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sábado, noviembre 27

Chanchos y chanchitos

En un gran charco chapotea, contento un chancho.
El barro salpica para todos lados.
El chancho pequeño enojado también chapotea
en una batea con agua y un chapoteo grande se arma.
Llegan más chanchos al chiquero, a puro chapoteo de agua Y barro.
Chanchos y chanchitos. ¡Sanch, sanch! los llamas
y pronto vendrán todos los chanchos y chanchitos . 
Dejarán de chapotear, con chillidos y gruñidos responderán.

Viviana Cristina Vélez © todos los derechos reservados



Tony un bichito audaz



Tony un bichito, de esos que son muy inquietos, saltones, pintorescos y provocadores. Un piojo rebelde y simpático; que disfruta escuchar conversaciones de todo tipo, siempre está muy atento, pues con volteretas circenses, salta de cabeza en cuerpos con cabellos, tanto de animales como humanos. Desde pequeño conoció distintos lugares y cuántos. Se mudó centenares de veces durante su pequeña vida, pues sólo con 3 añitos que para él representan más de lo que cualquiera de nosotros pudiera imaginar.
Tony siempre provocando molestia, pica que te pica cabecitas de niños de todas las edades, mamis, papis, tíos, abuelos y cuerpitos de perros, gatos, conejos, pollitos, palomas, loritos, hasta un día visitó a un gran oso,
pero esa es otra historia. Todo lo que se presentará con pelos era atrayente y muy tentador para Tony; cabellos rubios, canosos, pelirrojos o castaños, lacios o con rulos. Conocedor experimentado en saltos, descubría nuevos e interesantes lugares para vivir por un tiempo, piojito nómade. Cuando veía que se aproximaba la limpieza: champú, loción, spray y...peine fino. – ¡Ay! ¡Noooo! Porfis con el rastrillo ¡noooo!
Desalojo ¡no! El miedo se apoderaba de Tony y salía huyendo despavorido como un resorte.
El problema para Tony era el comienzo del invierno y pasar esos tiempos de tanto frío. Pues al llegar la noche si estaba en un animal y las uñas rascaban caía varias veces al piso helado y en la cabeza de algún niño, un peine o cepillo lo atrapaba y zas! Caía a cualquier sitio con agua, otra vez...el frío. Las rutinas son aburridas para Tony. Apasionado por los cambios rápidos, los imprevistos, las sorpresas que generan impulsos y
desafíos; crece, aprende a tomar decisiones a veces correctas otras desacertadas. Tony, el piojo audaz repite una frase que un algún día, escuchó del actor de una película: -“A veces se pierde para ganar y otras se gana
para perder” no se la olvidó nunca. En esa ocasión vivía en la cabeza medio calva de un abuelo aficionado al cine y al que le gustaba mucho escuchar y bailar el tango, aprendió muchos pasos y sacaba brillo a la parte
calva que hacía de pista, tiempos divertidísimos.
Ocurrió que en un verano de esos inolvidables por el calor bronceador del sol, en una playa llenísima de gente
de todos los tamaños, edades y colores; Tony saltaba de cabeza en cabeza pues sus patitas no soportaban las altas temperaturas. Por un instante... ¡ZAS! ¡ZAS! Cayó a la arena mojada. Justo escucha ¡Giiiiiiiiii! ¡Zas!
¡Pum! ¡Pam! Una gaviota despistada aterrizó.
-¡Ji, ji, ji! Sorry, perdono, perdón, digo ¡perdón! ¿Te lastimé pequeño? Dijo la gaviota políglota.
-Naaaa, para nada, ¡me asustaste! Y ¡cómo! Respondió Tony con carita de asombro.
-¡ja, ja, ja! No era mi intención. No te vi. ¡Ja, ja, ja, ja! Agregó la gaviota alegremente, aleteando para secar
sus alas, sacudiendo agua salada.
-¡Ey! Seré chiquito pero soy un ¡Piojo! Replicó Tony muy orgulloso.
-Un piojo ¿qué haces? Preguntó curiosa la gaviota.
-Soy un insecto, parásito, sin alas y mi especie es grande somos como 3.250 familias. Dijo Tony.
-¿Parásito? ¿Qué significa? Agregó la gaviota interesada en una palabra nueva.
-Eh jemm! Vivo picando y me alimento de la sangre de animalitos y humanos, como los mosquitos, pero me
quedo instalado en un lugar velludo o con plumas, hasta que... ¡chau! Me desalojan. Explicó Tony.
-¡Uy! Entonces, creo que se me hace ¡tarde! ¡Bye, bye! ¡Ciao! ¡Freilos! ¡au revoir! ¡Chaucitooo! contestó la gaviota muy nerviosa.
-¡ja, ja, ja! ¡Espera! no te vayas, que no te voy a hacer nada. Viste soy chiquito, pero peligroso ¡Jajajajajaja!
Agregó desafiante Tony.
-Yo soy más grande, no te tengo miedo, ¡Ji, ji. Ji, ji! Refutó la gaviota con actitud burlesca, mientras elevaba
sus alas.
-Dime ¿Cómo te llamas? ¿Adónde vas? Preguntó intrigado el piojo Tony.
-Soy Dana, una gaviota aventurera, amo volar, viajar, ser libre. Me voy a una fiesta en otra playa.
-¡Uy! ¡Qué lindoooo!...fiesta, luces, música, gente bailando, cabellos al viento... ¡me gusta!
¿Puedo ir con vos? Preguntó ansioso con ojitos brillantes Tony.
-¡Dale! Subí, pero... ¡ojito con picarme! ¡Vamos! Afirmó Dana y así emprendió un nuevo vuelo, esta vez
compartido.
Esa tarde Dana y Tony volaron por el mar y juntos disfrutaron la fiesta nocturna en la playa. 
La música motivaba el gran vuelo de Dana con giros elocuentes y mágicos. Tony frenético, entusiasmado por esa
fascinante noche, saltaba de cabeza en cabeza al ritmo musical.
Había comenzado una gran amistad. Llegaba el amanecer y estaban muy cansados, Dana y Tony encontraron la copa de una gran palmera para descansar.
Al día siguiente los rayos del sol despertaron a la gaviota Dana y al piojo Tony.
-Dana ¿podemos ser amigos? Y ¿viajar por siempre juntos? Preguntó el piojo entusiasmado.
-¡Sí! Claro, si ya somos amigos. Te cuento que vivo viajando de norte a sur, de sur a norte. Siempre en busca de recibir el verano. No me gusta el invierno. ¿A vos? Contestó Dana.
-¡Oh! Si, a mí también. Adoro el calorcito, volar, nuevos horizontes, conocer amigos, los desafíos y divertirme con todo lo que la vida regala. Respondió muy seguro Tony.
Así fue como un pequeño piojo audaz y Dana una gaviota soñadora emprendieron nuevas e inolvidables aventuras por los cielos y mares de las playas del mundo.

Viviana Cristina Vélez © todos los derechos reservados




sábado, diciembre 19

LA ESTRELLA QUE SE REIA DE SI MISMA

Cierto día una estrella que brillaba intensamente en el cielo azul de una ciudad cualquiera, se  descubrió en el reflejo del mar… 

Cada noche como perfecta rutina, se contemplaba en el mar y orgullosa improvisaba muecas  diferentes con su cara...-¡Jajajaja!...ahora ¡cara de enojada!....qué divertido!.. jejeje!...carita de  asombro!....jijiji! ojitos chinos!...jojojo! cara de osoooo! Jujuju!...cara de susto!...y así cada noche  creaba juegos y muchas risas con su reflejo en el gran mar… 

Tanto se divertía y sus risas se dispersaban en el silencio de la noche…que al reír, destellos  luminosos salían de sí y tanto resplandor continuo despertó la curiosidad de las demás estrellitas del  lugar. Comenzaron a observarla con muchísima atención… 



Decían:-¿Qué hace que despliega tanta alegría? ¿Cómo puede reír tanto estando sola? … 

Todas pensaban y murmuraban… ¿Qué será que la divierte tanto…qué le provoca emoción y  alegría? Sin embargo ninguna de las estrellas se atrevía a preguntarle. Sólo la miraban…e  inevitablemente se contagiaban de sus risas, comenzaron a imitarla y disfrutaban la  alegría…sonaban risas como ecos sin fin… 

Fue así como cada noche en aquella ciudad cualquiera, con el mar de testigo; los peces también  afectados por tantas risas y alegría desbordante…comenzaron a saltar para curiosear que  sucedía allá arriba...en el cielo. Preguntaban:-¿de dónde vienen tantas risas? ¿Qué está pasando…?  ¿Esta música es tarantela?…escuchen… Y sí efectivamente las risas eran tan armoniosas que  sonaba a tarantela. 

Jajajaja!-jejejeje!-jijijiji!-jojojojo!-jujujujuuuuu! Y así…causaba mucha emoción…alegría y ganas de  danzar!...los peces, las estrellas de mar, los pulpos, las caracolas, y todos los seres que tenían vida ,  eran invadidos por esta melodía mágica de felicidad; saltaban y se balanceaban al ritmo musical…el  impulso era tan fuerte que no tenía límites hasta el amanecer...Las noches habían cambiado en esa  ciudad cualquiera…ya no eran las mismas. 

La tarantela celestial de una estrella única y ocurrente transforma a cualquiera que visita esa  ciudad. Tan sólo basta escuchar… que el cuerpo solito comienza ¡a danzar!... 

Viviana Cristina Vélez © todos los derechos reservados




FRANCIS Y UN NUEVO VUELO

Amanecía en la plaza Mitre, el sol comenzaba a estirar sus rayos suavemente sobre el cielo  inmenso con un gran bostezo despertaba al día nuevo. Así todas las aves desde los distintos lugares donde tuvieron sus sueños nocturnos recibían un  nuevo y delicioso amanecer.  

En la copa de unos de los álamos de esa plaza vivía Francis, un loro muy coqueto al que le gustaba  mucho mirarse en el agua que encontrara, charco, balde, fuente o vidrio; que reflejaran a modo de  espejo su propia imagen. Se admiraba con mucha atención y orgullo, pues sostenía en su  pensamiento que él era el más lindo y apuesto de todos los loros que existían en ese lugar. Las loritas elogiaban a Francis por el aspecto de sus alas brillantes verdes y amarillas, su pico muy  lustrado que reflejaban pequeños destellos del sol, sus ojitos negros con mirada muy interesante y  su forma tan ágil de volar, se llevaba todos los suspiros. 


Francis tenía muchos amigos pues también le gustaba conversar sobre diferentes temas: el tráfico,  los niños, las frutas, los juguetes, el tiempo, también le agravada escuchar historias de sus mayores,  le parecían muy útiles, decía siempre: - seguro que algo nuevo aprenderé. Y era así, pues las  experiencias narradas tenían aprendizajes valiosos. 

Cuando algún nuevo desafío se presentaba ante Francis hacía memoria y zas! Sabía resolver todo  tipo de situaciones. La frase preferida: “todo sucede por alguna razón” la repetía en el momento  justo, la había escuchado cuando era muy pequeño, el día que perdió a su papá en una tormenta de  verano y su mamá la decía mientras lloraba. Desde ese día se encargó que nada le faltara a su  mami y la cuidaba siempre, Francis quería que ella siempre estuviera orgullosa de tenerlo como hijo. Ocurrió que de pronto en ese amanecer tan cálido comenzaron a invadir el cielo, muchas nubes  grises y oscuras. El viento que repentinamente sacudía los árboles y plantas del lugar y todas las  aves volaban rápidamente a refugiarse de la gran tormenta que llegaba. 



Francis ayudó a su mami hasta un hueco del árbol y luego a otros amigos con sus pichones. Volaba  sin parar de un lado a otro. 

Una sábana que volaba sin rumbo por los aires atrapó a Francis que sin mediar movimiento por  esquivarla quedó atrapado, y cayó con un fuerte golpe al piso. Dos amigos vieron lo ocurrido y  rápidamente ayudaron a Francis, estaba muy lastimado y dolorido. Tenía golpes en un ojo y en una  de sus alas que no podía mover.  


Sus amigos lo llevaron hasta un lugar seguro y lo atendieron, trajeron a su mamá y luego de la  tormenta fueron hasta su casita en la copa del árbol más alto, el lugar de Francis. Poco a poco logró recuperarse hasta nuevamente poder salir en busca de un nuevo y mejor vuelo. Después de tanto tiempo, todas sus ansias y deseos por hacer aquello que le encantaba disfrutar:  volar sin medida ni límites, con giros, ascensos y descensos, bien alto hasta casi llegar al cielo.


Y en unos cuantos riiiiiiiiiiii, riiiiiiiiiiiiiiiiii, riiiiiiiiiiiiiiiiiiiii, expresaba su inmensa alegría por su fantástico  nuevo vuelo. Desplegar sus alas al viento y dejarse llevar… 

Viviana Cristina Vèlez © todos los derechos reservados


¡Piedra libre!


Un pulpito se escondió,

el cangrejo lo buscó. 
La estrellita divertida,

Lo descubrió por sus risas.


-¡Piedra libre! afirmó 

Y el cangrejo se enojó 

Pulpito inquieto, rió 

 Y corriendo escapó.


-¿Quién me atrapa? 

Con picardía desafió.


Cangrejo y estrellita,

dijeron a una voz;

- te atraparemos!

Corre, corre, veloz.


© Viviana Vélez  todos los derechos reservados


Escobacha

Escobacha, escobita 

Barre hojitas 

Limpia la sala 

Y corre solita. 

Cuando llega su amiga 

La linda brujita 

Escobacha baila 

Por toda la casa. 

Brujilinda le dice: 

-Escobacha amiga, 

Volemos alto 

Y sin prisa. 

Chiribín, chiribín 

Escobacha y Brujilinda 

De paseo se van… 

Entre luna y estrellas 

La magia brillará. 

©Viviana C. Vélez todos los derechos reservados






miércoles, diciembre 16

LA GATA MALENA

 

La gata Malena 

salta y trepa 

por jardines y tejados, 

anda por todos lados. 

Maúlla algo raro. 

Siempre entona tangos. No es chiste, 

te lo afirmo. 

Rogelio su dueño. 

Le pone moño y sombrero. Le dice:- Malena 

Y ella escucha atenta. 

Al compás del dos por cuatro suena el bandoneón, 

es la cumparsita 

que a Malena la invita. 

Esta noche estrellada 

Malena la gata 

a puro maullidos, 

presentará una milonga. 

¡No te la pierdas! 

a medianoche, a puro tango a la más linda del barrio. 

©Viviana C. Vélez