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viernes, mayo 2

Pruno, el ternero

A orillas del río, donde el agua canta su propia canción y el viento acaricia las hojas de los sauces, vivía Pruno, un ternero marrón claro con algunas manchas blancas. Amaba pastar en los verdes tiernos que crecían junto a la costa, especialmente esos brotes frescos que emergían después de una lluvia, cuando el río subía o bajaba dejando la tierra húmeda y llena de vida. Cada mañana, Pruno, a puro trote y alegría, salía de su pequeño corralón, donde vivía junto a Tino el gallo, Lucy la gallina y Reina, la oveja blanca que disfrutaba más que nada de dormir largas siestas. Solo le bastaba levantar con su hocico la traba de la tranquera para salir al encuentro del sol y de la brisa fresca que llegaba desde el agua. Su lugar favorito era bajo un gran sauce llorón y un espinillo frondoso. Allí, a la sombra generosa de los árboles, el tiempo parecía detenerse, mientras las pequeñas olas del río jugaban con la orilla. Pruno era amigable y curioso. Cuando veía acercarse a alguien desconocido, se aproximaba sin timidez, bajaba y subía su cabeza a modo de saludo, y soltaba su simpático "¡Muuu, muuu!". A la vez, movía su cola de un lado a otro para espantar las moscas que lo molestaban.

Una mañana luminosa, llegó volando Caly, la calandria conversadora. Tras unos círculos en el aire, Caly se posó con delicadeza sobre el lomo de Pruno y, para su sorpresa, comenzó a picotearlo suavemente.

—¿Qué pasa en mi lomo, Caly? —preguntó Pruno, curioso.

—¡Kirikí, karakaká, kiki kaká! —contestó alegre la calandria—. ¡Está lleno de sabrosos insectos! Moscas, pulgas, pulgones... ¡una fiesta! Y además, tu lomo es tan suave que desde aquí puedo contemplar todo el río. ¡Es un lugar magnífico!

Pruno soltó una carcajada de ternero. Muuu! Muuu! Muuuuu!, fz, fz, fz.

—¡La verdad, Caly, tus picoteos me alivian mucho! A veces tengo tanta comezón que debo recostarme en el pasto y, haciendo equilibrio, intentar quedar patas arriba para rascarme el lomo.

—¡Uy! ¡Qué difícil debe ser! —exclamó Caly.

—¡Sí, mucho! Y si me ven los perros, se burlan de mí. ¡Piensan que quiero ser uno de ellos! —dijo Pruno, riéndose con un sonoro "¡Muuu, muuu!".

—¿Pero a vos te gusta? —preguntó Caly, inclinando su cabecita curiosa.

—¡Me encanta! —dijo Pruno—. Es un desafío, pero lo logro, ¡y me siento tan bien!

Entonces, con una chispa de entusiasmo en sus ojos, Caly propuso:

—¡Te ayudo, si querés!

Sin dudarlo, Pruno flexionó primero sus patas delanteras, luego las traseras, y se dejó caer suavemente sobre el pasto húmedo y las piedritas tibias de la orilla. Estiró sus patas de lado y comenzó a balancearse con esfuerzo.

Caly, ágil y decidida, bajó de la rama del sauce y, con su pequeño pico y toda la fuerza de su cuerpo menudo, empujó a Pruno con alegría. Entre risas y picoteos, lograron que el ternero quedara patas arriba, feliz, frotando su lomo contra la tierra fresca.

Caly, como celebración, entonó una de sus melodías más hermosas, mientras el río susurraba, el viento aplaudía entre las hojas, y Pruno cerraba los ojos, sintiendo que, en aquel rincón del mundo, todo estaba bien.

Mientras Pruno se rascaba felizmente sobre el pasto y Caly canturreaba en su hombro, un pequeño bulto negro apareció a lo lejos. Era Toto, un perro de tamaño menudo, de pelaje negro brillante, hocico y ojos grandes, orejas cortas y una colita chiquita que se movía de un lado a otro de manera atolondrada.

Toto, que era algo torpe pero muy mandón, divisó la escena y, sin pensarlo, emprendió una carrera despareja hasta llegar a ellos. Al ver a Pruno patas arriba, revolcándose en el pasto, soltó una gran carcajada que retumbó entre los árboles.

—¡Ja, ja, ja! ¡Miren a Pruno! ¡Quiere ser perro ahora! —ladró entre risotadas, corriendo en círculos a su alrededor.

Pruno, que había estado disfrutando de su momento de placer, bajó la cabeza, avergonzado. Su lomo seguía picándole, pero ya no se atrevía a seguir moviéndose como antes.

Caly, que todo lo había observado desde el sauce, bajó de un vuelo y se posó cerca de Toto. Con su voz dulce pero firme, le habló:

—Toto, amigo, ¿por qué te burlas? —triló Caly—. Pruno no imita a nadie. Solo encontró una forma de sentirse bien, de aliviar su cuerpo. ¿Qué importa lo que parezca? ¿No ves que se siente feliz?

Toto la miró con sorpresa, sus orejas se movieron curiosas, y su cola dejó de agitarse con nerviosismo.

—¿De verdad? —preguntó bajito, con su voz de cachorro confundido.

—Claro que sí —respondió Caly—. No todo es para reírse. A veces, algo tan simple como rodar en el pasto puede hacernos bien, aunque a otros les parezca raro. Toto se sentó, pensativo, y miró a Pruno, que, aún un poco avergonzado, levantaba tímidamente la cabeza. El viento suave trajo el olor de la hierba húmeda y el canto lejano del río. Entonces, con una sonrisa traviesa, Toto saltó al lado de Pruno y, de un impulso torpe, se dejó caer en el pasto también. Rodó una vez, dos veces, mientras soltaba pequeños ladridos de alegría. Pruno lo miró, sorprendido primero, pero pronto, contagiado de la risa de Toto, volvió a balancearse sobre su lomo. Caly, no queriendo quedarse afuera, bajó volando hasta el suelo y comenzó a revolotear alrededor de ambos, trinando una melodía divertida. Y así, bajo la sombra del sauce y con el río como testigo, Pruno, Caly y Toto compartieron una simple pero maravillosa enseñanza: a veces, lo más importante es animarse a ser uno mismo, disfrutar de lo que nos hace bien y, sobre todo, saber compartirlo con amigos.

Viviana C. Velez © todos los derechos reservados



lunes, diciembre 9

"Rosi en problemas" y la Amistad

Así trabaja 2do. grado del 1er. Ciclo en la EPN°3 cuento "Rosi en Problemas" junto a la docente bibliotecaria. 👏👏👏👏👏🥰✨️❤️
Gracias! por los registros fotográficos y cada mensaje que me envian.🥰

sábado, noviembre 27

Tony un bichito audaz



Tony un bichito, de esos que son muy inquietos, saltones, pintorescos y provocadores. Un piojo rebelde y simpático; que disfruta escuchar conversaciones de todo tipo, siempre está muy atento, pues con volteretas circenses, salta de cabeza en cuerpos con cabellos, tanto de animales como humanos. Desde pequeño conoció distintos lugares y cuántos. Se mudó centenares de veces durante su pequeña vida, pues sólo con 3 añitos que para él representan más de lo que cualquiera de nosotros pudiera imaginar.
Tony siempre provocando molestia, pica que te pica cabecitas de niños de todas las edades, mamis, papis, tíos, abuelos y cuerpitos de perros, gatos, conejos, pollitos, palomas, loritos, hasta un día visitó a un gran oso,
pero esa es otra historia. Todo lo que se presentará con pelos era atrayente y muy tentador para Tony; cabellos rubios, canosos, pelirrojos o castaños, lacios o con rulos. Conocedor experimentado en saltos, descubría nuevos e interesantes lugares para vivir por un tiempo, piojito nómade. Cuando veía que se aproximaba la limpieza: champú, loción, spray y...peine fino. – ¡Ay! ¡Noooo! Porfis con el rastrillo ¡noooo!
Desalojo ¡no! El miedo se apoderaba de Tony y salía huyendo despavorido como un resorte.
El problema para Tony era el comienzo del invierno y pasar esos tiempos de tanto frío. Pues al llegar la noche si estaba en un animal y las uñas rascaban caía varias veces al piso helado y en la cabeza de algún niño, un peine o cepillo lo atrapaba y zas! Caía a cualquier sitio con agua, otra vez...el frío. Las rutinas son aburridas para Tony. Apasionado por los cambios rápidos, los imprevistos, las sorpresas que generan impulsos y
desafíos; crece, aprende a tomar decisiones a veces correctas otras desacertadas. Tony, el piojo audaz repite una frase que un algún día, escuchó del actor de una película: -“A veces se pierde para ganar y otras se gana
para perder” no se la olvidó nunca. En esa ocasión vivía en la cabeza medio calva de un abuelo aficionado al cine y al que le gustaba mucho escuchar y bailar el tango, aprendió muchos pasos y sacaba brillo a la parte
calva que hacía de pista, tiempos divertidísimos.
Ocurrió que en un verano de esos inolvidables por el calor bronceador del sol, en una playa llenísima de gente
de todos los tamaños, edades y colores; Tony saltaba de cabeza en cabeza pues sus patitas no soportaban las altas temperaturas. Por un instante... ¡ZAS! ¡ZAS! Cayó a la arena mojada. Justo escucha ¡Giiiiiiiiii! ¡Zas!
¡Pum! ¡Pam! Una gaviota despistada aterrizó.
-¡Ji, ji, ji! Sorry, perdono, perdón, digo ¡perdón! ¿Te lastimé pequeño? Dijo la gaviota políglota.
-Naaaa, para nada, ¡me asustaste! Y ¡cómo! Respondió Tony con carita de asombro.
-¡ja, ja, ja! No era mi intención. No te vi. ¡Ja, ja, ja, ja! Agregó la gaviota alegremente, aleteando para secar
sus alas, sacudiendo agua salada.
-¡Ey! Seré chiquito pero soy un ¡Piojo! Replicó Tony muy orgulloso.
-Un piojo ¿qué haces? Preguntó curiosa la gaviota.
-Soy un insecto, parásito, sin alas y mi especie es grande somos como 3.250 familias. Dijo Tony.
-¿Parásito? ¿Qué significa? Agregó la gaviota interesada en una palabra nueva.
-Eh jemm! Vivo picando y me alimento de la sangre de animalitos y humanos, como los mosquitos, pero me
quedo instalado en un lugar velludo o con plumas, hasta que... ¡chau! Me desalojan. Explicó Tony.
-¡Uy! Entonces, creo que se me hace ¡tarde! ¡Bye, bye! ¡Ciao! ¡Freilos! ¡au revoir! ¡Chaucitooo! contestó la gaviota muy nerviosa.
-¡ja, ja, ja! ¡Espera! no te vayas, que no te voy a hacer nada. Viste soy chiquito, pero peligroso ¡Jajajajajaja!
Agregó desafiante Tony.
-Yo soy más grande, no te tengo miedo, ¡Ji, ji. Ji, ji! Refutó la gaviota con actitud burlesca, mientras elevaba
sus alas.
-Dime ¿Cómo te llamas? ¿Adónde vas? Preguntó intrigado el piojo Tony.
-Soy Dana, una gaviota aventurera, amo volar, viajar, ser libre. Me voy a una fiesta en otra playa.
-¡Uy! ¡Qué lindoooo!...fiesta, luces, música, gente bailando, cabellos al viento... ¡me gusta!
¿Puedo ir con vos? Preguntó ansioso con ojitos brillantes Tony.
-¡Dale! Subí, pero... ¡ojito con picarme! ¡Vamos! Afirmó Dana y así emprendió un nuevo vuelo, esta vez
compartido.
Esa tarde Dana y Tony volaron por el mar y juntos disfrutaron la fiesta nocturna en la playa. 
La música motivaba el gran vuelo de Dana con giros elocuentes y mágicos. Tony frenético, entusiasmado por esa
fascinante noche, saltaba de cabeza en cabeza al ritmo musical.
Había comenzado una gran amistad. Llegaba el amanecer y estaban muy cansados, Dana y Tony encontraron la copa de una gran palmera para descansar.
Al día siguiente los rayos del sol despertaron a la gaviota Dana y al piojo Tony.
-Dana ¿podemos ser amigos? Y ¿viajar por siempre juntos? Preguntó el piojo entusiasmado.
-¡Sí! Claro, si ya somos amigos. Te cuento que vivo viajando de norte a sur, de sur a norte. Siempre en busca de recibir el verano. No me gusta el invierno. ¿A vos? Contestó Dana.
-¡Oh! Si, a mí también. Adoro el calorcito, volar, nuevos horizontes, conocer amigos, los desafíos y divertirme con todo lo que la vida regala. Respondió muy seguro Tony.
Así fue como un pequeño piojo audaz y Dana una gaviota soñadora emprendieron nuevas e inolvidables aventuras por los cielos y mares de las playas del mundo.

Viviana Cristina Vélez © todos los derechos reservados




martes, noviembre 9

Feliz Luna

La luna contenta 
Cuenta las estrellas
Titilan y brillan 
Y llega a treinta.
 
Sigue atenta 
Cuenta que cuenta
Pero una gaviota 
Vuela alto y aletea.
 
Casi pierde la cuenta
Cuando llega a noventa.
Mira hacia el mar 
y detiene su contar.
 
Adela la ballena, 
En el agua se balancea,
Salpica a la luna, 
que la saluda atenta. 

¿Qué haces? Luna
¿Estás aburrida? 

Le pregunta Adela 
Cuento estrellas, 
Y voy por setecientas!
Contesta la Luna.
 
Son infinitas, 
le dice Adela. 
Difícil que tengas 
Un resultado a tu cuenta.
 
La Luna asombrada
se pone colorada, 
se ríe de pronto, 
y lo ilumina todo. 

Desde la tierra
admiran
a esta luna linda, 
blanca, redonda, 
que enamora.
 
©Viviana C. Vélez

Y también para disfrutarla en video, por mi canal de YouTube.





lunes, diciembre 21

SAPO Y MARIPOSA ESCRIBEN

Una tarde de mucho calor, de esas en donde las flores impregnadas de tanto sol perfuman con 
calidez el todo y que el viento repentino sorprende. El cielo con nubes grises que corren 
graciosamente para despedir el día; las gotitas comienzan a caer sin parar, la lluvia se instala y 
cambia la tarde… agua refrescante en todo lugar, charquitos tentadores comienzan a crearse y 
un sapito inquieto que dormía profundamente en un pocito terroso se desierta todo húmedo.
Abre sus pequeños ojos, comienza a moverse y del envión da un saltito hacia el pastito y 
exclama: -¡Croac! ¡Croac! ¡Linda lluviecita! ¡Llegaste! ¡Sí! Salta que te salta, disfruta 
empapándose en el agua, el barro, estirando su lengua y atrapa insectos sabrosos pues está 
muy hambriento. 
Bichitos distraídos… ¡ups! ¡Mmm! Y sigue saltando charquitos. Por un momento Sapito 
sorprendido exclama: ¡Croac! ¡Croac! -Uy! ¡Qué charco tan grande! ¡Ahí voy! Y cuando se 
disponía con todas sus fuerzas para dar un gran salto…Una gran mariposa se posó 
bruscamente en su cabeza y le tapó la visión, las alas tan amplias ocultaron los ojitos de Sapito 
que ante la sorpresa exclamó: - ¿Qué pasa? ¡Croac! ¡Croac! ¡No veo nada! 
-¡Uy! ¡Perdón! ¡Jaja! Te confundí con una plantita, contestó la mariposa.
- ¡Ja ja ja! ¡Croac! ¡Croac! entonces soy una plantita saltarina, que ¡croa! Jaja! llamada Sapito, 
respondió.
- Y… no vi que saltabas, discúlpame y levantó vuelo lentamente hacia una flor; la mariposa.
-¡Dale! ¡Croac! ¡Croac! ¡Mírame bien! soy verde con manchitas negras, me gusta saltar y 
mucho ¡más en el agua! , como bichitos… que trepan, caminan o vuelan…
-¿Bichitos? Preguntó la mariposa asombrada.
-Insectos: gusanos, moscas, abejas, mosquitos, vaquitas, pulgas, piojos y bueno también 
mariposas. Respondió Sapito.
- ¿Mariposas amigables? Desafió al sapito con tono triste.
- ¡Ah! Nooo… ¡me gusta tener amigos! ¡No los como! ¡Croac! ¡Croac!
- ¡Ah! Porque yo quiero ser tu amiga ¡para jugar! Yo vuelo sobre un charquito y tú saltas sobre 
él, tengo que volar rápido para no mojarme. ¿Quieres? Propuso la mariposa.
-¡Si! ¡Dale! Seamos amigos, ¡vamos! Mira que salto ¡muy alto! Y salpico ¡Jaja jaja! ¡Croac! 
¡Croac!
- ¡Jijiji! ¡Veamos! ¡Atrápame si puedes ¡ y levantó vuelo rápidamente la mariposa.
Así juntos descubrieron el sentido de la amistad, disfrutaron un atardecer de llovizna, 
charquitos de diferentes formas y tamaños. Los gritos combinados con risas entusiasmaron sus 
corazones. Momentos que eran rutinas ahora habían cambiado al compartirlos.
Un sapito… ¡Croac! ¡Croac! y una mariposa …escribieron una inesperada amistad.
El comienzo de muchas aventuras.
Viviana Cristina Vèlez © todos los derechos reservados

© Viviana Vélez  todos los derechos reservados







CABALLITO LUZ DEL CIELO


El caballito Poroto es blanco porque tiene luz de luna, manchitas marrones porque su mami comía barritas de chocolate cuando lo tenía en su pancita.

Poroto relincha muy fuerte y más cuando corre jugando a la mancha con los nenes del jardín, vive en el parque  y disfruta cada día de las sonrisas, canciones y aventuras. 

Trota que trota y frena a tiempo…cuando el límite de su espacio termina, es muy atento y observador. Con patitas temerosas explora el campito, busca y rebusca los mejores y exquisitos pastitos verdes del lugar. Salta la soga, marcha bonito, se escucha a lo lejos su andar rapidito: ¡Pla, Pla, Pla, Pla!

Sus crines son rayitos de sol, acarician el viento que inquieto traspasa, uniéndolos. Si le avisan que alguien una foto tomará tanto se alegra que relincha, levantando su cabeza con movimientos como si respondiera ¡de acuerdo! Y graciosamente muestra sus dientes grandes y blanquitos.

Sus ojitos negros brillan en la noche, dicen que una estrella le regalo destellos cuando era potrillo. Son estrellitas pequeñas, cuando la luz de la luna refleja intensamente y el día se llena de sol: Poroto te mira y sentís calor. 

Porque no es un caballito cualquiera; le gustan las flores, olerlas y también comerlas ¿Será que se llena de aroma y belleza? O por tantas florcitas que se lleva en su pancita atrae a tantas maripositas que vuelan y sobrevuelan cerca, todas lo rodean…


En verano o primavera acompañado de muchas de ellas, cotorritas, loritos, gorriones, jilgueros, calandrias, perros, gatitos y hasta ardillitas llegan para jugar, pues Poroto es muy amistoso.

Vive en el lugar dónde siempre quiso,  en el parque del Jardín de Infantes……donde el tiempo no tiene límites y siempre se aprende jugando algo nuevo. Allí la alegría no cesa, el entusiasmo se contagia y una melodía dibuja un sinfín de sonrisas.

Poroto, un caballito que crece seguro y feliz, espera confiado cumplir un  sueño.  Un pajarito  me contó: -Poroto espera a un gran amor…él sabe que muy pronto llegará y será en el momento justo.

Porque Poroto es una semilla creciendo en una tierra de Esperanza que brilla: Oro Verde.

Viviana C. Vélez © todos los derechos reservados





sábado, diciembre 19

VERDE HISTORIA

 

UNA RANA SALTABA

DE UNA A OTRA RAMA

SUS HUELLAS DEJABA

PATAS Y PATITAS

A PURA RISITAS.

 

UN SAPO LOCO

MIRABA UN COCO

QUE MUY RÁPIDO CAÍA

SOBRE LA POBRE RANITA.

 

CAYÓ EN LA RAMA,

DESPUES A LAS  HUELLAS,

SIGUIÓ A LA RANA

Y LE DIO EN LA CABEZA!

ZA, ZA, ZA, ZAS!

 

EL SAPO ASUSTADO

SALTÓ DE INMEDIATO

SOCORRIÓ A LA RANITA

PUES QUEDÓ PLANCHADITA.

 

LE MOJÓ LA CARA

CON SU LENGUA LARGA,

RANITA DESPERTÓ

Y A CROAR COMENZÒ.

 

ESTA FUE LA HISTORIA

QUE MAMÁ ME CONTÓ

UN DIA DE CAMPO

A PLENO SOL.

Viviana Cristina Vèlez © todos los derechos reservados


MELINA LA BALLENA

 

Melina la ballena

Aguas marinas agita.

Con inmensa silueta,

muy Inquieta fondea.


 

Y con su gran cola

crea muchas olas.

Bailan las estrellas

sobre corales y arena.

 

Canta Melina

De noche y día

El mar tiene rarezas,

Cuidado con ellas.

 

Algunas flotan

Otras caen al fondo,

Melina avisa:

Contaminan todo.

 

Nuestro hogar,

Nuestro mar,

Melina canta

Porque triste está.

 

Ayuda a Melina

La ballena

Cuida la playa

Y el mar.

 

El agua es necesaria

Para la vida

Al igual que Melina

Todos la necesitan.

 

Melina la ballena

Se zambulle con fuerza

Infla su papada,

abre su boca gigantesca.

 

Entran toneladas de agua,

peces, rarezas y algas.

Rota y rota su cuerpo,

acelera el movimiento.

 

Luego cierra su boca,

la cetácea grandota.

A la superficie asciende

y en el mar resurge.

 

 

Exhala el aire

de sus espiráculos

¿Lo has visto?

es un gran espectáculo.

 

Melina te invita

A cuidar las ballenas

¿Sabías que son

una especie en extinción?

 Viviana Cristina Vélez © todos los derechos reservados

Realizada por 2do.grado "A" EP.Nº 1 Julio A. Roca- Morón, Pcia. Bs. As.



 

 

 

 

 

EL MAR DE LOS SUEÑOS

 Atardecer en el mar del sueño. Las nubes corrían sigilosas por el cielo, jugando a las escondidas con el viento.  Las olas bailaban impetuosas para las estrellas que comenzaban a brillar como pequeños diamantes en un  terciopelo teñido de bordó, rosa y turquesa. Poco a poco salía mirando expectante la Luna, aquella cuya  blancura radiante ilumina con su candidez. Los peces saltaban libres en las aguas del mar de los sueños. 

Fran, un pez pequeño muy particular, un soñador. Desde hace un tiempo comenzó a entrenarse en saltar cada  vez más alto entre las olas por conseguir el logro de su gran sueño: despertar el interés, la mirada de la luna  bella. Cada noche se esmeraba con profunda pasión y repetía convencido: -algún día, ella me verá desde allí arriba y me llamará por mi nombre ¡lo sé! 

Sus amigos peces que lo acompañaban siempre se reían mucho de su insistente afirmación; pues sostenían  que la luna jamás podría detener su mirada en un pequeño pez entre un gran cardumen y cientos de animales  marinos que nadan por el mar. 

Fran estaba tan enamorado de la luna que repetía cada noche, la misma rutina: saltaba entre las olas con  ímpetu y desafiándose a sí mismo: -¡lo lograré! ¡La luna me observará con admiración! Y… ¡me llamará por mi  nombre! ¡Así será! Reafirmaba su gran sueño, aquel que lo motivaba con pasión inagotable. Una noche, la luna llegó despacio hasta el centro del cielo y sonrió feliz, contemplando todo a su alrededor:  las estrellas, nubes, barcos, gente, luces, faroles, golondrinas nocturnas, y animales del mar. De pronto llegó el  cardumen dónde Fran era el pez que saltaba más alto entre el oleaje bravo que anticipaba una tormenta. El  viento comenzó a soplar tan fuerte que corría las nubes. La luna se mostró preocupada, por tanto movimiento  y algunos relámpagos que tronaban furiosos. Esta situación para Fran era más desafiante; y envistió con  mayor esfuerzo sus saltos, sabía que esa era la noche dónde ocurriría algo importante. Fran, un pez color naranja que al entrenar durante el día se cargaba con la luz del sol sus escamas y al llegar la  noche algo maravilloso se producía en él, luminiscencia. Esa noche tan rara, él se destacó en el mar oscuro, y  en uno de los saltos, llamó la atención de la luna. La curiosidad por saber qué era esa pequeña línea naranja  que se movía tan rápido en el mar; produjo que la luna comenzara a descender rápidamente. Se deslizaba a  contra viento sin detenerse, a puro salto. Hasta que se encontró con la luna en el medio del mar, se detuvo  admirado por su inmensa luz, sus ojitos quedaron maravillados. 

La luna le preguntó: - buenas noches, ¿Cuál es tu nombre?  



-Soy Fran, un pez soñador. Contestó entusiasmado 

- Fran, ¡qué bien! Tienes sueños eso es divertido. Replicó la luna. 

- Y ¡mucha pasión! Agregó Fran. 

- Pasión. ¿Y para qué sirve la pasión? 

- En el mar de los sueños, la pasión es el motor para lograrlos. Si deseo algo no me detengo. Contestó Fran  airoso. 

-Claro que ¡sí! El secreto está en ti. ¡No te detengas! Sigue creando nuevos sueños. Completó la luna. Así fue como desde aquella difícil e imprevista noche el gran sueño de Fran se cumplió. En el mar de los sueños se puede ver cómo cada noche los peces saltan felices entre las olas divertidas del  mar. Y la luna contempla sonriente iluminando sus recorridos. 

Sumérgete en él.


Viviana C. Vélez © todos los derechos reservados


LA ESTRELLA QUE SE REIA DE SI MISMA

Cierto día una estrella que brillaba intensamente en el cielo azul de una ciudad cualquiera, se  descubrió en el reflejo del mar… 

Cada noche como perfecta rutina, se contemplaba en el mar y orgullosa improvisaba muecas  diferentes con su cara...-¡Jajajaja!...ahora ¡cara de enojada!....qué divertido!.. jejeje!...carita de  asombro!....jijiji! ojitos chinos!...jojojo! cara de osoooo! Jujuju!...cara de susto!...y así cada noche  creaba juegos y muchas risas con su reflejo en el gran mar… 

Tanto se divertía y sus risas se dispersaban en el silencio de la noche…que al reír, destellos  luminosos salían de sí y tanto resplandor continuo despertó la curiosidad de las demás estrellitas del  lugar. Comenzaron a observarla con muchísima atención… 



Decían:-¿Qué hace que despliega tanta alegría? ¿Cómo puede reír tanto estando sola? … 

Todas pensaban y murmuraban… ¿Qué será que la divierte tanto…qué le provoca emoción y  alegría? Sin embargo ninguna de las estrellas se atrevía a preguntarle. Sólo la miraban…e  inevitablemente se contagiaban de sus risas, comenzaron a imitarla y disfrutaban la  alegría…sonaban risas como ecos sin fin… 

Fue así como cada noche en aquella ciudad cualquiera, con el mar de testigo; los peces también  afectados por tantas risas y alegría desbordante…comenzaron a saltar para curiosear que  sucedía allá arriba...en el cielo. Preguntaban:-¿de dónde vienen tantas risas? ¿Qué está pasando…?  ¿Esta música es tarantela?…escuchen… Y sí efectivamente las risas eran tan armoniosas que  sonaba a tarantela. 

Jajajaja!-jejejeje!-jijijiji!-jojojojo!-jujujujuuuuu! Y así…causaba mucha emoción…alegría y ganas de  danzar!...los peces, las estrellas de mar, los pulpos, las caracolas, y todos los seres que tenían vida ,  eran invadidos por esta melodía mágica de felicidad; saltaban y se balanceaban al ritmo musical…el  impulso era tan fuerte que no tenía límites hasta el amanecer...Las noches habían cambiado en esa  ciudad cualquiera…ya no eran las mismas. 

La tarantela celestial de una estrella única y ocurrente transforma a cualquiera que visita esa  ciudad. Tan sólo basta escuchar… que el cuerpo solito comienza ¡a danzar!... 

Viviana Cristina Vélez © todos los derechos reservados




GRILLITOS ¡CRIC! ¡CRIC! ¡CRIC!






Llegaron tres grillitos saltando baldosas, esquivando zapatillas entre la gente, encontraron un lugar lleno de luces y colores, pisos brillantes y muchos sonidos: rueditas que van y vuelven, música, risas, conversaciones, Tip! Tip! Tip! Que se repiten, botellas que se chocan, bolsitas, ¡bidù! ¡Bidù! ¡si!... Alarmas  y tantos olorcitos diferentes que se dispersan por todos los rincones de ese gran lugar de colores. Un mundo para elegir con qué divertirse.
-¡Qué lugar más bonito! ¡me encanta! Dijo  Tami, uno de los grillitos con cara de admiración.
-Es un Supermercado, añadió  Leny  el grillo de mayor edad. – Aquí vamos a estar a resguardo del frio y la lluvia, y para comer nada nos faltará.
- Qué cálido lugar! Si! ¿Podemos quedarnos aquí para pasar la noche? ¿qué les parece? Preguntó Sele,  el grillo menor.
Al unísono respondieron Tami  Y  Leny: -¡Si! 
El plan era genial, hacía tanto frío allá afuera y ahí estaba tan perfecto. Pronto llegaría la noche
y ellos se deleitarían con su orquesta y la melodía nocturna se apoderaría del lugar.
Esa tarde los tres grillitos recorrieron todo el supermercado, las distintas y variadas góndolas,
esquivando carritos como también las pisadas de las personas y algunas cajas que de pronto
los repositores depositaban sin previo aviso en el suelo. Era para ellos una gran aventura de
saltos y risas.
Así transcurrieron las horas, poco a poco el lugar quedó con algunas personas, lo raro era que
las luces no empezaban a apagarse…y  aunque los grillitos miraban por las puertas de entrada
y salida del supermercado verificando que la noche estaba en su plena luna, algo raro sucedía allí.
-Es que ¿no apagan las luces en este sitio? Replicó con algo de mal humor, Tami.
-Parece que ¡no! Fíjate como no se detienen las personas, trabajan mucho y llegan otras para seguir
acomodando mercadería, limpiar y ordenar todo aquí. Contestó  Leny.
-Ay! Yo necesito la oscuridad para mi ¡cric! ¡Cric! ¡Cric! Para inspirarme. La melodía cricriana brota
en el silencio y la oscuridad, es la dulce compañía nocturna, mágica que logra milagros, pensamientos
y reflexiones.
-Y ¡a mí también! Replicó Sele.
Pero durante toda esa noche…las luces estuvieron prendidas hasta que nació el nuevo día,
y nuevamente la rutina del lugar prosiguió su camino.
Los tres grillitos saltaron,  Jugaron, descubrieron nuevos rincones misteriosos, no se detuvieron
divirtiéndose a pesar de no encontrar  la oscuridad que necesitaban para su ¡cric! ¡Cric!
La pasión por continuar a pesar de todo, provocó  que sin darse cuenta comenzaran ¡a criquear!
Al unísono lo tres grillitos invadieron aquella mañana en el supermercado ante la sorpresiva actitud
de silencio y comentarios de la gente del lugar.
-¡qué extraño es esto! ¿Grillos cantando a pleno  día?  Se escuchaba  que la gente decía.
-¡Qué melodía tan mágica! Exclamaban.
 Sucedía que los grillitos acompañaban armoniosamente la música que allí sonaba.
Increíble pero hermosa. 
¡Cric!… ¡cric!…¡cric!…no existen horarios. ¡Cric!…¡cric!…¡cric!… sin permiso, contra la rutina,
lo grandioso vive ¡Cric!…¡cric!…¡cric!…intensamente y se hace música. ¡Cric!… ¡cric!… ¡cric!…
Y esta es la historia de tres grillitos apasionados  que en un supermercado marcaron un cambio.
Grillos de día, que ya no son marrones; si los descubres…tienen colores amarillo, naranja y
en otra historia sabremos porqué.

¡Cric! ¡cric! ¡cric!

Viviana C. Vélez© todos los derechos reservados







EL GRAN CARACOL

En un jardín lleno de flores caminaba lentamente un Gran caracol orgulloso de su tamaño y  experiencia en huir rápidamente de problemas. Los insectos del lugar lo saludaban con mucho  respeto, reconocían su larga trayectoria en huidas y salvatajes de compañeros de aventuras.  

Al saludarlo, siempre acompañaban con un gesto con la mano y el dedo pulgar hacia arriba, a él le  gustaba mucho esa forma de saludar; asintiendo con sus antenas y una gran sonrisa respondía. 

Se deslizaba por todo tipo de pasto, planta, piedritas o elementos que se le presentara en su camino.  No existía nada camino que para él resultase difícil, le agradaban los desafíos. 

Una tarde de esas en que el sol pincela el cielo con sus matices anaranjados y las nubes toman  color rojizo, el gran caracol subía hacia la copa de un árbol entusiasmado por llegar a una cereza  deliciosa que durante una semana avistó saboreándose y soñando con el momento de disfrutar de  su exquisitez. Cuando le faltaba poco para llegar, llegó un pájaro carpintero. Con su pico filoso  comenzó a golpetear el tronco del árbol y a moverlo muy fuerte; el Gran caracol de a momentos  perdía el equilibrio, no lo tenía en sus planes. En un momento tan fuerte eran los golpecitos y  continuos, que finalmente provocaron su caída. Crash!...pum pum pam!...ay! zas! Al suelo y dentro  de su caparazón se resguardó, rápidamente se acercaron hormigas que desfilaban por allí, y una de  ellas le preguntó.- ¡hola! ¿Te encuentras bien? ¿Necesitas ayuda? El Gran caracol despacio y  dolorido se hamacó, logró darse vuelta, salir de su casita y responder:-¡hola! Si, algo de dolor, pero  ¡bien! ¡Jajajajaja! ¡Qué magnifica caída! ¡Jajajajajaja! Y las hormigas que allí estaban contagiadas  acompañaron su risa de tal forma que todos reían a carcajadas.  

Las hormigas felices de conocer un nuevo y tan simpático amigo lo invitaron a comer la especialidad  que la hormiga reina había preparado.  

Una de ellas le dijo al gran caracol:-Ahora eres nuestro amigo e invitado.  

Gran caracol respondió:-¡qué feliz que estoy! ¡Muchas gracias! Invitado ¿adónde? Y todas las hormigas al unísono respondieron:- a saborear ¡la gran torta de cerezas deliciosa! La cara de Gran caracol se transformó: sus antenas con ojitos felices brillaban, y su boca con  sonrisa inmensa, dijo:-¡Cerezas! Mmmm….si! allá ¡vamos! 

Y así todos juntos cantando una canción fueron al hormiguero con el tesoro dulce preferido de Gran  Caracol. 

Viviana Cristina Vèlez © todos los derechos reservados





FRANCIS Y UN NUEVO VUELO

Amanecía en la plaza Mitre, el sol comenzaba a estirar sus rayos suavemente sobre el cielo  inmenso con un gran bostezo despertaba al día nuevo. Así todas las aves desde los distintos lugares donde tuvieron sus sueños nocturnos recibían un  nuevo y delicioso amanecer.  

En la copa de unos de los álamos de esa plaza vivía Francis, un loro muy coqueto al que le gustaba  mucho mirarse en el agua que encontrara, charco, balde, fuente o vidrio; que reflejaran a modo de  espejo su propia imagen. Se admiraba con mucha atención y orgullo, pues sostenía en su  pensamiento que él era el más lindo y apuesto de todos los loros que existían en ese lugar. Las loritas elogiaban a Francis por el aspecto de sus alas brillantes verdes y amarillas, su pico muy  lustrado que reflejaban pequeños destellos del sol, sus ojitos negros con mirada muy interesante y  su forma tan ágil de volar, se llevaba todos los suspiros. 


Francis tenía muchos amigos pues también le gustaba conversar sobre diferentes temas: el tráfico,  los niños, las frutas, los juguetes, el tiempo, también le agravada escuchar historias de sus mayores,  le parecían muy útiles, decía siempre: - seguro que algo nuevo aprenderé. Y era así, pues las  experiencias narradas tenían aprendizajes valiosos. 

Cuando algún nuevo desafío se presentaba ante Francis hacía memoria y zas! Sabía resolver todo  tipo de situaciones. La frase preferida: “todo sucede por alguna razón” la repetía en el momento  justo, la había escuchado cuando era muy pequeño, el día que perdió a su papá en una tormenta de  verano y su mamá la decía mientras lloraba. Desde ese día se encargó que nada le faltara a su  mami y la cuidaba siempre, Francis quería que ella siempre estuviera orgullosa de tenerlo como hijo. Ocurrió que de pronto en ese amanecer tan cálido comenzaron a invadir el cielo, muchas nubes  grises y oscuras. El viento que repentinamente sacudía los árboles y plantas del lugar y todas las  aves volaban rápidamente a refugiarse de la gran tormenta que llegaba. 



Francis ayudó a su mami hasta un hueco del árbol y luego a otros amigos con sus pichones. Volaba  sin parar de un lado a otro. 

Una sábana que volaba sin rumbo por los aires atrapó a Francis que sin mediar movimiento por  esquivarla quedó atrapado, y cayó con un fuerte golpe al piso. Dos amigos vieron lo ocurrido y  rápidamente ayudaron a Francis, estaba muy lastimado y dolorido. Tenía golpes en un ojo y en una  de sus alas que no podía mover.  


Sus amigos lo llevaron hasta un lugar seguro y lo atendieron, trajeron a su mamá y luego de la  tormenta fueron hasta su casita en la copa del árbol más alto, el lugar de Francis. Poco a poco logró recuperarse hasta nuevamente poder salir en busca de un nuevo y mejor vuelo. Después de tanto tiempo, todas sus ansias y deseos por hacer aquello que le encantaba disfrutar:  volar sin medida ni límites, con giros, ascensos y descensos, bien alto hasta casi llegar al cielo.


Y en unos cuantos riiiiiiiiiiii, riiiiiiiiiiiiiiiiii, riiiiiiiiiiiiiiiiiiiii, expresaba su inmensa alegría por su fantástico  nuevo vuelo. Desplegar sus alas al viento y dejarse llevar… 

Viviana Cristina Vèlez © todos los derechos reservados