Escritora · Prof. Esp. en Alfabetización · Literatura de autoría para todas las edades.
domingo, junio 8
Lectulúdica
sábado, noviembre 27
Tony un bichito audaz
lunes, diciembre 21
ROSITA EN PROBLEMAS
Atardecía en el mar de juegos; peces, cangrejos, focas, caballitos y todo tipo de animales marinos disfrutaban de las últimas horas de una tarde cálida, tranquila y soleada.
Mientras tanto, en el fondo del mar…
Rosita, una pulpita jugaba: hacia piruetas, volteretas y en especial girar a modo de un remolino, eso le encantaba, se divertía mucho.
Sucedió, de pronto que al pasar por entre rocas y arrecifes de corales, uno de sus tentáculos quedó atascado en un coral.
--Uh! Pero ¿qué pasa? Mmm! Estoy atrapada! Decía Rosita. Cuando escuchó:
--Buenas tardes! Rosita, saludó al unísono la familia Delfín, Rosita saludó levantando dos tentáculos. Ellos pasaban de camino a su casa y nadaban rápido y así se fueron.
Allí siguió Rosita intentando sacar su tentáculo atascado en ese laberinto que formaba el coral, El tiempo transcurría, los rayos del sol cada vez eran menos. De pronto un suave movimiento del agua trajo tres rayas blancas, al parecer iban de paso. Nadando despacio, concentradas y muy serias que, no se dieron cuenta que había allí entre los corales, una pulpita en problemas.
__será posible que no pueda ¿salir de aquí? Y Rosita volvía a insistir con fuertes movimientos para poder liberarse. --Fuerte para arriba, para abajo! Sacudiendo sus otros tentáculos y nada de nada. Seguía atrapada.
--Vamos pequeñitas! Apuren la marcha! Decía Mamá Caracola. Rosita asombrada las miraba pasar, por un instante pensó en… pero no iba a detenerlas y mejor trataré de solucionarlo solita.
Así pasaron lentamente las tres caracolas, ninguna notó que una pulpita en el arrecife de corales, estaba en problemas.
--Uy! Se está oscureciendo, tengo que Salir ¡de acá! se dijo Rosita bastante preocupada, mientras sacudía su cuerpo con ímpetu.
-- Cangrejito, cangrejito, siempre de costado, viene y va
Cangrejito. Cantaba, avanzando sobre la arena Alejo el cangrejo.
--Cangrejito de coral! remató sonriendo Rosita; su amigo había llegado justo a tiempo.
--Rosi, es tarde para seguir jugando aquí, ¡vamos a casa! afirmó Alejo, el cangrejo. Eran amigos desde hacía mucho tiempo, compartían casi todos los momentos del día.
Rosita, se tiñó de negro el agua, estaba tan triste. Entonces le contó porqué aún estaba allí y rápidamente Alejo, con sus patas de pinzas cortó las algas que estaban enganchadas en aquel coral y retenían uno de los tentáculos de la pulpita.
-Libre! si! Por fin! muchas gracias! Alejo, cangrejito de coral, mi gran amigo. Exclamó con alegría Rosita.
Había llegado la noche y juntos Rosita, la pulpita y Alejo, el cangrejo se fueron al muelle cercano, allí estaban sus casas. Sus familias estarían preparando la cena y en uno de esos hogares habría un invitado.
©Viviana Vélez todos los derechos reservados
Risitus Mentis
Risitus, una plantita de menta que se destacaba del resto de las otras plantas que allí crecían de forma salvaje. Ella tenía mucho brillo, atrapaba en sus hojas gotas de rocío y los rayos del sol las cristalizaba de tal forma que lograba un efecto como de polvillo de hadas; resplandeciente. Era raro, pero sólo ella, tenía ese aspecto.
Cierto día una bruja, de las tantas que visitan el bosque caminaba y recolectaba elementos necesarios para preparar sus pócimas y hechizos: telas de araña, sapos, pelos y uñas de roedores, insectos, plumas, murciélagos y las hierbas, yuyos infaltables. Al llegar al sector de las plantas de menta, su mirada rápidamente se detuvo en Risitus. Se dirigió a ella y dijo: -Si ¡sí! Eres la correcta, mucho brillo, tu verde es intenso como tu aroma. ¡Te vienes conmigo! La desplantó con mucho cuidado, mientras entonaba una canción: - Si tú tienes muchas ganas de reír, ¡Ja, ja, ja ¡. Si tú tienes muchas ganas de reír, ¡Je,je,je!. Si tú tienes la razón y no hay oposición, no te quedes con las ganas de reír ¡Ji, ji, ji! la envolvió con un pañuelo rojo de seda y la guardó en su canasta con toda la delicadeza. Tomó sus bolsas de tela, la canasta y subió a su escoba, exclamó: Vamos! A casa! que tengo mucho por hacer , impetuosamente la escoba levantó vuelo sobre los arboles y emprendió el regreso.
Y ya en su casa la bruja acomodaba cada uno de sus objetos y elementos que había recolectado esa tarde. Cuando tomó el pañuelo con Risitus dijo nuevamente: - Risitus eternis ¡què hallazgo! Cada 10 años encuentro una como tú, justito que ya no tenía casi pócima de risa eterna. Ahora a prepararte para hacer de las mías, a los ¡quejosos y malhumorados! Y una gran carcajada se apoderó de aquel instante. Colocò a Risitus sobre una mesa de madera, abrió el pañuelo y buscò un bols mediano, dos cucharitas, un batidor y sacò de una alacena dos frascos medianos color verde de boca ancha con etiquetas que tenían dibujos de animales. De otra alacena trajo otro frasco color marròn también etiquetado y se podía ver el dibujo de gusanos y el número 100.
-a ver, a ver, si… ¿recuerdo de memoria, la receta? ¡jajajajajaja! Obvio, Mi diplomatura en diversión maligna fue distinguida entre las mejores, ¡jejejejejeje! ¡Manos a la pócima!¡ Jijijiji!
Y comenzó a decir en voz alta:
Receta de Risitus Eternis Mortem
Ingrdientes:
*1 planta de Risitus Mentis
*2 cucharaditas de saliva de hiena pequeña
* 3 cucharaditas de mono titì rebelde
* 1 gusano ciempiés triturado
*7 aplausos de una bruja diplomada en diversión maligna
Preparaciòn:
En un bols mediano se colocan las 2 cucharaditas de saliva de hiena pequeña, 3 cucharaditas de mono titì rebelde y el gusano ciempiés triturado, batir enérgicamente con buen humor todo a punto nieve viscosa, en ese momento aplaudir siete veces seguidas con la misma intensidad y luego pronunciar las palabras del hechizo correspondiente.
Jujuju rietem,
jojojo riepom,
Jijiji rietin,
jejeje riesiem,
jajaja reiras sin parar.
Chirin chiran
Y un gran humo invadió el bols, todo se transformò en una especie de tierra arenosa color marròn claro. Y la bruja muy contenta siguió hablando…
-Verter el producto obtenido en una maceta grande y transplantar la Risitus. Luego de 7 dias, 5 horas y 57 minutos se encontrarà apta para el brebaje.
Se podrá servir frìo o caliente dependiendo del clima en el momento de la cuestión a resolver.
Asì aquella bruja satisfecha por su logro mirò a Risitus y se puso a bailar.
©Viviana Vèlez todos los derechos reservados
CABALLITO LUZ DEL CIELO
El caballito Poroto es blanco porque tiene luz de luna, manchitas marrones porque su mami comía barritas de chocolate cuando lo tenía en su pancita.
Poroto relincha muy fuerte y más cuando corre jugando a la mancha con los nenes del jardín, vive en el parque y disfruta cada día de las sonrisas, canciones y aventuras.
Trota que trota y frena a tiempo…cuando el límite de su espacio termina, es muy atento y observador. Con patitas temerosas explora el campito, busca y rebusca los mejores y exquisitos pastitos verdes del lugar. Salta la soga, marcha bonito, se escucha a lo lejos su andar rapidito: ¡Pla, Pla, Pla, Pla!
Sus crines son rayitos de sol, acarician el viento que inquieto traspasa, uniéndolos. Si le avisan que alguien una foto tomará tanto se alegra que relincha, levantando su cabeza con movimientos como si respondiera ¡de acuerdo! Y graciosamente muestra sus dientes grandes y blanquitos.
Sus ojitos negros brillan en la noche, dicen que una estrella le regalo destellos cuando era potrillo. Son estrellitas pequeñas, cuando la luz de la luna refleja intensamente y el día se llena de sol: Poroto te mira y sentís calor.
Porque no es un caballito cualquiera; le gustan las flores, olerlas y también comerlas ¿Será que se llena de aroma y belleza? O por tantas florcitas que se lleva en su pancita atrae a tantas maripositas que vuelan y sobrevuelan cerca, todas lo rodean…
En verano o primavera acompañado de muchas de ellas, cotorritas, loritos, gorriones, jilgueros, calandrias, perros, gatitos y hasta ardillitas llegan para jugar, pues Poroto es muy amistoso.
Vive en el lugar dónde siempre quiso, en el parque del Jardín de Infantes……donde el tiempo no tiene límites y siempre se aprende jugando algo nuevo. Allí la alegría no cesa, el entusiasmo se contagia y una melodía dibuja un sinfín de sonrisas.
Poroto, un caballito que crece seguro y feliz, espera confiado cumplir un sueño. Un pajarito me contó: -Poroto espera a un gran amor…él sabe que muy pronto llegará y será en el momento justo.
Porque Poroto es una semilla creciendo en una tierra de Esperanza que brilla: Oro Verde.
Viviana C. Vélez © todos los derechos reservados
sábado, diciembre 19
RINI Y VIC UNA HISTORIA SIN FIN
Era verano en la ciudad del sol, una hormiga colorada llamada Rini que al igual que todas las hormigas hacen, caminaba lenta detrás de otra llevando hojas, migas de pan y galletitas hacia su hormiguero. Como siempre un desfile de gotitas oscuras que van en una misma dirección. Cada día de calor y humedad las hormigas recolectaban y almacenaban comida para el invierno.
Pero también disponían tiempo para distraerse detrás de un picaflor colorido o mariposa traviesa que invitaban a correr y jugar. Los días de lluvia también encontraban motivos para la diversión iban a chapotear en los charquitos y saludar a los caracolitos del lugar, intercambiando historias para reír y aprender nuevas cosas.
Cuando veían que un humano arrojaba al piso resto de caramelo o chicle, corrían compitiendo a ver cuál llegaba más rápido, o quién en el afán por ganar caía en la trampa melosa de un chicle muy masticado. El entusiasmo y el disfrute de esos pequeños momentos eran inolvidables.
La única que no se involucraba en la diversión era Rini, que con un ¡No puedo! tengo mi responsabilidad contestaba cada vez que algunas de sus compañeras la invitaba a jugar. Rini se preocupaba mucho por tener más de lo necesario para pasar el invierno, tenía poca edad y sus padres le recomendaron que siempre sea responsable. En realidad sería su primera experiencia, pero no quería afrontar sorpresas desagradables de quedarse sin alimento. Rini no se detenía un momento, pero si observaba cómo disfrutaban del juego sus compañeras y hasta sentía ganas de hacer lo mismo, pero no se lo permitía, pues se repetía a sí misma: -- soy responsable de mi alimento.
Así los días de aquel verano y otoño pasaron…Y llegaba el invierno. Aquel hormiguero estaba completo y muy abastecido de alimento. Rini se sentía orgullosa y satisfecha al igual que todas las demás. Comía y comía y escuchaba las bellas y divertidas historias de las aventuras vividas en el verano y otoño de sus compañeras del hormiguero, quienes se reían muchísimo sin parar.
Pero Rini no tenía nada que contar, pues no había jugado en ninguna oportunidad, ella pensaba y pensaba, se decía: - ¡qué aburrida estoy! Tengo más de lo necesario, y me siento vacía…
Una hormiga llamada Vic que la observaba detenidamente reparó en sus ojitos brillantes y su carita cabizbaja mirándose sus patitas; se acercó a Rini lentamente y le dijo: - No estés triste, piensa mejor en todo lo que vas a disfrutar cuando llegue la primavera. Rini levantó su cabeza
y la miró a los ojos con asombro. La hormiga Vic continuó: -la primavera es muy linda, llena de colores todo a tu alrededor, llega el amor, una mezcla de aromas invaden tu corazón y cantas, danzas, saltas, corres y ¡sí! Las ganas de jugar son ¡muchas!
Rini muy entusiasmada la escuchaba con ansias y sus ojitos habían cambiado el brillo, su carita también, la angustia, culpa y tristeza desaparecían, la alegría, la pasión por descubrir esos momentos la animaba inmensamente.
Así comenzó una hermosa amistad entre Rini y Vic que desde ese día no dejaron de compartir charlas de diferentes temas, la experiencia que Vic tenía acerca de la vida en busca de la
felicidad de disfrute de los pequeños momentos de la vida llenaron los días en la vida de Rini. Y la historia de afectos entre ellas no tuvo fin.
Viviana Cristina Vèlez © todos los derechos reservados
EL MAR DE LOS SUEÑOS
Atardecer en el mar del sueño. Las nubes corrían sigilosas por el cielo, jugando a las escondidas con el viento. Las olas bailaban impetuosas para las estrellas que comenzaban a brillar como pequeños diamantes en un terciopelo teñido de bordó, rosa y turquesa. Poco a poco salía mirando expectante la Luna, aquella cuya blancura radiante ilumina con su candidez. Los peces saltaban libres en las aguas del mar de los sueños.
Fran, un pez pequeño muy particular, un soñador. Desde hace un tiempo comenzó a entrenarse en saltar cada vez más alto entre las olas por conseguir el logro de su gran sueño: despertar el interés, la mirada de la luna bella. Cada noche se esmeraba con profunda pasión y repetía convencido: -algún día, ella me verá desde allí arriba y me llamará por mi nombre ¡lo sé!
Sus amigos peces que lo acompañaban siempre se reían mucho de su insistente afirmación; pues sostenían que la luna jamás podría detener su mirada en un pequeño pez entre un gran cardumen y cientos de animales marinos que nadan por el mar.
Fran estaba tan enamorado de la luna que repetía cada noche, la misma rutina: saltaba entre las olas con ímpetu y desafiándose a sí mismo: -¡lo lograré! ¡La luna me observará con admiración! Y… ¡me llamará por mi nombre! ¡Así será! Reafirmaba su gran sueño, aquel que lo motivaba con pasión inagotable. Una noche, la luna llegó despacio hasta el centro del cielo y sonrió feliz, contemplando todo a su alrededor: las estrellas, nubes, barcos, gente, luces, faroles, golondrinas nocturnas, y animales del mar. De pronto llegó el cardumen dónde Fran era el pez que saltaba más alto entre el oleaje bravo que anticipaba una tormenta. El viento comenzó a soplar tan fuerte que corría las nubes. La luna se mostró preocupada, por tanto movimiento y algunos relámpagos que tronaban furiosos. Esta situación para Fran era más desafiante; y envistió con mayor esfuerzo sus saltos, sabía que esa era la noche dónde ocurriría algo importante. Fran, un pez color naranja que al entrenar durante el día se cargaba con la luz del sol sus escamas y al llegar la noche algo maravilloso se producía en él, luminiscencia. Esa noche tan rara, él se destacó en el mar oscuro, y en uno de los saltos, llamó la atención de la luna. La curiosidad por saber qué era esa pequeña línea naranja que se movía tan rápido en el mar; produjo que la luna comenzara a descender rápidamente. Se deslizaba a contra viento sin detenerse, a puro salto. Hasta que se encontró con la luna en el medio del mar, se detuvo admirado por su inmensa luz, sus ojitos quedaron maravillados.
La luna le preguntó: - buenas noches, ¿Cuál es tu nombre?
-Soy Fran, un pez soñador. Contestó entusiasmado
- Fran, ¡qué bien! Tienes sueños eso es divertido. Replicó la luna.
- Y ¡mucha pasión! Agregó Fran.
- Pasión. ¿Y para qué sirve la pasión?
- En el mar de los sueños, la pasión es el motor para lograrlos. Si deseo algo no me detengo. Contestó Fran airoso.
-Claro que ¡sí! El secreto está en ti. ¡No te detengas! Sigue creando nuevos sueños. Completó la luna. Así fue como desde aquella difícil e imprevista noche el gran sueño de Fran se cumplió. En el mar de los sueños se puede ver cómo cada noche los peces saltan felices entre las olas divertidas del mar. Y la luna contempla sonriente iluminando sus recorridos.
Sumérgete en él.
Viviana C. Vélez © todos los derechos reservados
LA ESTRELLA QUE SE REIA DE SI MISMA
Cierto día una estrella que brillaba intensamente en el cielo azul de una ciudad cualquiera, se descubrió en el reflejo del mar…
Cada noche como perfecta rutina, se contemplaba en el mar y orgullosa improvisaba muecas diferentes con su cara...-¡Jajajaja!...ahora ¡cara de enojada!....qué divertido!.. jejeje!...carita de asombro!....jijiji! ojitos chinos!...jojojo! cara de osoooo! Jujuju!...cara de susto!...y así cada noche creaba juegos y muchas risas con su reflejo en el gran mar…
Tanto se divertía y sus risas se dispersaban en el silencio de la noche…que al reír, destellos luminosos salían de sí y tanto resplandor continuo despertó la curiosidad de las demás estrellitas del lugar. Comenzaron a observarla con muchísima atención…
Decían:-¿Qué hace que despliega tanta alegría? ¿Cómo puede reír tanto estando sola? …
Todas pensaban y murmuraban… ¿Qué será que la divierte tanto…qué le provoca emoción y alegría? Sin embargo ninguna de las estrellas se atrevía a preguntarle. Sólo la miraban…e inevitablemente se contagiaban de sus risas, comenzaron a imitarla y disfrutaban la alegría…sonaban risas como ecos sin fin…
Fue así como cada noche en aquella ciudad cualquiera, con el mar de testigo; los peces también afectados por tantas risas y alegría desbordante…comenzaron a saltar para curiosear que sucedía allá arriba...en el cielo. Preguntaban:-¿de dónde vienen tantas risas? ¿Qué está pasando…? ¿Esta música es tarantela?…escuchen… Y sí efectivamente las risas eran tan armoniosas que sonaba a tarantela.
Jajajaja!-jejejeje!-jijijiji!-jojojojo!-jujujujuuuuu! Y así…causaba mucha emoción…alegría y ganas de danzar!...los peces, las estrellas de mar, los pulpos, las caracolas, y todos los seres que tenían vida , eran invadidos por esta melodía mágica de felicidad; saltaban y se balanceaban al ritmo musical…el impulso era tan fuerte que no tenía límites hasta el amanecer...Las noches habían cambiado en esa ciudad cualquiera…ya no eran las mismas.
La tarantela celestial de una estrella única y ocurrente transforma a cualquiera que visita esa ciudad. Tan sólo basta escuchar… que el cuerpo solito comienza ¡a danzar!...
Viviana Cristina Vélez © todos los derechos reservados
GRILLITOS ¡CRIC! ¡CRIC! ¡CRIC!
Llegaron tres grillitos saltando baldosas, esquivando zapatillas entre la gente, encontraron un lugar lleno de luces y colores, pisos brillantes y muchos sonidos: rueditas que van y vuelven, música, risas, conversaciones, Tip! Tip! Tip! Que se repiten, botellas que se chocan, bolsitas, ¡bidù! ¡Bidù! ¡si!... Alarmas y tantos olorcitos diferentes que se dispersan por todos los rincones de ese gran lugar de colores. Un mundo para elegir con qué divertirse.
-¡Qué lugar más bonito! ¡me encanta! Dijo Tami, uno de los grillitos con cara de admiración.
-Es un Supermercado, añadió Leny el grillo de mayor edad. – Aquí vamos a estar a resguardo del frio y la lluvia, y para comer nada nos faltará.
- Qué cálido lugar! Si! ¿Podemos quedarnos aquí para pasar la noche? ¿qué les parece? Preguntó Sele, el grillo menor.
Al unísono respondieron Tami Y Leny: -¡Si!
El plan era genial, hacía tanto frío allá afuera y ahí estaba tan perfecto. Pronto llegaría la noche
y ellos se deleitarían con su orquesta y la melodía nocturna se apoderaría del lugar.
Esa tarde los tres grillitos recorrieron todo el supermercado, las distintas y variadas góndolas,
esquivando carritos como también las pisadas de las personas y algunas cajas que de pronto
los repositores depositaban sin previo aviso en el suelo. Era para ellos una gran aventura de
saltos y risas.
Así transcurrieron las horas, poco a poco el lugar quedó con algunas personas, lo raro era que
las luces no empezaban a apagarse…y aunque los grillitos miraban por las puertas de entrada
y salida del supermercado verificando que la noche estaba en su plena luna, algo raro sucedía allí.
-Es que ¿no apagan las luces en este sitio? Replicó con algo de mal humor, Tami.
-Parece que ¡no! Fíjate como no se detienen las personas, trabajan mucho y llegan otras para seguir
acomodando mercadería, limpiar y ordenar todo aquí. Contestó Leny.
-Ay! Yo necesito la oscuridad para mi ¡cric! ¡Cric! ¡Cric! Para inspirarme. La melodía cricriana brota
en el silencio y la oscuridad, es la dulce compañía nocturna, mágica que logra milagros, pensamientos
y reflexiones.
-Y ¡a mí también! Replicó Sele.
Pero durante toda esa noche…las luces estuvieron prendidas hasta que nació el nuevo día,
y nuevamente la rutina del lugar prosiguió su camino.
Los tres grillitos saltaron, Jugaron, descubrieron nuevos rincones misteriosos, no se detuvieron
divirtiéndose a pesar de no encontrar la oscuridad que necesitaban para su ¡cric! ¡Cric!
La pasión por continuar a pesar de todo, provocó que sin darse cuenta comenzaran ¡a criquear!
Al unísono lo tres grillitos invadieron aquella mañana en el supermercado ante la sorpresiva actitud
de silencio y comentarios de la gente del lugar.
-¡qué extraño es esto! ¿Grillos cantando a pleno día? Se escuchaba que la gente decía.
-¡Qué melodía tan mágica! Exclamaban.
Sucedía que los grillitos acompañaban armoniosamente la música que allí sonaba.
Increíble pero hermosa.
¡Cric!… ¡cric!…¡cric!…no existen horarios. ¡Cric!…¡cric!…¡cric!… sin permiso, contra la rutina,
lo grandioso vive ¡Cric!…¡cric!…¡cric!…intensamente y se hace música. ¡Cric!… ¡cric!… ¡cric!…
Y esta es la historia de tres grillitos apasionados que en un supermercado marcaron un cambio.
Grillos de día, que ya no son marrones; si los descubres…tienen colores amarillo, naranja y en otra historia sabremos porqué.
¡Cric! ¡cric! ¡cric!
Viviana C. Vélez© todos los derechos reservados
EL GRAN CARACOL
En un jardín lleno de flores caminaba lentamente un Gran caracol orgulloso de su tamaño y experiencia en huir rápidamente de problemas. Los insectos del lugar lo saludaban con mucho respeto, reconocían su larga trayectoria en huidas y salvatajes de compañeros de aventuras.
Al saludarlo, siempre acompañaban con un gesto con la mano y el dedo pulgar hacia arriba, a él le gustaba mucho esa forma de saludar; asintiendo con sus antenas y una gran sonrisa respondía.
Se deslizaba por todo tipo de pasto, planta, piedritas o elementos que se le presentara en su camino. No existía nada camino que para él resultase difícil, le agradaban los desafíos.
Una tarde de esas en que el sol pincela el cielo con sus matices anaranjados y las nubes toman color rojizo, el gran caracol subía hacia la copa de un árbol entusiasmado por llegar a una cereza deliciosa que durante una semana avistó saboreándose y soñando con el momento de disfrutar de su exquisitez. Cuando le faltaba poco para llegar, llegó un pájaro carpintero. Con su pico filoso comenzó a golpetear el tronco del árbol y a moverlo muy fuerte; el Gran caracol de a momentos perdía el equilibrio, no lo tenía en sus planes. En un momento tan fuerte eran los golpecitos y continuos, que finalmente provocaron su caída. Crash!...pum pum pam!...ay! zas! Al suelo y dentro de su caparazón se resguardó, rápidamente se acercaron hormigas que desfilaban por allí, y una de ellas le preguntó.- ¡hola! ¿Te encuentras bien? ¿Necesitas ayuda? El Gran caracol despacio y dolorido se hamacó, logró darse vuelta, salir de su casita y responder:-¡hola! Si, algo de dolor, pero ¡bien! ¡Jajajajaja! ¡Qué magnifica caída! ¡Jajajajajaja! Y las hormigas que allí estaban contagiadas acompañaron su risa de tal forma que todos reían a carcajadas.
Las hormigas felices de conocer un nuevo y tan simpático amigo lo invitaron a comer la especialidad que la hormiga reina había preparado.
Una de ellas le dijo al gran caracol:-Ahora eres nuestro amigo e invitado.
Gran caracol respondió:-¡qué feliz que estoy! ¡Muchas gracias! Invitado ¿adónde? Y todas las hormigas al unísono respondieron:- a saborear ¡la gran torta de cerezas deliciosa! La cara de Gran caracol se transformó: sus antenas con ojitos felices brillaban, y su boca con sonrisa inmensa, dijo:-¡Cerezas! Mmmm….si! allá ¡vamos!
Y así todos juntos cantando una canción fueron al hormiguero con el tesoro dulce preferido de Gran Caracol.
Viviana Cristina Vèlez © todos los derechos reservados
-
Crónica institucional sobre un hallazgo bibliográfico y una jornada de encuentros en el CIIE de Morón, espacio de formación docente, interca...
-
Hay momentos en los que quienes escribimos descubrimos que las historias encuentran caminos propios. Caminos que trascienden las páginas ...
-
Ya podés escucharlas y compartir las múltiples pistas musicales que te presentan los personajes del mundo literario de mi autoría. Variedad...








