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lunes, diciembre 21

LA MONA EVELINDA 🐒



La mona Evelinda 

es bailarina

con mucha destreza,

da miles de vueltas.


Se estira y danza

por toda la selva,

sobre palmeras

se balancea.


Entre liana y liana

se desplaza,

su mamá , la llama.

-¡Monita linda!

¡Ven para casa!


Evelinda contenta

hace una pirueta,

cae con gracia

Y  ríe a carcajadas.


Una torta de bananas.

-Aik ,ke,ki, ke,ki,ka

-¡muy rico está!

- ¡gracias! Mamá.


Evelinda abraza

a la mona mamá. 

Agradece, gira, 

y salta sin parar.


He aquí  la historia

de Evelinda la mona,

La única  que baila

con música selvática .


©Viviana C.Velez   todos los derechos reservados 

sábado, diciembre 19

EL MAR DE LOS SUEÑOS

 Atardecer en el mar del sueño. Las nubes corrían sigilosas por el cielo, jugando a las escondidas con el viento.  Las olas bailaban impetuosas para las estrellas que comenzaban a brillar como pequeños diamantes en un  terciopelo teñido de bordó, rosa y turquesa. Poco a poco salía mirando expectante la Luna, aquella cuya  blancura radiante ilumina con su candidez. Los peces saltaban libres en las aguas del mar de los sueños. 

Fran, un pez pequeño muy particular, un soñador. Desde hace un tiempo comenzó a entrenarse en saltar cada  vez más alto entre las olas por conseguir el logro de su gran sueño: despertar el interés, la mirada de la luna  bella. Cada noche se esmeraba con profunda pasión y repetía convencido: -algún día, ella me verá desde allí arriba y me llamará por mi nombre ¡lo sé! 

Sus amigos peces que lo acompañaban siempre se reían mucho de su insistente afirmación; pues sostenían  que la luna jamás podría detener su mirada en un pequeño pez entre un gran cardumen y cientos de animales  marinos que nadan por el mar. 

Fran estaba tan enamorado de la luna que repetía cada noche, la misma rutina: saltaba entre las olas con  ímpetu y desafiándose a sí mismo: -¡lo lograré! ¡La luna me observará con admiración! Y… ¡me llamará por mi  nombre! ¡Así será! Reafirmaba su gran sueño, aquel que lo motivaba con pasión inagotable. Una noche, la luna llegó despacio hasta el centro del cielo y sonrió feliz, contemplando todo a su alrededor:  las estrellas, nubes, barcos, gente, luces, faroles, golondrinas nocturnas, y animales del mar. De pronto llegó el  cardumen dónde Fran era el pez que saltaba más alto entre el oleaje bravo que anticipaba una tormenta. El  viento comenzó a soplar tan fuerte que corría las nubes. La luna se mostró preocupada, por tanto movimiento  y algunos relámpagos que tronaban furiosos. Esta situación para Fran era más desafiante; y envistió con  mayor esfuerzo sus saltos, sabía que esa era la noche dónde ocurriría algo importante. Fran, un pez color naranja que al entrenar durante el día se cargaba con la luz del sol sus escamas y al llegar la  noche algo maravilloso se producía en él, luminiscencia. Esa noche tan rara, él se destacó en el mar oscuro, y  en uno de los saltos, llamó la atención de la luna. La curiosidad por saber qué era esa pequeña línea naranja  que se movía tan rápido en el mar; produjo que la luna comenzara a descender rápidamente. Se deslizaba a  contra viento sin detenerse, a puro salto. Hasta que se encontró con la luna en el medio del mar, se detuvo  admirado por su inmensa luz, sus ojitos quedaron maravillados. 

La luna le preguntó: - buenas noches, ¿Cuál es tu nombre?  



-Soy Fran, un pez soñador. Contestó entusiasmado 

- Fran, ¡qué bien! Tienes sueños eso es divertido. Replicó la luna. 

- Y ¡mucha pasión! Agregó Fran. 

- Pasión. ¿Y para qué sirve la pasión? 

- En el mar de los sueños, la pasión es el motor para lograrlos. Si deseo algo no me detengo. Contestó Fran  airoso. 

-Claro que ¡sí! El secreto está en ti. ¡No te detengas! Sigue creando nuevos sueños. Completó la luna. Así fue como desde aquella difícil e imprevista noche el gran sueño de Fran se cumplió. En el mar de los sueños se puede ver cómo cada noche los peces saltan felices entre las olas divertidas del  mar. Y la luna contempla sonriente iluminando sus recorridos. 

Sumérgete en él.


Viviana C. Vélez © todos los derechos reservados


GRILLITOS ¡CRIC! ¡CRIC! ¡CRIC!






Llegaron tres grillitos saltando baldosas, esquivando zapatillas entre la gente, encontraron un lugar lleno de luces y colores, pisos brillantes y muchos sonidos: rueditas que van y vuelven, música, risas, conversaciones, Tip! Tip! Tip! Que se repiten, botellas que se chocan, bolsitas, ¡bidù! ¡Bidù! ¡si!... Alarmas  y tantos olorcitos diferentes que se dispersan por todos los rincones de ese gran lugar de colores. Un mundo para elegir con qué divertirse.
-¡Qué lugar más bonito! ¡me encanta! Dijo  Tami, uno de los grillitos con cara de admiración.
-Es un Supermercado, añadió  Leny  el grillo de mayor edad. – Aquí vamos a estar a resguardo del frio y la lluvia, y para comer nada nos faltará.
- Qué cálido lugar! Si! ¿Podemos quedarnos aquí para pasar la noche? ¿qué les parece? Preguntó Sele,  el grillo menor.
Al unísono respondieron Tami  Y  Leny: -¡Si! 
El plan era genial, hacía tanto frío allá afuera y ahí estaba tan perfecto. Pronto llegaría la noche
y ellos se deleitarían con su orquesta y la melodía nocturna se apoderaría del lugar.
Esa tarde los tres grillitos recorrieron todo el supermercado, las distintas y variadas góndolas,
esquivando carritos como también las pisadas de las personas y algunas cajas que de pronto
los repositores depositaban sin previo aviso en el suelo. Era para ellos una gran aventura de
saltos y risas.
Así transcurrieron las horas, poco a poco el lugar quedó con algunas personas, lo raro era que
las luces no empezaban a apagarse…y  aunque los grillitos miraban por las puertas de entrada
y salida del supermercado verificando que la noche estaba en su plena luna, algo raro sucedía allí.
-Es que ¿no apagan las luces en este sitio? Replicó con algo de mal humor, Tami.
-Parece que ¡no! Fíjate como no se detienen las personas, trabajan mucho y llegan otras para seguir
acomodando mercadería, limpiar y ordenar todo aquí. Contestó  Leny.
-Ay! Yo necesito la oscuridad para mi ¡cric! ¡Cric! ¡Cric! Para inspirarme. La melodía cricriana brota
en el silencio y la oscuridad, es la dulce compañía nocturna, mágica que logra milagros, pensamientos
y reflexiones.
-Y ¡a mí también! Replicó Sele.
Pero durante toda esa noche…las luces estuvieron prendidas hasta que nació el nuevo día,
y nuevamente la rutina del lugar prosiguió su camino.
Los tres grillitos saltaron,  Jugaron, descubrieron nuevos rincones misteriosos, no se detuvieron
divirtiéndose a pesar de no encontrar  la oscuridad que necesitaban para su ¡cric! ¡Cric!
La pasión por continuar a pesar de todo, provocó  que sin darse cuenta comenzaran ¡a criquear!
Al unísono lo tres grillitos invadieron aquella mañana en el supermercado ante la sorpresiva actitud
de silencio y comentarios de la gente del lugar.
-¡qué extraño es esto! ¿Grillos cantando a pleno  día?  Se escuchaba  que la gente decía.
-¡Qué melodía tan mágica! Exclamaban.
 Sucedía que los grillitos acompañaban armoniosamente la música que allí sonaba.
Increíble pero hermosa. 
¡Cric!… ¡cric!…¡cric!…no existen horarios. ¡Cric!…¡cric!…¡cric!… sin permiso, contra la rutina,
lo grandioso vive ¡Cric!…¡cric!…¡cric!…intensamente y se hace música. ¡Cric!… ¡cric!… ¡cric!…
Y esta es la historia de tres grillitos apasionados  que en un supermercado marcaron un cambio.
Grillos de día, que ya no son marrones; si los descubres…tienen colores amarillo, naranja y
en otra historia sabremos porqué.

¡Cric! ¡cric! ¡cric!

Viviana C. Vélez© todos los derechos reservados