Escritora · Prof. Esp. en Alfabetización · Literatura de autoría para todas las edades.
sábado, noviembre 27
Tony un bichito audaz
martes, noviembre 9
Feliz Luna
Cuenta las estrellas
Y llega a treinta.
Sigue atenta
Cuenta que cuenta
Vuela alto y aletea.
Casi pierde la cuenta
Mira hacia el mar
y detiene su contar.
Adela la ballena,
En el agua se balancea,
que la saluda atenta.
¿Qué haces? Luna
Le pregunta Adela
Cuento estrellas,
Y voy por setecientas!
le dice Adela.
Difícil que tengas
Un resultado a tu cuenta.
La Luna asombrada
se ríe de pronto,
y lo ilumina todo.
Desde la tierra
admiran
blanca, redonda,
que enamora.
©Viviana C. Vélez
lunes, diciembre 21
CABALLITO LUZ DEL CIELO
El caballito Poroto es blanco porque tiene luz de luna, manchitas marrones porque su mami comía barritas de chocolate cuando lo tenía en su pancita.
Poroto relincha muy fuerte y más cuando corre jugando a la mancha con los nenes del jardín, vive en el parque y disfruta cada día de las sonrisas, canciones y aventuras.
Trota que trota y frena a tiempo…cuando el límite de su espacio termina, es muy atento y observador. Con patitas temerosas explora el campito, busca y rebusca los mejores y exquisitos pastitos verdes del lugar. Salta la soga, marcha bonito, se escucha a lo lejos su andar rapidito: ¡Pla, Pla, Pla, Pla!
Sus crines son rayitos de sol, acarician el viento que inquieto traspasa, uniéndolos. Si le avisan que alguien una foto tomará tanto se alegra que relincha, levantando su cabeza con movimientos como si respondiera ¡de acuerdo! Y graciosamente muestra sus dientes grandes y blanquitos.
Sus ojitos negros brillan en la noche, dicen que una estrella le regalo destellos cuando era potrillo. Son estrellitas pequeñas, cuando la luz de la luna refleja intensamente y el día se llena de sol: Poroto te mira y sentís calor.
Porque no es un caballito cualquiera; le gustan las flores, olerlas y también comerlas ¿Será que se llena de aroma y belleza? O por tantas florcitas que se lleva en su pancita atrae a tantas maripositas que vuelan y sobrevuelan cerca, todas lo rodean…
En verano o primavera acompañado de muchas de ellas, cotorritas, loritos, gorriones, jilgueros, calandrias, perros, gatitos y hasta ardillitas llegan para jugar, pues Poroto es muy amistoso.
Vive en el lugar dónde siempre quiso, en el parque del Jardín de Infantes……donde el tiempo no tiene límites y siempre se aprende jugando algo nuevo. Allí la alegría no cesa, el entusiasmo se contagia y una melodía dibuja un sinfín de sonrisas.
Poroto, un caballito que crece seguro y feliz, espera confiado cumplir un sueño. Un pajarito me contó: -Poroto espera a un gran amor…él sabe que muy pronto llegará y será en el momento justo.
Porque Poroto es una semilla creciendo en una tierra de Esperanza que brilla: Oro Verde.
Viviana C. Vélez © todos los derechos reservados
sábado, diciembre 19
VERDE HISTORIA
UNA RANA SALTABA
DE UNA
A OTRA RAMA
SUS
HUELLAS DEJABA
PATAS Y
PATITAS
A PURA
RISITAS.
UN SAPO
LOCO
MIRABA
UN COCO
QUE MUY
RÁPIDO CAÍA
SOBRE
LA POBRE RANITA.
CAYÓ EN
LA RAMA,
DESPUES
A LAS HUELLAS,
SIGUIÓ
A LA RANA
Y LE
DIO EN LA CABEZA!
ZA, ZA,
ZA, ZAS!
EL SAPO
ASUSTADO
SALTÓ
DE INMEDIATO
SOCORRIÓ
A LA RANITA
PUES
QUEDÓ PLANCHADITA.
LE MOJÓ
LA CARA
CON SU
LENGUA LARGA,
RANITA
DESPERTÓ
Y A
CROAR COMENZÒ.
ESTA FUE LA HISTORIA
QUE MAMÁ ME CONTÓ
UN DIA DE CAMPO
A PLENO SOL.
Viviana Cristina Vèlez © todos los derechos reservados
RINI Y VIC UNA HISTORIA SIN FIN
Era verano en la ciudad del sol, una hormiga colorada llamada Rini que al igual que todas las hormigas hacen, caminaba lenta detrás de otra llevando hojas, migas de pan y galletitas hacia su hormiguero. Como siempre un desfile de gotitas oscuras que van en una misma dirección. Cada día de calor y humedad las hormigas recolectaban y almacenaban comida para el invierno.
Pero también disponían tiempo para distraerse detrás de un picaflor colorido o mariposa traviesa que invitaban a correr y jugar. Los días de lluvia también encontraban motivos para la diversión iban a chapotear en los charquitos y saludar a los caracolitos del lugar, intercambiando historias para reír y aprender nuevas cosas.
Cuando veían que un humano arrojaba al piso resto de caramelo o chicle, corrían compitiendo a ver cuál llegaba más rápido, o quién en el afán por ganar caía en la trampa melosa de un chicle muy masticado. El entusiasmo y el disfrute de esos pequeños momentos eran inolvidables.
La única que no se involucraba en la diversión era Rini, que con un ¡No puedo! tengo mi responsabilidad contestaba cada vez que algunas de sus compañeras la invitaba a jugar. Rini se preocupaba mucho por tener más de lo necesario para pasar el invierno, tenía poca edad y sus padres le recomendaron que siempre sea responsable. En realidad sería su primera experiencia, pero no quería afrontar sorpresas desagradables de quedarse sin alimento. Rini no se detenía un momento, pero si observaba cómo disfrutaban del juego sus compañeras y hasta sentía ganas de hacer lo mismo, pero no se lo permitía, pues se repetía a sí misma: -- soy responsable de mi alimento.
Así los días de aquel verano y otoño pasaron…Y llegaba el invierno. Aquel hormiguero estaba completo y muy abastecido de alimento. Rini se sentía orgullosa y satisfecha al igual que todas las demás. Comía y comía y escuchaba las bellas y divertidas historias de las aventuras vividas en el verano y otoño de sus compañeras del hormiguero, quienes se reían muchísimo sin parar.
Pero Rini no tenía nada que contar, pues no había jugado en ninguna oportunidad, ella pensaba y pensaba, se decía: - ¡qué aburrida estoy! Tengo más de lo necesario, y me siento vacía…
Una hormiga llamada Vic que la observaba detenidamente reparó en sus ojitos brillantes y su carita cabizbaja mirándose sus patitas; se acercó a Rini lentamente y le dijo: - No estés triste, piensa mejor en todo lo que vas a disfrutar cuando llegue la primavera. Rini levantó su cabeza
y la miró a los ojos con asombro. La hormiga Vic continuó: -la primavera es muy linda, llena de colores todo a tu alrededor, llega el amor, una mezcla de aromas invaden tu corazón y cantas, danzas, saltas, corres y ¡sí! Las ganas de jugar son ¡muchas!
Rini muy entusiasmada la escuchaba con ansias y sus ojitos habían cambiado el brillo, su carita también, la angustia, culpa y tristeza desaparecían, la alegría, la pasión por descubrir esos momentos la animaba inmensamente.
Así comenzó una hermosa amistad entre Rini y Vic que desde ese día no dejaron de compartir charlas de diferentes temas, la experiencia que Vic tenía acerca de la vida en busca de la
felicidad de disfrute de los pequeños momentos de la vida llenaron los días en la vida de Rini. Y la historia de afectos entre ellas no tuvo fin.
Viviana Cristina Vèlez © todos los derechos reservados
EL GRAN CARACOL
En un jardín lleno de flores caminaba lentamente un Gran caracol orgulloso de su tamaño y experiencia en huir rápidamente de problemas. Los insectos del lugar lo saludaban con mucho respeto, reconocían su larga trayectoria en huidas y salvatajes de compañeros de aventuras.
Al saludarlo, siempre acompañaban con un gesto con la mano y el dedo pulgar hacia arriba, a él le gustaba mucho esa forma de saludar; asintiendo con sus antenas y una gran sonrisa respondía.
Se deslizaba por todo tipo de pasto, planta, piedritas o elementos que se le presentara en su camino. No existía nada camino que para él resultase difícil, le agradaban los desafíos.
Una tarde de esas en que el sol pincela el cielo con sus matices anaranjados y las nubes toman color rojizo, el gran caracol subía hacia la copa de un árbol entusiasmado por llegar a una cereza deliciosa que durante una semana avistó saboreándose y soñando con el momento de disfrutar de su exquisitez. Cuando le faltaba poco para llegar, llegó un pájaro carpintero. Con su pico filoso comenzó a golpetear el tronco del árbol y a moverlo muy fuerte; el Gran caracol de a momentos perdía el equilibrio, no lo tenía en sus planes. En un momento tan fuerte eran los golpecitos y continuos, que finalmente provocaron su caída. Crash!...pum pum pam!...ay! zas! Al suelo y dentro de su caparazón se resguardó, rápidamente se acercaron hormigas que desfilaban por allí, y una de ellas le preguntó.- ¡hola! ¿Te encuentras bien? ¿Necesitas ayuda? El Gran caracol despacio y dolorido se hamacó, logró darse vuelta, salir de su casita y responder:-¡hola! Si, algo de dolor, pero ¡bien! ¡Jajajajaja! ¡Qué magnifica caída! ¡Jajajajajaja! Y las hormigas que allí estaban contagiadas acompañaron su risa de tal forma que todos reían a carcajadas.
Las hormigas felices de conocer un nuevo y tan simpático amigo lo invitaron a comer la especialidad que la hormiga reina había preparado.
Una de ellas le dijo al gran caracol:-Ahora eres nuestro amigo e invitado.
Gran caracol respondió:-¡qué feliz que estoy! ¡Muchas gracias! Invitado ¿adónde? Y todas las hormigas al unísono respondieron:- a saborear ¡la gran torta de cerezas deliciosa! La cara de Gran caracol se transformó: sus antenas con ojitos felices brillaban, y su boca con sonrisa inmensa, dijo:-¡Cerezas! Mmmm….si! allá ¡vamos!
Y así todos juntos cantando una canción fueron al hormiguero con el tesoro dulce preferido de Gran Caracol.
Viviana Cristina Vèlez © todos los derechos reservados
FRANCIS Y UN NUEVO VUELO
Amanecía en la plaza Mitre, el sol comenzaba a estirar sus rayos suavemente sobre el cielo inmenso con un gran bostezo despertaba al día nuevo. Así todas las aves desde los distintos lugares donde tuvieron sus sueños nocturnos recibían un nuevo y delicioso amanecer.
En la copa de unos de los álamos de esa plaza vivía Francis, un loro muy coqueto al que le gustaba mucho mirarse en el agua que encontrara, charco, balde, fuente o vidrio; que reflejaran a modo de espejo su propia imagen. Se admiraba con mucha atención y orgullo, pues sostenía en su pensamiento que él era el más lindo y apuesto de todos los loros que existían en ese lugar. Las loritas elogiaban a Francis por el aspecto de sus alas brillantes verdes y amarillas, su pico muy lustrado que reflejaban pequeños destellos del sol, sus ojitos negros con mirada muy interesante y su forma tan ágil de volar, se llevaba todos los suspiros.
Francis tenía muchos amigos pues también le gustaba conversar sobre diferentes temas: el tráfico, los niños, las frutas, los juguetes, el tiempo, también le agravada escuchar historias de sus mayores, le parecían muy útiles, decía siempre: - seguro que algo nuevo aprenderé. Y era así, pues las experiencias narradas tenían aprendizajes valiosos.
Cuando algún nuevo desafío se presentaba ante Francis hacía memoria y zas! Sabía resolver todo tipo de situaciones. La frase preferida: “todo sucede por alguna razón” la repetía en el momento justo, la había escuchado cuando era muy pequeño, el día que perdió a su papá en una tormenta de verano y su mamá la decía mientras lloraba. Desde ese día se encargó que nada le faltara a su mami y la cuidaba siempre, Francis quería que ella siempre estuviera orgullosa de tenerlo como hijo. Ocurrió que de pronto en ese amanecer tan cálido comenzaron a invadir el cielo, muchas nubes grises y oscuras. El viento que repentinamente sacudía los árboles y plantas del lugar y todas las aves volaban rápidamente a refugiarse de la gran tormenta que llegaba.
Francis ayudó a su mami hasta un hueco del árbol y luego a otros amigos con sus pichones. Volaba sin parar de un lado a otro.
Una sábana que volaba sin rumbo por los aires atrapó a Francis que sin mediar movimiento por esquivarla quedó atrapado, y cayó con un fuerte golpe al piso. Dos amigos vieron lo ocurrido y rápidamente ayudaron a Francis, estaba muy lastimado y dolorido. Tenía golpes en un ojo y en una de sus alas que no podía mover.
Sus amigos lo llevaron hasta un lugar seguro y lo atendieron, trajeron a su mamá y luego de la tormenta fueron hasta su casita en la copa del árbol más alto, el lugar de Francis. Poco a poco logró recuperarse hasta nuevamente poder salir en busca de un nuevo y mejor vuelo. Después de tanto tiempo, todas sus ansias y deseos por hacer aquello que le encantaba disfrutar: volar sin medida ni límites, con giros, ascensos y descensos, bien alto hasta casi llegar al cielo.
Viviana Cristina Vèlez © todos los derechos reservados
OSCUROLANDIA
Hace mucho tiempo existía un lugar llamado Oscurolandia, donde las nubes grises cubrían el cielo todo el día y no permitían que los rayos del sol pudieran dar calor a los habitantes que allí vivían. Al no tener los rayos de energía solar provocaba tristeza, desazón y mal humor…siempre estaban muy cansados, aburridos, melancólicos y sin ganas de hablar, tan sólo escribían para desahogar sus innumerables penas. El color blanco, negro y gris invadía cada lugar.
Un día, desde otro país lejano llegó un ave rara de color, distinta a todas las que allí se veían blancas, grises, negras y ésta era verde, traía una bolsita rojo suave con forma de corazón en su pico largo de color rosa. Sobrevoló de un lado a otro sin detener su vuelo.
Los habitantes asombrados por los colores, quedaban como estatuas admirando ese movimiento de colores. El ave desplegaba sus alas, jugando entre las nubes…cuando inesperadamente emprendió el descenso hacia donde estaban los espectadores: ancianos, adultos, jóvenes y niños.
La multitud se dispersó rápidamente en forma de ronda y el ave se posó casi en el centro de ese círculo imaginario, desde allí observaba a cada persona, iba girando lentamente. El silencio se apoderó del momento, aunque nadie sentía temor sólo admiraban con intriga al ave verde con pico rosa y una bolsa con forma de corazón. Todos se preguntaban -¿qué tendrá en esa bolsa? ¿Para qué la trae? ¿Por qué llegó hasta aquí? ¿De dónde vendrá? Y así se escuchaban susurros intrigantes.
El ave levantó sus alas, y depositó la bolsa con forma de corazón y allí se quedó. Lentamente comenzaron a acercarse los habitantes de Oscurolandia sin temor, fascinados…sus caras mágicamente transformadas…las sonrisas se dibujaban en sus rostros, un brillo especial iluminaba las miradas, y una necesidad incontrolable de abrazar se apoderó de todos los habitantes del lugar, primero a la gran ave y luego entre ellos. Poco a poco la tristeza, el mal humor, la angustia se esfumaron de esos rostros; las mejillas comenzaron a tomar color rosado y los ojos se pintaron de diversos colores. Sólo se escuchaban risas y palabras como Perdón, te quiero, te necesito, gracias, puedes contar conmigo, estoy junto a ti y muchas más de afecto.
Nadie sabía qué contenía la bolsa con forma de corazón color rojo suave que en el transcurso del tiempo que pasaba iba cambiando a un rojo cada vez más intenso y su tamaño crecía más y más.
Durante toda esa tarde las expresiones de ternura y cariño colmaron las vidas de abuelos, abuelas, madres, padres, tíos, tías, hijos, hijas, sobrinos y muchos más…los lazos de amistad, contención y afecto. Al llegar la noche, las nubes se fueron como siempre ocurría y la luna iluminaba de blanco todo.
El ave levantó la bolsa con su pico, le costó trabajo, pues tenía mayor tamaño. Y aleteando sus grandes alas emprendió vuelo hacia el cielo, hasta perderse de la vista de los habitantes de Oscurolandia que exhaustos por todo lo acontecido en ese día tan distinto y sorpresivo; emprendieron regreso a sus casas.
La noche durmió su gran sueño…y al despertar un nuevo día…nuevamente el gran ave verde sobrevolaba la ciudad, rápidamente los habitantes que la veían avisaban a otros para admirarla con gran expectativa. Se preguntaban ¿qué sucederá de extraordinario hoy? Todas las miradas estaban en el ave verde. Sucedió que con la bolsa corazón comenzó a tocar suavemente cada nube que cruzaba durante su vuelo y algo asombroso se producía: la nube se esfumaba, desapareció…mágicamente. Una nube...dos...tres...cuatro…cinco…seis…siete…y asì todas las que opacaban el brillo y calor del gran sol amarillo. Y se vislumbró un inmenso Arco Iris que abrazaba todo el territorio del pueblo de Oscurolandia. Nacía de la bolsa roja con forma de corazón… Los colores invadían pincelando cada espacio asombrosamente, a la vista de todos los habitantes que asombrados de tanta maravilla, quedaban expectantes sólo se escuchaban exclamaciones: -¡Asombroso! ¡Divino! ¡Milagro! ¡Son colores! Y acompañaban con sonrisas, carcajadas, lágrimas, aplausos, abrazos, besos, rondas, saltos, brazos extendidos al cielo, manos entrelazadas, la felicidad y la alegría eran protagonistas del suceso.
La bolsa con forma de corazón había aumentado de tamaño de forma extraordinaria que causó interrogantes en algunos habitantes que alertaron rápidamente a todos allí presentes.
El ave se acercó a la misma muy despacio, observando a todos que la rodeaban, ya no era una simple bolsa roja con forma de corazón, había tomado gran tamaño como el de un árbol de limones y de la altura de aquella ave.
Lentamente el ave se acercó y con su pico tocó ese gran corazón…y miles de burbujas rojas se expandieron por todos lados y estallaban al rozar a cada persona e inmediatamente la felicidad invadía a cada ser. La alegría floreció y llenó de colores todo alrededor.
Aquella ave observó nuevamente hacia todas las direcciones, levantó su pico al cielo, extendió sus alas y emprendió un magnífico vuelo… hacia el sol, llevándose las miradas de toda la multitud y siguió su vuelo…lejos…más lejos.
Desde ese día todos los habitantes del lugar descubrieron la belleza mágica de la vida, aquella luz que ilumina el sentido del ser… que está en el dar sin medidas…¡sorprendentemente!
Viviana C.Velez © todos los derechos reservados
LALIS, UNA LAGARTIJA SIN IGUAL
En una esquina peligrosa de Avenida Guido, vive una lagartija muy hábil y rápida, tiene su guarida en una alcantarilla que justo en la entrada tiene dos plantitas. Cuando alguien sea humano o animal pasa por allí, saben ciertamente que vive Lalis la lagartija más experimentada en velocidad de zona oeste, de una ciudad llamada Castelar donde se corren las carreras más famosas de lagartija y dónde el peligro automovilístico es mayor a lo conocido.
Las calles están plenamente invadidas con automóviles de todos los tamaños y colores que confunden a las lagartijas que se desplazan con astucia y habilidad a toda hora esquivando peligros.Todos los sábados por la noche, al encenderse las lámparas y faroles de avenida Guido, acuden grupos de lagartijas a la plaza del lugar, llamada “Plaza del Puente” justo en el lugar ubicado entre la cancha de futbol y los aparatos de gym; allídónde un camino delimitado de cemento negro hace de pista de carrera para las lagartijas corredoras.
En una de esas noches donde el rocío comienza tempranito a pintar con pequeñas gotitas todo. Estaban todos los animales, perros, gatos, pájaros, roedores e insectos del lugar, convocados para una de las carreras del día, para alentar a sus favoritas.
Lalis se llevaba siempre todos los aplausos, pues era la ganadora invicta desde hacía más de tres años., según dicen: “corre siempre para alcanzar su meta, su sueño”; pareciera que tuviera efecto nitro pues redobla sus fuerzas para llegar exitosa y ser aclamada por sus fans, con mucho orgullo y
algo de altanería, pues de cierta manera se creía superior a sus compañeras. Algo ocurrió esa noche de carrera. Se alinearon, como siempre cinco lagartijas, entre ellas Lalis. A la voz de largada todas salieron velozmente disparadas con la adrenalina verde.
Pasó cierto tiempo y cada una fue tomando un lugar de orden, como siempre ocurría Lalis a la cabeza en el primer puesto. Muy orgullosa cuando por un momento giró su cabeza hacia atrás, ella quería ver quién la estaría por alcanzar…Ahhh!...¡ops! ¡ay! ¡Ay!¡ay!¡ay!¡ay! pum…pum! Chas!...al piso rodando como una pelotita de tenis, afuera de la pista fue a parar Lalis, tropezó con sus mismas patitas.
Casi todos los presentes se acercaron a Lalis, para saber si estaba lastimada, si se encontraba bien. Lalis muy decepcionada sólo decía:-Tranquilos amigos estoy bien, sólo triste por perder. Se incorporó con su cabeza inclinada y sus ojitos brillantes de angustia y vergüenza, camino hacia un costado de la pista y allí se quedó. La carrera prosiguió y llegaron el 1er. 2do 3er. Y 4to.puesto con sus premios ramos de yuyitos, menta y romero. Y una nuez caramelizada para la ganadora con su medalla respectiva.
La lagartija Peris quién era amiga de Lalis, ella al recibir sus premios quiso que Lalis se los entregara; así que la llamaron coreando su nombre:-¡Lalis!, Lalis, Lalis! Y dejando la tristeza y la frustración por lo ocurrido en el piso, se levantó y corrió feliz acudiendo al llamado junto a su amiga Peris. Le dijo:-¡Aquí estoy! Y ¡estoy feliz! de estar a tu lado, en este bello momento. Peris muy contenta con su actitud le contestó:-Yo también al ver que le diste más importancia a la amistad que a lo que te ocurrió a ti. ¡Eres mi favorita! ¡Qué honor que seas quién me da el premio! Lalis respondió muy asombrada:- ¡festejemos! ¡Sí! ¡Arriba campeona!
Y así fue como desde esa noche Lalis perdió su orgullo y aprendió a compartir los logros. Avenida Guido lugar de lagartijas corredoras, veloces y muy amigas.
Viviana C. Vèlez © todos los derechos reservados
¡Piedra libre!
Un pulpito se escondió,
el cangrejo lo buscó.Lo descubrió por sus risas.
-¡Piedra libre! afirmó
Y el cangrejo se enojó
Pulpito inquieto, rió
Y corriendo escapó.
-¿Quién me atrapa?
Con picardía desafió.
Cangrejo y estrellita,
dijeron a una voz;
- te atraparemos!
Corre, corre, veloz.
© Viviana Vélez todos los derechos reservados
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Crónica institucional sobre un hallazgo bibliográfico y una jornada de encuentros en el CIIE de Morón, espacio de formación docente, interca...
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Hay momentos en los que quienes escribimos descubrimos que las historias encuentran caminos propios. Caminos que trascienden las páginas ...
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