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lunes, abril 21

Caricias naturales


No fue un impulso. Fue algo más profundo. Una necesidad silenciosa que me llevó a caminar hacia la esquina de la vereda, en mi casa de campo. No sabía bien qué buscaba, pero mis pasos sabían a dónde ir.

Allí estaba él. El espinillo. Firme, silencioso, con su verde amable extendido como una invitación. Me detuve justo debajo de su copa y levanté la mirada. Las ramas se abrían como brazos, y el sol, al colarse entre ellas, dibujaba estelas doradas que caían como caricias. Me dejé abrazar por esa luz tamizada, por ese susurro vegetal que parecía decirme que estaba bien detenerme, respirar, mirar.

Mientras contemplaba lo fascinante de su copa, comencé a escuchar el canto de pequeños pajaritos. Sonaban cerca, como si conversaran entre ellos… o quizás conmigo. Una brisa cálida empezó a rodearme, suave, envolvente. Era como si todo el paisaje hubiese acordado en silencio regalarme ese instante.

No pensé en nada más. Solo sentí. La sombra fresca, la tierra bajo mis pies, el perfume tenue que traía el viento, la música viva del árbol.

Allí, debajo del espinillo, sentí que todo estaba en su lugar. Y yo también.

Viviana Cristina Vélez © todos los derechos reservados







Hilos de cielo



A veces, el cielo se vuelve lienzo.
Y traza, con hilos blancos, caminos invisibles.
No son simples nubes…
Son susurros del universo,
mensajes que bajan sin hacer ruido
y nos acarician el alma sin que lo sepamos.

Dicen que cuando aparecen esas líneas delgadas,
alguien —muy lejos o muy cerca— te está pensando.
Que los hilos del cielo atan lo que el corazón no puede soltar.
O marcan la ruta cuando todo parece perdido.

Hay quienes las llaman estelas.
Otros, señales.
Para mí, son puentes.
Puentes de aire que nos recuerdan que todo cambia,
pero nada se pierde.

Si ves una, detenete.
Respirá.
Y preguntate qué te quiere decir el cielo hoy.

Viviana Cristina Vélez © todos los derechos reservados


viernes, marzo 21

Alejo el cangrejo

Alejo el cangrejo
es intrépido ,tierno
Toma sopa,
Y come fideos con queso.

Comprometido y solidario.
Le gusta el helado
de crema y bañado.

Maneja la tablet,
Navega por redes.
Estudia e investiga
Cuidando el ambiente.

Tiene su Facebook,
armó su Instagram.
Fomenta campañas
para preservar el mar.

Busca en Google
Lee e- ebooks.
Los  hábitos saludables
nos hacen amables.

Alejo reclama:
No arrojen residuos
Cuidemos nuestro hogar.

Recuerden: no contaminar.
Los ríos y lagos.
Nuestra tierra 
es nuestro hogar.

Si todos juntos,
unimos esfuerzos,
seguro tendremos 
un mundo mejor.

Seamos como Alejo
sin esquivar lo descartado.
Avancemos trabajando,
con el reciclado.

Reutilizar es la clave
Y nunca es tarde,
Separar plásticos, 
Vidrios, papeles,
cartón y metales.

Es una gran tarea,
hacerla rutina 
Y de premio tendrás
muchas sonrisas.

Alejo, te anima,
nunca desistas. 
Amar la tierra,
es amar la vida.

©Viviana C. Velez 
Todos los derechos reservados

sábado, noviembre 27

Tony un bichito audaz



Tony un bichito, de esos que son muy inquietos, saltones, pintorescos y provocadores. Un piojo rebelde y simpático; que disfruta escuchar conversaciones de todo tipo, siempre está muy atento, pues con volteretas circenses, salta de cabeza en cuerpos con cabellos, tanto de animales como humanos. Desde pequeño conoció distintos lugares y cuántos. Se mudó centenares de veces durante su pequeña vida, pues sólo con 3 añitos que para él representan más de lo que cualquiera de nosotros pudiera imaginar.
Tony siempre provocando molestia, pica que te pica cabecitas de niños de todas las edades, mamis, papis, tíos, abuelos y cuerpitos de perros, gatos, conejos, pollitos, palomas, loritos, hasta un día visitó a un gran oso,
pero esa es otra historia. Todo lo que se presentará con pelos era atrayente y muy tentador para Tony; cabellos rubios, canosos, pelirrojos o castaños, lacios o con rulos. Conocedor experimentado en saltos, descubría nuevos e interesantes lugares para vivir por un tiempo, piojito nómade. Cuando veía que se aproximaba la limpieza: champú, loción, spray y...peine fino. – ¡Ay! ¡Noooo! Porfis con el rastrillo ¡noooo!
Desalojo ¡no! El miedo se apoderaba de Tony y salía huyendo despavorido como un resorte.
El problema para Tony era el comienzo del invierno y pasar esos tiempos de tanto frío. Pues al llegar la noche si estaba en un animal y las uñas rascaban caía varias veces al piso helado y en la cabeza de algún niño, un peine o cepillo lo atrapaba y zas! Caía a cualquier sitio con agua, otra vez...el frío. Las rutinas son aburridas para Tony. Apasionado por los cambios rápidos, los imprevistos, las sorpresas que generan impulsos y
desafíos; crece, aprende a tomar decisiones a veces correctas otras desacertadas. Tony, el piojo audaz repite una frase que un algún día, escuchó del actor de una película: -“A veces se pierde para ganar y otras se gana
para perder” no se la olvidó nunca. En esa ocasión vivía en la cabeza medio calva de un abuelo aficionado al cine y al que le gustaba mucho escuchar y bailar el tango, aprendió muchos pasos y sacaba brillo a la parte
calva que hacía de pista, tiempos divertidísimos.
Ocurrió que en un verano de esos inolvidables por el calor bronceador del sol, en una playa llenísima de gente
de todos los tamaños, edades y colores; Tony saltaba de cabeza en cabeza pues sus patitas no soportaban las altas temperaturas. Por un instante... ¡ZAS! ¡ZAS! Cayó a la arena mojada. Justo escucha ¡Giiiiiiiiii! ¡Zas!
¡Pum! ¡Pam! Una gaviota despistada aterrizó.
-¡Ji, ji, ji! Sorry, perdono, perdón, digo ¡perdón! ¿Te lastimé pequeño? Dijo la gaviota políglota.
-Naaaa, para nada, ¡me asustaste! Y ¡cómo! Respondió Tony con carita de asombro.
-¡ja, ja, ja! No era mi intención. No te vi. ¡Ja, ja, ja, ja! Agregó la gaviota alegremente, aleteando para secar
sus alas, sacudiendo agua salada.
-¡Ey! Seré chiquito pero soy un ¡Piojo! Replicó Tony muy orgulloso.
-Un piojo ¿qué haces? Preguntó curiosa la gaviota.
-Soy un insecto, parásito, sin alas y mi especie es grande somos como 3.250 familias. Dijo Tony.
-¿Parásito? ¿Qué significa? Agregó la gaviota interesada en una palabra nueva.
-Eh jemm! Vivo picando y me alimento de la sangre de animalitos y humanos, como los mosquitos, pero me
quedo instalado en un lugar velludo o con plumas, hasta que... ¡chau! Me desalojan. Explicó Tony.
-¡Uy! Entonces, creo que se me hace ¡tarde! ¡Bye, bye! ¡Ciao! ¡Freilos! ¡au revoir! ¡Chaucitooo! contestó la gaviota muy nerviosa.
-¡ja, ja, ja! ¡Espera! no te vayas, que no te voy a hacer nada. Viste soy chiquito, pero peligroso ¡Jajajajajaja!
Agregó desafiante Tony.
-Yo soy más grande, no te tengo miedo, ¡Ji, ji. Ji, ji! Refutó la gaviota con actitud burlesca, mientras elevaba
sus alas.
-Dime ¿Cómo te llamas? ¿Adónde vas? Preguntó intrigado el piojo Tony.
-Soy Dana, una gaviota aventurera, amo volar, viajar, ser libre. Me voy a una fiesta en otra playa.
-¡Uy! ¡Qué lindoooo!...fiesta, luces, música, gente bailando, cabellos al viento... ¡me gusta!
¿Puedo ir con vos? Preguntó ansioso con ojitos brillantes Tony.
-¡Dale! Subí, pero... ¡ojito con picarme! ¡Vamos! Afirmó Dana y así emprendió un nuevo vuelo, esta vez
compartido.
Esa tarde Dana y Tony volaron por el mar y juntos disfrutaron la fiesta nocturna en la playa. 
La música motivaba el gran vuelo de Dana con giros elocuentes y mágicos. Tony frenético, entusiasmado por esa
fascinante noche, saltaba de cabeza en cabeza al ritmo musical.
Había comenzado una gran amistad. Llegaba el amanecer y estaban muy cansados, Dana y Tony encontraron la copa de una gran palmera para descansar.
Al día siguiente los rayos del sol despertaron a la gaviota Dana y al piojo Tony.
-Dana ¿podemos ser amigos? Y ¿viajar por siempre juntos? Preguntó el piojo entusiasmado.
-¡Sí! Claro, si ya somos amigos. Te cuento que vivo viajando de norte a sur, de sur a norte. Siempre en busca de recibir el verano. No me gusta el invierno. ¿A vos? Contestó Dana.
-¡Oh! Si, a mí también. Adoro el calorcito, volar, nuevos horizontes, conocer amigos, los desafíos y divertirme con todo lo que la vida regala. Respondió muy seguro Tony.
Así fue como un pequeño piojo audaz y Dana una gaviota soñadora emprendieron nuevas e inolvidables aventuras por los cielos y mares de las playas del mundo.

Viviana Cristina Vélez © todos los derechos reservados




martes, noviembre 9

Feliz Luna

La luna contenta 
Cuenta las estrellas
Titilan y brillan 
Y llega a treinta.
 
Sigue atenta 
Cuenta que cuenta
Pero una gaviota 
Vuela alto y aletea.
 
Casi pierde la cuenta
Cuando llega a noventa.
Mira hacia el mar 
y detiene su contar.
 
Adela la ballena, 
En el agua se balancea,
Salpica a la luna, 
que la saluda atenta. 

¿Qué haces? Luna
¿Estás aburrida? 

Le pregunta Adela 
Cuento estrellas, 
Y voy por setecientas!
Contesta la Luna.
 
Son infinitas, 
le dice Adela. 
Difícil que tengas 
Un resultado a tu cuenta.
 
La Luna asombrada
se pone colorada, 
se ríe de pronto, 
y lo ilumina todo. 

Desde la tierra
admiran
a esta luna linda, 
blanca, redonda, 
que enamora.
 
©Viviana C. Vélez

Y también para disfrutarla en video, por mi canal de YouTube.





miércoles, diciembre 23

Colibríes mágicos



Colibríes mágicos revolotean en tu mente: brillos, colores, matices que se entienden

Dibujan ensueño, ideas, desvelos. Crean espacios, escenarios, territorios, son conquistas nuevas.

Alas  que se agitan  y constantes  desconocen pérdidas, tienen visión infinita con múltiples propósitos inquietos, locuaces y alegres.

Avanzan bajo el brillante y espléndido sol, abrazo arcoíris e índigo cielo, pincelado naranja, irradiando unión; rosado con toques de perdón y lejos asoma llegando la luna derramando pasión.


Viviana Cristina Vélez © todos los derechos reservados


sábado, diciembre 19

VERDE HISTORIA

 

UNA RANA SALTABA

DE UNA A OTRA RAMA

SUS HUELLAS DEJABA

PATAS Y PATITAS

A PURA RISITAS.

 

UN SAPO LOCO

MIRABA UN COCO

QUE MUY RÁPIDO CAÍA

SOBRE LA POBRE RANITA.

 

CAYÓ EN LA RAMA,

DESPUES A LAS  HUELLAS,

SIGUIÓ A LA RANA

Y LE DIO EN LA CABEZA!

ZA, ZA, ZA, ZAS!

 

EL SAPO ASUSTADO

SALTÓ DE INMEDIATO

SOCORRIÓ A LA RANITA

PUES QUEDÓ PLANCHADITA.

 

LE MOJÓ LA CARA

CON SU LENGUA LARGA,

RANITA DESPERTÓ

Y A CROAR COMENZÒ.

 

ESTA FUE LA HISTORIA

QUE MAMÁ ME CONTÓ

UN DIA DE CAMPO

A PLENO SOL.

Viviana Cristina Vèlez © todos los derechos reservados


ELENA LA CEBRA

Elena la cebra

se vistió de etiqueta

de blanco con rayas

Y muy perfumada.

 


Salió a trotar

Con elegante andar.

¿Adonde irá?

 

¿Será una fiesta?

¿Qué cosa buscará?

Y se fue lejos.

¿Cuándo volverá?

 

El atardecer llegó

y Elena regresó.

Con una flor en su oreja

y un sombrero en su cabeza.

 

La cebra Elena

mueve su melena

que brilla en la noche,

como destellos de estrellas.

 

Relinchos suaves 

se escuchan,

Y Elena responde,

con intensa ternura.

 

Septiembre es primavera.

Será que Elena

Tiene ¿un amor cebra ?

 Viviana Cristina Vélez © todos los derechos reservados

 

 

 


 

 

 

 

 

RINI Y VIC UNA HISTORIA SIN FIN

Era verano en la ciudad del sol, una hormiga colorada llamada Rini que al igual que todas las  hormigas hacen, caminaba lenta detrás de otra llevando hojas, migas de pan y galletitas hacia  su hormiguero. Como siempre un desfile de gotitas oscuras que van en una misma dirección. Cada día de calor y humedad las hormigas recolectaban y almacenaban comida para el  invierno. 

Pero también disponían tiempo para distraerse detrás de un picaflor colorido o mariposa traviesa que invitaban a correr y jugar. Los días de lluvia también encontraban motivos para la  diversión iban a chapotear en los charquitos y saludar a los caracolitos del lugar,  intercambiando historias para reír y aprender nuevas cosas. 

Cuando veían que un humano arrojaba al piso resto de caramelo o chicle, corrían compitiendo  a ver cuál llegaba más rápido, o quién en el afán por ganar caía en la trampa melosa de un  chicle muy masticado. El entusiasmo y el disfrute de esos pequeños momentos eran  inolvidables. 




La única que no se involucraba en la diversión era Rini, que con un ¡No puedo! tengo mi  responsabilidad contestaba cada vez que algunas de sus compañeras la invitaba a jugar. Rini se preocupaba mucho por tener más de lo necesario para pasar el invierno, tenía poca  edad y sus padres le recomendaron que siempre sea responsable. En realidad sería su primera experiencia, pero no quería afrontar sorpresas desagradables de quedarse sin alimento.  Rini no se detenía un momento, pero si observaba cómo disfrutaban del juego sus compañeras  y hasta sentía ganas de hacer lo mismo, pero no se lo permitía, pues se repetía a sí misma: -- soy responsable de mi alimento. 

Así los días de aquel verano y otoño pasaron…Y llegaba el invierno. Aquel hormiguero estaba  completo y muy abastecido de alimento. Rini se sentía orgullosa y satisfecha al igual que todas  las demás. Comía y comía y escuchaba las bellas y divertidas historias de las aventuras vividas  en el verano y otoño de sus compañeras del hormiguero, quienes se reían muchísimo sin  parar. 

Pero Rini no tenía nada que contar, pues no había jugado en ninguna oportunidad, ella  pensaba y pensaba, se decía: - ¡qué aburrida estoy! Tengo más de lo necesario, y me siento  vacía… 

Una hormiga llamada Vic que la observaba detenidamente reparó en sus ojitos brillantes y su  carita cabizbaja mirándose sus patitas; se acercó a Rini lentamente y le dijo: - No estés triste,  piensa mejor en todo lo que vas a disfrutar cuando llegue la primavera. Rini levantó su cabeza  

y la miró a los ojos con asombro. La hormiga Vic continuó: -la primavera es muy linda, llena de  colores todo a tu alrededor, llega el amor, una mezcla de aromas invaden tu corazón y cantas,  danzas, saltas, corres y ¡sí! Las ganas de jugar son ¡muchas!  

Rini muy entusiasmada la escuchaba con ansias y sus ojitos habían cambiado el brillo, su carita  también, la angustia, culpa y tristeza desaparecían, la alegría, la pasión por descubrir esos  momentos la animaba inmensamente. 

Así comenzó una hermosa amistad entre Rini y Vic que desde ese día no dejaron de compartir  charlas de diferentes temas, la experiencia que Vic tenía acerca de la vida en busca de la 

felicidad de disfrute de los pequeños momentos de la vida llenaron los días en la vida de Rini. Y  la historia de afectos entre ellas no tuvo fin.  


Viviana Cristina Vèlez © todos los derechos reservados


GRILLITOS ¡CRIC! ¡CRIC! ¡CRIC!






Llegaron tres grillitos saltando baldosas, esquivando zapatillas entre la gente, encontraron un lugar lleno de luces y colores, pisos brillantes y muchos sonidos: rueditas que van y vuelven, música, risas, conversaciones, Tip! Tip! Tip! Que se repiten, botellas que se chocan, bolsitas, ¡bidù! ¡Bidù! ¡si!... Alarmas  y tantos olorcitos diferentes que se dispersan por todos los rincones de ese gran lugar de colores. Un mundo para elegir con qué divertirse.
-¡Qué lugar más bonito! ¡me encanta! Dijo  Tami, uno de los grillitos con cara de admiración.
-Es un Supermercado, añadió  Leny  el grillo de mayor edad. – Aquí vamos a estar a resguardo del frio y la lluvia, y para comer nada nos faltará.
- Qué cálido lugar! Si! ¿Podemos quedarnos aquí para pasar la noche? ¿qué les parece? Preguntó Sele,  el grillo menor.
Al unísono respondieron Tami  Y  Leny: -¡Si! 
El plan era genial, hacía tanto frío allá afuera y ahí estaba tan perfecto. Pronto llegaría la noche
y ellos se deleitarían con su orquesta y la melodía nocturna se apoderaría del lugar.
Esa tarde los tres grillitos recorrieron todo el supermercado, las distintas y variadas góndolas,
esquivando carritos como también las pisadas de las personas y algunas cajas que de pronto
los repositores depositaban sin previo aviso en el suelo. Era para ellos una gran aventura de
saltos y risas.
Así transcurrieron las horas, poco a poco el lugar quedó con algunas personas, lo raro era que
las luces no empezaban a apagarse…y  aunque los grillitos miraban por las puertas de entrada
y salida del supermercado verificando que la noche estaba en su plena luna, algo raro sucedía allí.
-Es que ¿no apagan las luces en este sitio? Replicó con algo de mal humor, Tami.
-Parece que ¡no! Fíjate como no se detienen las personas, trabajan mucho y llegan otras para seguir
acomodando mercadería, limpiar y ordenar todo aquí. Contestó  Leny.
-Ay! Yo necesito la oscuridad para mi ¡cric! ¡Cric! ¡Cric! Para inspirarme. La melodía cricriana brota
en el silencio y la oscuridad, es la dulce compañía nocturna, mágica que logra milagros, pensamientos
y reflexiones.
-Y ¡a mí también! Replicó Sele.
Pero durante toda esa noche…las luces estuvieron prendidas hasta que nació el nuevo día,
y nuevamente la rutina del lugar prosiguió su camino.
Los tres grillitos saltaron,  Jugaron, descubrieron nuevos rincones misteriosos, no se detuvieron
divirtiéndose a pesar de no encontrar  la oscuridad que necesitaban para su ¡cric! ¡Cric!
La pasión por continuar a pesar de todo, provocó  que sin darse cuenta comenzaran ¡a criquear!
Al unísono lo tres grillitos invadieron aquella mañana en el supermercado ante la sorpresiva actitud
de silencio y comentarios de la gente del lugar.
-¡qué extraño es esto! ¿Grillos cantando a pleno  día?  Se escuchaba  que la gente decía.
-¡Qué melodía tan mágica! Exclamaban.
 Sucedía que los grillitos acompañaban armoniosamente la música que allí sonaba.
Increíble pero hermosa. 
¡Cric!… ¡cric!…¡cric!…no existen horarios. ¡Cric!…¡cric!…¡cric!… sin permiso, contra la rutina,
lo grandioso vive ¡Cric!…¡cric!…¡cric!…intensamente y se hace música. ¡Cric!… ¡cric!… ¡cric!…
Y esta es la historia de tres grillitos apasionados  que en un supermercado marcaron un cambio.
Grillos de día, que ya no son marrones; si los descubres…tienen colores amarillo, naranja y
en otra historia sabremos porqué.

¡Cric! ¡cric! ¡cric!

Viviana C. Vélez© todos los derechos reservados







EL GRAN CARACOL

En un jardín lleno de flores caminaba lentamente un Gran caracol orgulloso de su tamaño y  experiencia en huir rápidamente de problemas. Los insectos del lugar lo saludaban con mucho  respeto, reconocían su larga trayectoria en huidas y salvatajes de compañeros de aventuras.  

Al saludarlo, siempre acompañaban con un gesto con la mano y el dedo pulgar hacia arriba, a él le  gustaba mucho esa forma de saludar; asintiendo con sus antenas y una gran sonrisa respondía. 

Se deslizaba por todo tipo de pasto, planta, piedritas o elementos que se le presentara en su camino.  No existía nada camino que para él resultase difícil, le agradaban los desafíos. 

Una tarde de esas en que el sol pincela el cielo con sus matices anaranjados y las nubes toman  color rojizo, el gran caracol subía hacia la copa de un árbol entusiasmado por llegar a una cereza  deliciosa que durante una semana avistó saboreándose y soñando con el momento de disfrutar de  su exquisitez. Cuando le faltaba poco para llegar, llegó un pájaro carpintero. Con su pico filoso  comenzó a golpetear el tronco del árbol y a moverlo muy fuerte; el Gran caracol de a momentos  perdía el equilibrio, no lo tenía en sus planes. En un momento tan fuerte eran los golpecitos y  continuos, que finalmente provocaron su caída. Crash!...pum pum pam!...ay! zas! Al suelo y dentro  de su caparazón se resguardó, rápidamente se acercaron hormigas que desfilaban por allí, y una de  ellas le preguntó.- ¡hola! ¿Te encuentras bien? ¿Necesitas ayuda? El Gran caracol despacio y  dolorido se hamacó, logró darse vuelta, salir de su casita y responder:-¡hola! Si, algo de dolor, pero  ¡bien! ¡Jajajajaja! ¡Qué magnifica caída! ¡Jajajajajaja! Y las hormigas que allí estaban contagiadas  acompañaron su risa de tal forma que todos reían a carcajadas.  

Las hormigas felices de conocer un nuevo y tan simpático amigo lo invitaron a comer la especialidad  que la hormiga reina había preparado.  

Una de ellas le dijo al gran caracol:-Ahora eres nuestro amigo e invitado.  

Gran caracol respondió:-¡qué feliz que estoy! ¡Muchas gracias! Invitado ¿adónde? Y todas las hormigas al unísono respondieron:- a saborear ¡la gran torta de cerezas deliciosa! La cara de Gran caracol se transformó: sus antenas con ojitos felices brillaban, y su boca con  sonrisa inmensa, dijo:-¡Cerezas! Mmmm….si! allá ¡vamos! 

Y así todos juntos cantando una canción fueron al hormiguero con el tesoro dulce preferido de Gran  Caracol. 

Viviana Cristina Vèlez © todos los derechos reservados





OSCUROLANDIA

Hace mucho tiempo existía un lugar llamado Oscurolandia, donde las nubes grises cubrían el cielo todo el día y no permitían que los rayos del sol pudieran dar calor a los habitantes que allí vivían. Al no tener los rayos de energía solar provocaba tristeza, desazón y mal humor…siempre estaban muy cansados, aburridos, melancólicos y sin ganas de hablar, tan sólo escribían para desahogar sus innumerables penas. El color blanco, negro y gris invadía cada lugar. 

Un día, desde otro país lejano llegó un ave rara de color, distinta a todas las que allí se veían blancas, grises, negras y ésta era verde, traía una bolsita rojo suave con forma de corazón en su pico largo de color rosa. Sobrevoló de un lado a otro sin detener su vuelo. 


Los habitantes asombrados por los colores, quedaban como estatuas admirando ese movimiento de colores. El ave desplegaba sus alas, jugando entre las nubes…cuando inesperadamente emprendió el descenso hacia donde estaban los espectadores: ancianos, adultos, jóvenes y niños. 

La multitud se dispersó rápidamente en forma de ronda y el ave se posó casi en el centro de ese círculo imaginario, desde allí observaba a cada persona, iba girando lentamente. El silencio se apoderó del momento, aunque nadie sentía temor sólo admiraban con intriga al ave verde con pico rosa y una bolsa con forma de corazón. Todos se preguntaban -¿qué tendrá en esa bolsa? ¿Para qué la trae? ¿Por qué llegó hasta aquí? ¿De dónde vendrá? Y así se escuchaban susurros intrigantes. 

El ave levantó sus alas, y depositó la bolsa con forma de corazón y allí se quedó. Lentamente comenzaron a acercarse los habitantes de Oscurolandia sin temor, fascinados…sus caras mágicamente transformadas…las sonrisas se dibujaban en sus rostros, un brillo especial iluminaba las miradas, y una necesidad incontrolable de abrazar se apoderó de todos los habitantes del lugar, primero a la gran ave y luego entre ellos. Poco a poco la tristeza, el mal humor, la angustia se esfumaron de esos rostros; las mejillas comenzaron a tomar color rosado y los ojos se pintaron de diversos colores. Sólo se escuchaban risas y palabras como Perdón, te quiero, te necesito, gracias, puedes contar conmigo, estoy junto a ti y muchas más de afecto.



Nadie sabía qué contenía la bolsa con forma de corazón color rojo suave que en el transcurso del tiempo que pasaba iba cambiando a un rojo cada vez más intenso y su tamaño crecía más y más. 

Durante toda esa tarde las expresiones de ternura y cariño colmaron las vidas de abuelos, abuelas, madres, padres, tíos, tías, hijos, hijas, sobrinos y muchos más…los lazos de amistad, contención y afecto. Al llegar la noche, las nubes se fueron como siempre ocurría y la luna iluminaba de blanco todo. 

El ave levantó la bolsa con su pico, le costó trabajo, pues tenía mayor tamaño. Y aleteando sus grandes alas emprendió vuelo hacia el cielo, hasta perderse de la vista de los habitantes de Oscurolandia que exhaustos por todo lo acontecido en ese día tan distinto y sorpresivo; emprendieron regreso a sus casas. 

La noche durmió su gran sueño…y al despertar un nuevo día…nuevamente el gran ave verde sobrevolaba la ciudad, rápidamente los habitantes que la veían avisaban a otros para admirarla con gran expectativa. Se preguntaban ¿qué sucederá de extraordinario hoy? Todas las miradas estaban en el ave verde. Sucedió que con la bolsa corazón comenzó a tocar suavemente cada nube que cruzaba durante su vuelo y algo asombroso se producía: la nube se esfumaba, desapareció…mágicamente. Una nube...dos...tres...cuatro…cinco…seis…siete…y asì todas las que opacaban el brillo y calor del gran sol amarillo. Y se vislumbró un inmenso Arco Iris que abrazaba todo el territorio del pueblo de Oscurolandia. Nacía de la bolsa roja con forma de corazón… Los colores invadían pincelando cada espacio asombrosamente, a la vista de todos los habitantes que asombrados de tanta maravilla, quedaban expectantes sólo se escuchaban exclamaciones: -¡Asombroso! ¡Divino! ¡Milagro! ¡Son colores! Y acompañaban con sonrisas, carcajadas, lágrimas, aplausos, abrazos, besos, rondas, saltos, brazos extendidos al cielo, manos entrelazadas, la felicidad y la alegría eran protagonistas del suceso. 

La bolsa con forma de corazón había aumentado de tamaño de forma extraordinaria que causó interrogantes en algunos habitantes que alertaron rápidamente a todos allí presentes.

El ave se acercó a la misma muy despacio, observando a todos que la rodeaban, ya no era una simple bolsa roja con forma de corazón, había tomado gran tamaño como el de un árbol de limones y de la altura de aquella ave. 

Lentamente el ave se acercó y con su pico tocó ese gran corazón…y miles de burbujas rojas se expandieron por todos lados y estallaban al rozar a cada persona e inmediatamente la felicidad invadía a cada ser. La alegría floreció y llenó de colores todo alrededor. 

Aquella ave observó nuevamente hacia todas las direcciones, levantó su pico al cielo, extendió sus alas y emprendió un magnífico vuelo… hacia el sol, llevándose las miradas de toda la multitud y siguió su vuelo…lejos…más lejos. 

Desde ese día todos los habitantes del lugar descubrieron la belleza mágica de la vida, aquella luz que ilumina el sentido del ser… que está en el dar sin medidas…¡sorprendentemente! 

Viviana C.Velez © todos los derechos reservados



LALIS, UNA LAGARTIJA SIN IGUAL

 

En una esquina peligrosa de Avenida Guido, vive una lagartija muy hábil y rápida, tiene su guarida en una alcantarilla que justo en la entrada tiene dos plantitas. Cuando alguien sea humano o animal pasa por allí, saben ciertamente que vive Lalis la lagartija más experimentada en velocidad de zona oeste, de una ciudad llamada Castelar donde se corren las carreras más famosas de lagartija y dónde el peligro automovilístico es mayor a lo conocido. 


Las calles están plenamente invadidas con automóviles de todos los tamaños y colores que confunden a las lagartijas que se desplazan con astucia y habilidad a toda hora esquivando peligros.Todos los sábados por la noche, al encenderse las lámparas y faroles de avenida Guido, acuden grupos de lagartijas a la plaza del lugar, llamada “Plaza del Puente” justo en el lugar ubicado entre la cancha de futbol y los aparatos de gym; allídónde un camino delimitado de cemento negro hace de pista de carrera para las lagartijas corredoras. 


En una de esas noches donde el rocío comienza tempranito a pintar con pequeñas gotitas todo. Estaban todos los animales, perros, gatos, pájaros, roedores e insectos del lugar, convocados para una de las carreras del día, para alentar a sus favoritas. 

Lalis se llevaba siempre todos los aplausos, pues era la ganadora invicta desde hacía más de tres años., según dicen: “corre siempre para alcanzar su meta, su sueño”; pareciera que tuviera efecto nitro pues redobla sus fuerzas para llegar exitosa y ser aclamada por sus fans, con mucho orgullo y

algo de altanería, pues de cierta manera se creía superior a sus compañeras. Algo ocurrió esa noche de carrera. Se alinearon, como siempre cinco lagartijas, entre ellas Lalis. A la voz de largada todas salieron velozmente disparadas con la adrenalina verde. 


Pasó cierto tiempo y cada una fue tomando un lugar de orden, como siempre ocurría Lalis a la cabeza en el primer puesto. Muy orgullosa cuando por un momento giró su cabeza hacia atrás, ella quería ver quién la estaría por alcanzar…Ahhh!...¡ops! ¡ay! ¡Ay!¡ay!¡ay!¡ay! pum…pum! Chas!...al piso rodando como una pelotita de tenis, afuera de la pista fue a parar Lalis, tropezó con sus mismas patitas. 

Casi todos los presentes se acercaron a Lalis, para saber si estaba lastimada, si se encontraba bien. Lalis muy decepcionada sólo decía:-Tranquilos amigos estoy bien, sólo triste por perder. Se incorporó con su cabeza inclinada y sus ojitos brillantes de angustia y vergüenza, camino hacia un costado de la pista y allí se quedó. La carrera prosiguió y llegaron el 1er. 2do 3er. Y 4to.puesto con sus premios ramos de yuyitos, menta y romero. Y una nuez caramelizada para la ganadora con su medalla respectiva. 

La lagartija Peris quién era amiga de Lalis, ella al recibir sus premios quiso que Lalis se los entregara; así que la llamaron coreando su nombre:-¡Lalis!, Lalis, Lalis! Y dejando la tristeza y la frustración por lo ocurrido en el piso, se levantó y corrió feliz acudiendo al llamado junto a su amiga Peris. Le dijo:-¡Aquí estoy! Y ¡estoy feliz! de estar a tu lado, en este bello momento. Peris muy contenta con su actitud le contestó:-Yo también al ver que le diste más importancia a la amistad que a lo que te ocurrió a ti. ¡Eres mi favorita! ¡Qué honor que seas quién me da el premio! Lalis respondió muy asombrada:- ¡festejemos! ¡Sí! ¡Arriba campeona! 

Y así fue como desde esa noche Lalis perdió su orgullo y aprendió a compartir los logros. Avenida Guido lugar de lagartijas corredoras, veloces y muy amigas. 

Viviana C. Vèlez © todos los derechos reservados