martes, abril 22

En la EPN°21 Morón

Hoy estuve en la Escuela Primaria N°21  de Morón junto a la Secretaria Patricia, la Bibliotecaria Teresa y Bibiana integrante del EOE. Conversamos sobre la importancia de la literatura de autoria zonal y próximamente la 1era Jornada de Bibliotecas Escolares Abiertas se viene...Allí estaré con mis cuentos compartiendo a los niños, niñas, familias y docentes. Lecturas para Descubrir.

lunes, abril 21

Urra, la paloma sabia

En una estación de servicio del conurbano, donde el asfalto arde y el combustible no descansa, algo insólito empezaba a suceder cuando el cielo se despejaba.

Primero, una. Después, otra. Y otra más. Hasta que fueron nueve.

Ocho palomas grises, con pecheras rosa fucsia que brillaban como si llevaran joyas. Y una blanca. Solo una. De plumaje limpio como tiza nueva. Ella no era la más grande, ni la más rápida, pero todos sabían: ella iniciaba el juego.

Saltaban desde el piso caliente, remontaban vuelo, planeaban en círculos y caían, una por una, en los techos de la estación. No en cualquier parte. No al azar. Se alineaban. Y cada vez que el orden era alterado, la blanca se movía.

Siempre al centro. Siempre la novena. Si una se distraía, si otra se adelantaba, la blanca corregía. No con gritos ni picotazos. Con presencia. Con persistencia. Era ella quien daba la señal: un giro del ala, un sacudón de plumas, y todas volvían a despegar. El juego se repetía. De techo a techo. De cartel a surtidor. Hasta aterrizar, sincronizadas, en un grueso cable de teléfono que colgaba como cuerda floja entre postes dormidos.

Y ahí, como si jugaran al viejo juego de la silla, se acomodaban. Pero sólo cuando la blanca quedaba en el centro, el vuelo se detenía. 

La gente miraba. Se detenía. Fotografiaba. Algo había en ese ritual que no se podía ignorar. Una mujer murmuró: “parecen contar...” Un niño dijo: “¡son nueve!” Un señor afirmó: “la blanca los ordena.”

Y así, día tras día, como si supiera de ritmos, de posiciones y de tiempo, la paloma blanca marcaba un mensaje que nadie terminaba de entender, pero todos sentían. Tal vez enseñaba que todo grupo necesita un centro. Que sin armonía no hay vuelo. O tal vez solo jugaba. Jugaba con la gravedad, con las miradas, con los números invisibles del aire.

Viviana Cristina Vélez © todos los derechos reservados













Caricias naturales


No fue un impulso. Fue algo más profundo. Una necesidad silenciosa que me llevó a caminar hacia la esquina de la vereda, en mi casa de campo. No sabía bien qué buscaba, pero mis pasos sabían a dónde ir.

Allí estaba él. El espinillo. Firme, silencioso, con su verde amable extendido como una invitación. Me detuve justo debajo de su copa y levanté la mirada. Las ramas se abrían como brazos, y el sol, al colarse entre ellas, dibujaba estelas doradas que caían como caricias. Me dejé abrazar por esa luz tamizada, por ese susurro vegetal que parecía decirme que estaba bien detenerme, respirar, mirar.

Mientras contemplaba lo fascinante de su copa, comencé a escuchar el canto de pequeños pajaritos. Sonaban cerca, como si conversaran entre ellos… o quizás conmigo. Una brisa cálida empezó a rodearme, suave, envolvente. Era como si todo el paisaje hubiese acordado en silencio regalarme ese instante.

No pensé en nada más. Solo sentí. La sombra fresca, la tierra bajo mis pies, el perfume tenue que traía el viento, la música viva del árbol.

Allí, debajo del espinillo, sentí que todo estaba en su lugar. Y yo también.

Viviana Cristina Vélez © todos los derechos reservados







Hilos de cielo



A veces, el cielo se vuelve lienzo.
Y traza, con hilos blancos, caminos invisibles.
No son simples nubes…
Son susurros del universo,
mensajes que bajan sin hacer ruido
y nos acarician el alma sin que lo sepamos.

Dicen que cuando aparecen esas líneas delgadas,
alguien —muy lejos o muy cerca— te está pensando.
Que los hilos del cielo atan lo que el corazón no puede soltar.
O marcan la ruta cuando todo parece perdido.

Hay quienes las llaman estelas.
Otros, señales.
Para mí, son puentes.
Puentes de aire que nos recuerdan que todo cambia,
pero nada se pierde.

Si ves una, detenete.
Respirá.
Y preguntate qué te quiere decir el cielo hoy.

Viviana Cristina Vélez © todos los derechos reservados


lunes, abril 14

Tigrecitos

 Treparon los tigres intrépidos y astutos a los árboles.
 Tremenda audacia los Tigres lograron.
 Trece tigres corrían al campo pero tres quedaron atrapados en el arbolado,
 comian del trébol, sus hojas carnosas y tiernas. 
Ahora dime ¿cuántos tigres se fueron?
 y ¿cuántos quedaron?
Trémula cuenta de tigres realiza para destrabar la duda tigresa.

Viviana Cristina Vélez © todos los derechos reservados