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lunes, diciembre 21

LUZ DE SOL, SUNSHINE

Aquella mujer, anciana de cabello largos y blancos, semblante dorado, ojos color miel, caminaba lentamente por la playa en un bellísimo atardecer de verano. Al  andar,  el viento suave flameaba su túnica amarilla acariciando su cuerpo.  Por un instante detuvo su marcha frente al mar, alzó su mirada al horizonte, en una suerte de complicidad con la bravura y serenidad del mar. Sus ojos eran olas de mar… Sus manos y brazos se extendieron hacia el cielo, con su mirada se encontró con el sol radiante y abrió aún más sus ojos. Inspiro profundamente, fijando su vista al inmenso horizonte pincelado de amarillos y naranjas, fusionados con celeste, azul y blanco del mar; bajo lentamente sus brazos y se sentó a la orilla de la playa, con sus piernas estiradas, que acariciaban  las pequeñas olas que iban y volvían como los tic-tac de un reloj, aquel que marca el sin fin de los tiempos de relax y reflexión, tiempos que la vida regala de múltiples modos.

Aquella anciana repetía suavemente: - Sunshine…Sunshine… 

Alimentaba su ser con la luz del sol, irradiaba brillo en sus ojos y todo su semblante resplandecía. Algo maravilloso sucedía…Caminaba, andaba y no lograba encontrar nada que se pudiera comparar a  ese resplandor mágico, restaurador y maravilloso que irradiaba en su ser. Me preguntaba ¿qué magia poseía? Pues era fascinante y hasta las puntas de sus cabellos irradiaba luminosidad. 

La ley del Sol sellada en las almas  que deciden poseer ese brillo, sin restricciones, en cualquier lugar, levantar el rostro y sentir su calor inmenso, ver con el corazón, el alma. El deseo es real cuando lo decides con ansias y firmeza. Toda realidad cambia desde ti, deléitate en él y algo increíble sucederá…


© Viviana Vélez  todos los derechos reservados







sábado, diciembre 19

ELENA LA CEBRA

Elena la cebra

se vistió de etiqueta

de blanco con rayas

Y muy perfumada.

 


Salió a trotar

Con elegante andar.

¿Adonde irá?

 

¿Será una fiesta?

¿Qué cosa buscará?

Y se fue lejos.

¿Cuándo volverá?

 

El atardecer llegó

y Elena regresó.

Con una flor en su oreja

y un sombrero en su cabeza.

 

La cebra Elena

mueve su melena

que brilla en la noche,

como destellos de estrellas.

 

Relinchos suaves 

se escuchan,

Y Elena responde,

con intensa ternura.

 

Septiembre es primavera.

Será que Elena

Tiene ¿un amor cebra ?

 Viviana Cristina Vélez © todos los derechos reservados

 

 

 


 

 

 

 

 

GRILLITOS ¡CRIC! ¡CRIC! ¡CRIC!






Llegaron tres grillitos saltando baldosas, esquivando zapatillas entre la gente, encontraron un lugar lleno de luces y colores, pisos brillantes y muchos sonidos: rueditas que van y vuelven, música, risas, conversaciones, Tip! Tip! Tip! Que se repiten, botellas que se chocan, bolsitas, ¡bidù! ¡Bidù! ¡si!... Alarmas  y tantos olorcitos diferentes que se dispersan por todos los rincones de ese gran lugar de colores. Un mundo para elegir con qué divertirse.
-¡Qué lugar más bonito! ¡me encanta! Dijo  Tami, uno de los grillitos con cara de admiración.
-Es un Supermercado, añadió  Leny  el grillo de mayor edad. – Aquí vamos a estar a resguardo del frio y la lluvia, y para comer nada nos faltará.
- Qué cálido lugar! Si! ¿Podemos quedarnos aquí para pasar la noche? ¿qué les parece? Preguntó Sele,  el grillo menor.
Al unísono respondieron Tami  Y  Leny: -¡Si! 
El plan era genial, hacía tanto frío allá afuera y ahí estaba tan perfecto. Pronto llegaría la noche
y ellos se deleitarían con su orquesta y la melodía nocturna se apoderaría del lugar.
Esa tarde los tres grillitos recorrieron todo el supermercado, las distintas y variadas góndolas,
esquivando carritos como también las pisadas de las personas y algunas cajas que de pronto
los repositores depositaban sin previo aviso en el suelo. Era para ellos una gran aventura de
saltos y risas.
Así transcurrieron las horas, poco a poco el lugar quedó con algunas personas, lo raro era que
las luces no empezaban a apagarse…y  aunque los grillitos miraban por las puertas de entrada
y salida del supermercado verificando que la noche estaba en su plena luna, algo raro sucedía allí.
-Es que ¿no apagan las luces en este sitio? Replicó con algo de mal humor, Tami.
-Parece que ¡no! Fíjate como no se detienen las personas, trabajan mucho y llegan otras para seguir
acomodando mercadería, limpiar y ordenar todo aquí. Contestó  Leny.
-Ay! Yo necesito la oscuridad para mi ¡cric! ¡Cric! ¡Cric! Para inspirarme. La melodía cricriana brota
en el silencio y la oscuridad, es la dulce compañía nocturna, mágica que logra milagros, pensamientos
y reflexiones.
-Y ¡a mí también! Replicó Sele.
Pero durante toda esa noche…las luces estuvieron prendidas hasta que nació el nuevo día,
y nuevamente la rutina del lugar prosiguió su camino.
Los tres grillitos saltaron,  Jugaron, descubrieron nuevos rincones misteriosos, no se detuvieron
divirtiéndose a pesar de no encontrar  la oscuridad que necesitaban para su ¡cric! ¡Cric!
La pasión por continuar a pesar de todo, provocó  que sin darse cuenta comenzaran ¡a criquear!
Al unísono lo tres grillitos invadieron aquella mañana en el supermercado ante la sorpresiva actitud
de silencio y comentarios de la gente del lugar.
-¡qué extraño es esto! ¿Grillos cantando a pleno  día?  Se escuchaba  que la gente decía.
-¡Qué melodía tan mágica! Exclamaban.
 Sucedía que los grillitos acompañaban armoniosamente la música que allí sonaba.
Increíble pero hermosa. 
¡Cric!… ¡cric!…¡cric!…no existen horarios. ¡Cric!…¡cric!…¡cric!… sin permiso, contra la rutina,
lo grandioso vive ¡Cric!…¡cric!…¡cric!…intensamente y se hace música. ¡Cric!… ¡cric!… ¡cric!…
Y esta es la historia de tres grillitos apasionados  que en un supermercado marcaron un cambio.
Grillos de día, que ya no son marrones; si los descubres…tienen colores amarillo, naranja y
en otra historia sabremos porqué.

¡Cric! ¡cric! ¡cric!

Viviana C. Vélez© todos los derechos reservados







EL GRAN CARACOL

En un jardín lleno de flores caminaba lentamente un Gran caracol orgulloso de su tamaño y  experiencia en huir rápidamente de problemas. Los insectos del lugar lo saludaban con mucho  respeto, reconocían su larga trayectoria en huidas y salvatajes de compañeros de aventuras.  

Al saludarlo, siempre acompañaban con un gesto con la mano y el dedo pulgar hacia arriba, a él le  gustaba mucho esa forma de saludar; asintiendo con sus antenas y una gran sonrisa respondía. 

Se deslizaba por todo tipo de pasto, planta, piedritas o elementos que se le presentara en su camino.  No existía nada camino que para él resultase difícil, le agradaban los desafíos. 

Una tarde de esas en que el sol pincela el cielo con sus matices anaranjados y las nubes toman  color rojizo, el gran caracol subía hacia la copa de un árbol entusiasmado por llegar a una cereza  deliciosa que durante una semana avistó saboreándose y soñando con el momento de disfrutar de  su exquisitez. Cuando le faltaba poco para llegar, llegó un pájaro carpintero. Con su pico filoso  comenzó a golpetear el tronco del árbol y a moverlo muy fuerte; el Gran caracol de a momentos  perdía el equilibrio, no lo tenía en sus planes. En un momento tan fuerte eran los golpecitos y  continuos, que finalmente provocaron su caída. Crash!...pum pum pam!...ay! zas! Al suelo y dentro  de su caparazón se resguardó, rápidamente se acercaron hormigas que desfilaban por allí, y una de  ellas le preguntó.- ¡hola! ¿Te encuentras bien? ¿Necesitas ayuda? El Gran caracol despacio y  dolorido se hamacó, logró darse vuelta, salir de su casita y responder:-¡hola! Si, algo de dolor, pero  ¡bien! ¡Jajajajaja! ¡Qué magnifica caída! ¡Jajajajajaja! Y las hormigas que allí estaban contagiadas  acompañaron su risa de tal forma que todos reían a carcajadas.  

Las hormigas felices de conocer un nuevo y tan simpático amigo lo invitaron a comer la especialidad  que la hormiga reina había preparado.  

Una de ellas le dijo al gran caracol:-Ahora eres nuestro amigo e invitado.  

Gran caracol respondió:-¡qué feliz que estoy! ¡Muchas gracias! Invitado ¿adónde? Y todas las hormigas al unísono respondieron:- a saborear ¡la gran torta de cerezas deliciosa! La cara de Gran caracol se transformó: sus antenas con ojitos felices brillaban, y su boca con  sonrisa inmensa, dijo:-¡Cerezas! Mmmm….si! allá ¡vamos! 

Y así todos juntos cantando una canción fueron al hormiguero con el tesoro dulce preferido de Gran  Caracol. 

Viviana Cristina Vèlez © todos los derechos reservados