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lunes, diciembre 21

TELMA, LA MÁGICA PRINCESA


La ranita salta y salta

salpica con agua,

Si no te corres, te baña.


Croa y croa sin cesar,

avisa que la lluvia

por largo rato estará.


Estira su lengua larga,

atrapa una mosca blanca.

La envuelve lentamente

Y  a su barriga la lanza.


En un charco inmenso

descubre un gran espejo-

Se mira de un lado,

se mira  del otro

 Y guiña un ojo,

con cara de asombro!


Un beso volaba

con alas de mariposa,

lucía varios colores 

azul, amarillo y rosa.


La miraba asombrada

-¡Qué raro vuela con lluvia!

¡Qué mariposa tan astuta! 


De pronto detuvo el vuelo

Y se posó en sus labios

Y no fue más verde,

Y no fue más rana.


Ahora es una princesa 

que come milanesas,

baila en ojotas,

Y juega a la pelota.


Mira la luna 

y a la una 

come helado 

de aceitunas.


Esta es la historia

de la princesa Telma, 

me la  contó mi abuela,

tomando la merienda.


Si un beso se escapa 

Y a una rana encuentra 

Algo mágico ¡sucede!

Una princesa ¡sin dientes!

© Viviana Vélez  todos los derechos reservados








LA MONA EVELINDA 🐒



La mona Evelinda 

es bailarina

con mucha destreza,

da miles de vueltas.


Se estira y danza

por toda la selva,

sobre palmeras

se balancea.


Entre liana y liana

se desplaza,

su mamá , la llama.

-¡Monita linda!

¡Ven para casa!


Evelinda contenta

hace una pirueta,

cae con gracia

Y  ríe a carcajadas.


Una torta de bananas.

-Aik ,ke,ki, ke,ki,ka

-¡muy rico está!

- ¡gracias! Mamá.


Evelinda abraza

a la mona mamá. 

Agradece, gira, 

y salta sin parar.


He aquí  la historia

de Evelinda la mona,

La única  que baila

con música selvática .


©Viviana C.Velez   todos los derechos reservados 

sábado, diciembre 19

MELINA LA BALLENA

 

Melina la ballena

Aguas marinas agita.

Con inmensa silueta,

muy Inquieta fondea.


 

Y con su gran cola

crea muchas olas.

Bailan las estrellas

sobre corales y arena.

 

Canta Melina

De noche y día

El mar tiene rarezas,

Cuidado con ellas.

 

Algunas flotan

Otras caen al fondo,

Melina avisa:

Contaminan todo.

 

Nuestro hogar,

Nuestro mar,

Melina canta

Porque triste está.

 

Ayuda a Melina

La ballena

Cuida la playa

Y el mar.

 

El agua es necesaria

Para la vida

Al igual que Melina

Todos la necesitan.

 

Melina la ballena

Se zambulle con fuerza

Infla su papada,

abre su boca gigantesca.

 

Entran toneladas de agua,

peces, rarezas y algas.

Rota y rota su cuerpo,

acelera el movimiento.

 

Luego cierra su boca,

la cetácea grandota.

A la superficie asciende

y en el mar resurge.

 

 

Exhala el aire

de sus espiráculos

¿Lo has visto?

es un gran espectáculo.

 

Melina te invita

A cuidar las ballenas

¿Sabías que son

una especie en extinción?

 Viviana Cristina Vélez © todos los derechos reservados

Realizada por 2do.grado "A" EP.Nº 1 Julio A. Roca- Morón, Pcia. Bs. As.



 

 

 

 

 

RINI Y VIC UNA HISTORIA SIN FIN

Era verano en la ciudad del sol, una hormiga colorada llamada Rini que al igual que todas las  hormigas hacen, caminaba lenta detrás de otra llevando hojas, migas de pan y galletitas hacia  su hormiguero. Como siempre un desfile de gotitas oscuras que van en una misma dirección. Cada día de calor y humedad las hormigas recolectaban y almacenaban comida para el  invierno. 

Pero también disponían tiempo para distraerse detrás de un picaflor colorido o mariposa traviesa que invitaban a correr y jugar. Los días de lluvia también encontraban motivos para la  diversión iban a chapotear en los charquitos y saludar a los caracolitos del lugar,  intercambiando historias para reír y aprender nuevas cosas. 

Cuando veían que un humano arrojaba al piso resto de caramelo o chicle, corrían compitiendo  a ver cuál llegaba más rápido, o quién en el afán por ganar caía en la trampa melosa de un  chicle muy masticado. El entusiasmo y el disfrute de esos pequeños momentos eran  inolvidables. 




La única que no se involucraba en la diversión era Rini, que con un ¡No puedo! tengo mi  responsabilidad contestaba cada vez que algunas de sus compañeras la invitaba a jugar. Rini se preocupaba mucho por tener más de lo necesario para pasar el invierno, tenía poca  edad y sus padres le recomendaron que siempre sea responsable. En realidad sería su primera experiencia, pero no quería afrontar sorpresas desagradables de quedarse sin alimento.  Rini no se detenía un momento, pero si observaba cómo disfrutaban del juego sus compañeras  y hasta sentía ganas de hacer lo mismo, pero no se lo permitía, pues se repetía a sí misma: -- soy responsable de mi alimento. 

Así los días de aquel verano y otoño pasaron…Y llegaba el invierno. Aquel hormiguero estaba  completo y muy abastecido de alimento. Rini se sentía orgullosa y satisfecha al igual que todas  las demás. Comía y comía y escuchaba las bellas y divertidas historias de las aventuras vividas  en el verano y otoño de sus compañeras del hormiguero, quienes se reían muchísimo sin  parar. 

Pero Rini no tenía nada que contar, pues no había jugado en ninguna oportunidad, ella  pensaba y pensaba, se decía: - ¡qué aburrida estoy! Tengo más de lo necesario, y me siento  vacía… 

Una hormiga llamada Vic que la observaba detenidamente reparó en sus ojitos brillantes y su  carita cabizbaja mirándose sus patitas; se acercó a Rini lentamente y le dijo: - No estés triste,  piensa mejor en todo lo que vas a disfrutar cuando llegue la primavera. Rini levantó su cabeza  

y la miró a los ojos con asombro. La hormiga Vic continuó: -la primavera es muy linda, llena de  colores todo a tu alrededor, llega el amor, una mezcla de aromas invaden tu corazón y cantas,  danzas, saltas, corres y ¡sí! Las ganas de jugar son ¡muchas!  

Rini muy entusiasmada la escuchaba con ansias y sus ojitos habían cambiado el brillo, su carita  también, la angustia, culpa y tristeza desaparecían, la alegría, la pasión por descubrir esos  momentos la animaba inmensamente. 

Así comenzó una hermosa amistad entre Rini y Vic que desde ese día no dejaron de compartir  charlas de diferentes temas, la experiencia que Vic tenía acerca de la vida en busca de la 

felicidad de disfrute de los pequeños momentos de la vida llenaron los días en la vida de Rini. Y  la historia de afectos entre ellas no tuvo fin.  


Viviana Cristina Vèlez © todos los derechos reservados


LA ESTRELLA QUE SE REIA DE SI MISMA

Cierto día una estrella que brillaba intensamente en el cielo azul de una ciudad cualquiera, se  descubrió en el reflejo del mar… 

Cada noche como perfecta rutina, se contemplaba en el mar y orgullosa improvisaba muecas  diferentes con su cara...-¡Jajajaja!...ahora ¡cara de enojada!....qué divertido!.. jejeje!...carita de  asombro!....jijiji! ojitos chinos!...jojojo! cara de osoooo! Jujuju!...cara de susto!...y así cada noche  creaba juegos y muchas risas con su reflejo en el gran mar… 

Tanto se divertía y sus risas se dispersaban en el silencio de la noche…que al reír, destellos  luminosos salían de sí y tanto resplandor continuo despertó la curiosidad de las demás estrellitas del  lugar. Comenzaron a observarla con muchísima atención… 



Decían:-¿Qué hace que despliega tanta alegría? ¿Cómo puede reír tanto estando sola? … 

Todas pensaban y murmuraban… ¿Qué será que la divierte tanto…qué le provoca emoción y  alegría? Sin embargo ninguna de las estrellas se atrevía a preguntarle. Sólo la miraban…e  inevitablemente se contagiaban de sus risas, comenzaron a imitarla y disfrutaban la  alegría…sonaban risas como ecos sin fin… 

Fue así como cada noche en aquella ciudad cualquiera, con el mar de testigo; los peces también  afectados por tantas risas y alegría desbordante…comenzaron a saltar para curiosear que  sucedía allá arriba...en el cielo. Preguntaban:-¿de dónde vienen tantas risas? ¿Qué está pasando…?  ¿Esta música es tarantela?…escuchen… Y sí efectivamente las risas eran tan armoniosas que  sonaba a tarantela. 

Jajajaja!-jejejeje!-jijijiji!-jojojojo!-jujujujuuuuu! Y así…causaba mucha emoción…alegría y ganas de  danzar!...los peces, las estrellas de mar, los pulpos, las caracolas, y todos los seres que tenían vida ,  eran invadidos por esta melodía mágica de felicidad; saltaban y se balanceaban al ritmo musical…el  impulso era tan fuerte que no tenía límites hasta el amanecer...Las noches habían cambiado en esa  ciudad cualquiera…ya no eran las mismas. 

La tarantela celestial de una estrella única y ocurrente transforma a cualquiera que visita esa  ciudad. Tan sólo basta escuchar… que el cuerpo solito comienza ¡a danzar!... 

Viviana Cristina Vélez © todos los derechos reservados




EL GRAN CARACOL

En un jardín lleno de flores caminaba lentamente un Gran caracol orgulloso de su tamaño y  experiencia en huir rápidamente de problemas. Los insectos del lugar lo saludaban con mucho  respeto, reconocían su larga trayectoria en huidas y salvatajes de compañeros de aventuras.  

Al saludarlo, siempre acompañaban con un gesto con la mano y el dedo pulgar hacia arriba, a él le  gustaba mucho esa forma de saludar; asintiendo con sus antenas y una gran sonrisa respondía. 

Se deslizaba por todo tipo de pasto, planta, piedritas o elementos que se le presentara en su camino.  No existía nada camino que para él resultase difícil, le agradaban los desafíos. 

Una tarde de esas en que el sol pincela el cielo con sus matices anaranjados y las nubes toman  color rojizo, el gran caracol subía hacia la copa de un árbol entusiasmado por llegar a una cereza  deliciosa que durante una semana avistó saboreándose y soñando con el momento de disfrutar de  su exquisitez. Cuando le faltaba poco para llegar, llegó un pájaro carpintero. Con su pico filoso  comenzó a golpetear el tronco del árbol y a moverlo muy fuerte; el Gran caracol de a momentos  perdía el equilibrio, no lo tenía en sus planes. En un momento tan fuerte eran los golpecitos y  continuos, que finalmente provocaron su caída. Crash!...pum pum pam!...ay! zas! Al suelo y dentro  de su caparazón se resguardó, rápidamente se acercaron hormigas que desfilaban por allí, y una de  ellas le preguntó.- ¡hola! ¿Te encuentras bien? ¿Necesitas ayuda? El Gran caracol despacio y  dolorido se hamacó, logró darse vuelta, salir de su casita y responder:-¡hola! Si, algo de dolor, pero  ¡bien! ¡Jajajajaja! ¡Qué magnifica caída! ¡Jajajajajaja! Y las hormigas que allí estaban contagiadas  acompañaron su risa de tal forma que todos reían a carcajadas.  

Las hormigas felices de conocer un nuevo y tan simpático amigo lo invitaron a comer la especialidad  que la hormiga reina había preparado.  

Una de ellas le dijo al gran caracol:-Ahora eres nuestro amigo e invitado.  

Gran caracol respondió:-¡qué feliz que estoy! ¡Muchas gracias! Invitado ¿adónde? Y todas las hormigas al unísono respondieron:- a saborear ¡la gran torta de cerezas deliciosa! La cara de Gran caracol se transformó: sus antenas con ojitos felices brillaban, y su boca con  sonrisa inmensa, dijo:-¡Cerezas! Mmmm….si! allá ¡vamos! 

Y así todos juntos cantando una canción fueron al hormiguero con el tesoro dulce preferido de Gran  Caracol. 

Viviana Cristina Vèlez © todos los derechos reservados





FRANCIS Y UN NUEVO VUELO

Amanecía en la plaza Mitre, el sol comenzaba a estirar sus rayos suavemente sobre el cielo  inmenso con un gran bostezo despertaba al día nuevo. Así todas las aves desde los distintos lugares donde tuvieron sus sueños nocturnos recibían un  nuevo y delicioso amanecer.  

En la copa de unos de los álamos de esa plaza vivía Francis, un loro muy coqueto al que le gustaba  mucho mirarse en el agua que encontrara, charco, balde, fuente o vidrio; que reflejaran a modo de  espejo su propia imagen. Se admiraba con mucha atención y orgullo, pues sostenía en su  pensamiento que él era el más lindo y apuesto de todos los loros que existían en ese lugar. Las loritas elogiaban a Francis por el aspecto de sus alas brillantes verdes y amarillas, su pico muy  lustrado que reflejaban pequeños destellos del sol, sus ojitos negros con mirada muy interesante y  su forma tan ágil de volar, se llevaba todos los suspiros. 


Francis tenía muchos amigos pues también le gustaba conversar sobre diferentes temas: el tráfico,  los niños, las frutas, los juguetes, el tiempo, también le agravada escuchar historias de sus mayores,  le parecían muy útiles, decía siempre: - seguro que algo nuevo aprenderé. Y era así, pues las  experiencias narradas tenían aprendizajes valiosos. 

Cuando algún nuevo desafío se presentaba ante Francis hacía memoria y zas! Sabía resolver todo  tipo de situaciones. La frase preferida: “todo sucede por alguna razón” la repetía en el momento  justo, la había escuchado cuando era muy pequeño, el día que perdió a su papá en una tormenta de  verano y su mamá la decía mientras lloraba. Desde ese día se encargó que nada le faltara a su  mami y la cuidaba siempre, Francis quería que ella siempre estuviera orgullosa de tenerlo como hijo. Ocurrió que de pronto en ese amanecer tan cálido comenzaron a invadir el cielo, muchas nubes  grises y oscuras. El viento que repentinamente sacudía los árboles y plantas del lugar y todas las  aves volaban rápidamente a refugiarse de la gran tormenta que llegaba. 



Francis ayudó a su mami hasta un hueco del árbol y luego a otros amigos con sus pichones. Volaba  sin parar de un lado a otro. 

Una sábana que volaba sin rumbo por los aires atrapó a Francis que sin mediar movimiento por  esquivarla quedó atrapado, y cayó con un fuerte golpe al piso. Dos amigos vieron lo ocurrido y  rápidamente ayudaron a Francis, estaba muy lastimado y dolorido. Tenía golpes en un ojo y en una  de sus alas que no podía mover.  


Sus amigos lo llevaron hasta un lugar seguro y lo atendieron, trajeron a su mamá y luego de la  tormenta fueron hasta su casita en la copa del árbol más alto, el lugar de Francis. Poco a poco logró recuperarse hasta nuevamente poder salir en busca de un nuevo y mejor vuelo. Después de tanto tiempo, todas sus ansias y deseos por hacer aquello que le encantaba disfrutar:  volar sin medida ni límites, con giros, ascensos y descensos, bien alto hasta casi llegar al cielo.


Y en unos cuantos riiiiiiiiiiii, riiiiiiiiiiiiiiiiii, riiiiiiiiiiiiiiiiiiiii, expresaba su inmensa alegría por su fantástico  nuevo vuelo. Desplegar sus alas al viento y dejarse llevar… 

Viviana Cristina Vèlez © todos los derechos reservados


OSCUROLANDIA

Hace mucho tiempo existía un lugar llamado Oscurolandia, donde las nubes grises cubrían el cielo todo el día y no permitían que los rayos del sol pudieran dar calor a los habitantes que allí vivían. Al no tener los rayos de energía solar provocaba tristeza, desazón y mal humor…siempre estaban muy cansados, aburridos, melancólicos y sin ganas de hablar, tan sólo escribían para desahogar sus innumerables penas. El color blanco, negro y gris invadía cada lugar. 

Un día, desde otro país lejano llegó un ave rara de color, distinta a todas las que allí se veían blancas, grises, negras y ésta era verde, traía una bolsita rojo suave con forma de corazón en su pico largo de color rosa. Sobrevoló de un lado a otro sin detener su vuelo. 


Los habitantes asombrados por los colores, quedaban como estatuas admirando ese movimiento de colores. El ave desplegaba sus alas, jugando entre las nubes…cuando inesperadamente emprendió el descenso hacia donde estaban los espectadores: ancianos, adultos, jóvenes y niños. 

La multitud se dispersó rápidamente en forma de ronda y el ave se posó casi en el centro de ese círculo imaginario, desde allí observaba a cada persona, iba girando lentamente. El silencio se apoderó del momento, aunque nadie sentía temor sólo admiraban con intriga al ave verde con pico rosa y una bolsa con forma de corazón. Todos se preguntaban -¿qué tendrá en esa bolsa? ¿Para qué la trae? ¿Por qué llegó hasta aquí? ¿De dónde vendrá? Y así se escuchaban susurros intrigantes. 

El ave levantó sus alas, y depositó la bolsa con forma de corazón y allí se quedó. Lentamente comenzaron a acercarse los habitantes de Oscurolandia sin temor, fascinados…sus caras mágicamente transformadas…las sonrisas se dibujaban en sus rostros, un brillo especial iluminaba las miradas, y una necesidad incontrolable de abrazar se apoderó de todos los habitantes del lugar, primero a la gran ave y luego entre ellos. Poco a poco la tristeza, el mal humor, la angustia se esfumaron de esos rostros; las mejillas comenzaron a tomar color rosado y los ojos se pintaron de diversos colores. Sólo se escuchaban risas y palabras como Perdón, te quiero, te necesito, gracias, puedes contar conmigo, estoy junto a ti y muchas más de afecto.



Nadie sabía qué contenía la bolsa con forma de corazón color rojo suave que en el transcurso del tiempo que pasaba iba cambiando a un rojo cada vez más intenso y su tamaño crecía más y más. 

Durante toda esa tarde las expresiones de ternura y cariño colmaron las vidas de abuelos, abuelas, madres, padres, tíos, tías, hijos, hijas, sobrinos y muchos más…los lazos de amistad, contención y afecto. Al llegar la noche, las nubes se fueron como siempre ocurría y la luna iluminaba de blanco todo. 

El ave levantó la bolsa con su pico, le costó trabajo, pues tenía mayor tamaño. Y aleteando sus grandes alas emprendió vuelo hacia el cielo, hasta perderse de la vista de los habitantes de Oscurolandia que exhaustos por todo lo acontecido en ese día tan distinto y sorpresivo; emprendieron regreso a sus casas. 

La noche durmió su gran sueño…y al despertar un nuevo día…nuevamente el gran ave verde sobrevolaba la ciudad, rápidamente los habitantes que la veían avisaban a otros para admirarla con gran expectativa. Se preguntaban ¿qué sucederá de extraordinario hoy? Todas las miradas estaban en el ave verde. Sucedió que con la bolsa corazón comenzó a tocar suavemente cada nube que cruzaba durante su vuelo y algo asombroso se producía: la nube se esfumaba, desapareció…mágicamente. Una nube...dos...tres...cuatro…cinco…seis…siete…y asì todas las que opacaban el brillo y calor del gran sol amarillo. Y se vislumbró un inmenso Arco Iris que abrazaba todo el territorio del pueblo de Oscurolandia. Nacía de la bolsa roja con forma de corazón… Los colores invadían pincelando cada espacio asombrosamente, a la vista de todos los habitantes que asombrados de tanta maravilla, quedaban expectantes sólo se escuchaban exclamaciones: -¡Asombroso! ¡Divino! ¡Milagro! ¡Son colores! Y acompañaban con sonrisas, carcajadas, lágrimas, aplausos, abrazos, besos, rondas, saltos, brazos extendidos al cielo, manos entrelazadas, la felicidad y la alegría eran protagonistas del suceso. 

La bolsa con forma de corazón había aumentado de tamaño de forma extraordinaria que causó interrogantes en algunos habitantes que alertaron rápidamente a todos allí presentes.

El ave se acercó a la misma muy despacio, observando a todos que la rodeaban, ya no era una simple bolsa roja con forma de corazón, había tomado gran tamaño como el de un árbol de limones y de la altura de aquella ave. 

Lentamente el ave se acercó y con su pico tocó ese gran corazón…y miles de burbujas rojas se expandieron por todos lados y estallaban al rozar a cada persona e inmediatamente la felicidad invadía a cada ser. La alegría floreció y llenó de colores todo alrededor. 

Aquella ave observó nuevamente hacia todas las direcciones, levantó su pico al cielo, extendió sus alas y emprendió un magnífico vuelo… hacia el sol, llevándose las miradas de toda la multitud y siguió su vuelo…lejos…más lejos. 

Desde ese día todos los habitantes del lugar descubrieron la belleza mágica de la vida, aquella luz que ilumina el sentido del ser… que está en el dar sin medidas…¡sorprendentemente! 

Viviana C.Velez © todos los derechos reservados