilumina con su candidez. Los peces saltaban libres en las aguas del mar de los sueños. 

Fran, un pez pequeño muy particular, un soñador. Desde hace un tiempo comenzó a entrenarse en saltar cada  vez más alto entre las olas por conseguir el logro de su gran sueño: despertar el interés, la mirada de la luna  bella. Cada noche se esmeraba con profunda pasión y repetía convencido: -algún día, ella me verá desde allí arriba y me llamará por mi nombre ¡lo sé! 

Sus amigos peces que lo acompañaban siempre se reían mucho de su insistente afirmación; pues sostenían  que la luna jamás podría detener su mirada en un pequeño pez entre un gran cardumen y cientos de animales  marinos que nadan por el mar. 

Fran estaba tan enamorado de la luna que repetía cada noche, la misma rutina: saltaba entre las olas con  ímpetu y desafiándose a sí mismo: -¡lo lograré! ¡La luna me observará con admiración! Y… ¡me llamará por mi  nombre! ¡Así será! Reafirmaba su gran sueño, aquel que lo motivaba con pasión inagotable. Una noche, la luna llegó despacio hasta el centro del cielo y sonrió feliz, contemplando todo a su alrededor:  las estrellas, nubes, barcos, gente, luces, faroles, golondrinas nocturnas, y animales del mar. De pronto llegó el  cardumen dónde Fran era el pez que saltaba más alto entre el oleaje bravo que anticipaba una tormenta. El  viento comenzó a soplar tan fuerte que corría las nubes. La luna se mostró preocupada, por tanto movimiento  y algunos relámpagos que tronaban furiosos. Esta situación para Fran era más desafiante; y envistió con  mayor esfuerzo sus saltos, sabía que esa era la noche dónde ocurriría algo importante. Fran, un pez color naranja que al entrenar durante el día se cargaba con la luz del sol sus escamas y al llegar la  noche algo maravilloso se producía en él, luminiscencia. Esa noche tan rara, él se destacó en el mar oscuro, y  en uno de los saltos, llamó la atención de la luna. La curiosidad por saber qué era esa pequeña línea naranja  que se movía tan rápido en el mar; produjo que la luna comenzara a descender rápidamente. Se deslizaba a  contra viento sin detenerse, a puro salto. Hasta que se encontró con la luna en el medio del mar, se detuvo  admirado por su inmensa luz, sus ojitos quedaron maravillados. 

La luna le preguntó: - buenas noches, ¿Cuál es tu nombre?  



-Soy Fran, un pez soñador. Contestó entusiasmado 

- Fran, ¡qué bien! Tienes sueños eso es divertido. Replicó la luna. 

- Y ¡mucha pasión! Agregó Fran. 

- Pasión. ¿Y para qué sirve la pasión? 

- En el mar de los sueños, la pasión es el motor para lograrlos. Si deseo algo no me detengo. Contestó Fran  airoso. 

-Claro que ¡sí! El secreto está en ti. ¡No te detengas! Sigue creando nuevos sueños. Completó la luna. Así fue como desde aquella difícil e imprevista noche el gran sueño de Fran se cumplió. En el mar de los sueños se puede ver cómo cada noche los peces saltan felices entre las olas divertidas del  mar. Y la luna contempla sonriente iluminando sus recorridos. 

Sumérgete en él.


Viviana C. Vélez © todos los derechos reservados


¡Piedra libre!


Un pulpito se escondió,

el cangrejo lo buscó. 
La estrellita divertida,

Lo descubrió por sus risas.


-¡Piedra libre! afirmó 

Y el cangrejo se enojó 

Pulpito inquieto, rió 

 Y corriendo escapó.


-¿Quién me atrapa? 

Con picardía desafió.


Cangrejo y estrellita,

dijeron a una voz;

- te atraparemos!

Corre, corre, veloz.


© Viviana Vélez  todos los derechos reservados